Las nuevas formas de relación social producto de la revolución en las tecnologías de información y comunicación, potenciadas por el confinamiento derivado de la pandemia del Corona Virus, inducen a una vertiginosa inmersión en la sociedad digital (2). Proceso disruptivo que ha llegado para quedarse, no diseñado ni programado, que cambia profundamente nuestra forma de ser, estar y vivir en el mundo, constituyendo un desafío de adaptabilidad con implicancias tecnológicas, sociales, culturales, económicas, intergeneracionales, entre otras. El proceso presenta luces y sombras, oportunidades y riesgos: ¿Qué porcentaje de la población está marginada de este proceso, por no disponer de infraestructura, equipamiento, Know How, competencia y/o habilidades? ¿Cuántos países han implementado políticas públicas para favorecer la adaptabilidad a la Sociedad Digital? ¿Qué instituciones están involucrados en este proceso?

El lenguaje sigue siendo una potente forma de construir la realidad. Con las nuevas tecnologías emerge un metalenguaje digital que tiene una portentosa capacidad de expansión, de viralización global, viajando a la velocidad de la luz, lo que impacta en la capacidad para gestionar la información y la comunicación; el manejo de los medios de comunicación; la gestión de las ideas y las emociones. Las redes sociales, con sus fortalezas y debilidades, son nuevas formas de construcción de la realidad a las que hay que adecuarse para mantener vigencia y liderazgo en la sociedad, lo que impacta en las personas y las organizaciones.

La información es un bien que abunda, aunque no siempre es de buena calidad, lo que comienza a ser considerado por las personas. Los cambios observados en la estructura de usabilidad, confianza y credibilidad de lo intermedial y multimodal (3) son relevantes en el contexto de la crisis pandémica. La radio mantiene su liderazgo como medio confiable (61% lo evalúa positivamente), aunque su rol en la estructura de tramos horarios ha variado atendido que no hay viajes pendulares (laborales) y, por otro lado, el confinamiento aumenta la audiencia en las mañanas, mientras las personas hacen sus tareas domésticas. Los diarios impresos y los portales digitales mejoran su posición después de mucho tiempo (más de la mitad tiene evaluación positiva), subiendo también en credibilidad y confiabilidad en la audiencia. La televisión abierta presenta un alza en la valoración positiva, por favorecer la comprensión y explicación de los eventos asociados a la crisis. Los diarios cambian radicalmente su rol, muchos dejan de producir o reducen sus emisiones de papel, cambian hacia modelos plenamente digitales, con una mínima fracción de la información gratuita, aplicando un modelo de negocios escalables, a mayor calidad y profundidad de la información los precios son diferenciados. La confiabilidad de la prensa se ve reforzada. Pero Facebook pierde su liderazgo, siendo desplazado por la TV abierta. También pierden terreno otras redes sociales como WhatsApp y Twitter, afectadas fundamentalmente por la calidad de la información, las Fake news o noticias falsas. La tendencia
muestra que los medios tradicionales, que cuentan con profesionales y productos de calidad ganan terreno,
confianza y credibilidad.

La data más importante derivada del estudio de estructura y evolución de los medios durante el proceso de pandemia (ya referido) es que la gente quiere confianza, credibilidad en la información. Pasamos de un ambiente en que la ciudadanía desconfiaba de las autoridades a otra en que las personas necesitan y demandan confianza en la autoridad y la información.

Emergen nuevos linderos culturales, las personas no reconocen los límites tradicionales, la sociedad se ve permanentemente sorprendida por los nuevos paradigmas y el impacto que generan en las nuevas relaciones de convivencia. Una sociedad preñada de incertidumbres en que los límites éticos se debilitan, desaparecen o se transforman en bordes plenos de opacidad. Las tradiciones (usos y costumbres) dejan de ser referencias claras, no son normas de convivencia social aceptables y mutan a sentidos más difusos, impactando en la 1 PCV: Post Corona Virus 2 Carlos Cantero (2019). Sociedad Digital. Razón-Emoción. Editorial UOC. Barcelona, España. 3 Encuesta de la Asociación Nacional de Mujeres Periodista y CADEM, Chile. Abril 2020 ética, estética y emocionalidad. La crisis que vive la humanidad es esencialmente ética, un relativismo que toma dimensiones insospechadas en los múltiples espacios de la vida humana.

Esta tendencia se acrecienta con la emergencia de la Sociedad de la Singularidad, en la que surgen portentosos desafíos éticos, por la convergencia de la Inteligencia Artificial con la Humana, la intervención en la sociedad y endógenamente en el ser humano, la integración de tecnología en la genética, en el cuerpo del ser humano y su relación con las prótesis, en los ciborg, los autómatas y otras cuestiones similares que toman dimensiones insospechadas, que por su alcance y velocidad desafían nuestros marcos éticos. El Internet de las cosas está alterando múltiples dimensiones en la vida de las personas y sus comunidades. Este proceso abre oportunidades. Pero, también, debemos estar atentos a las nuevas amenazas y riesgos que implica. ¿Cuánta vigencia tendrán los valores del Humanismo?; ¿Tendrán vigor los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad?; ¿Seguirá perviviendo el enfoque cartesiano o evolucionaremos hacia un enfoque eco-sistémico relacional?; ¿Seguirá vigente la mirada generacional o asumiremos responsabilidades trans-generacionales?; ¿Seguiremos con el sentido propietario del planeta o asumiremos la condición de simples usuarios?; ¿Depredaremos extinguiendo especies biológicas o asumiremos consciencia eco-sistémica?; ¿Seguirá el liderazgo Ego-céntricos o migraremos haci liderazgos Eco-céntricos.

Analizar los CAMBIOS observables nos permite vislumbrar las principales tendencias de los procesos, la comprensión necesaria para asumir y colaborar a otros en su inserción a la sociedad digital, al cambio de consciencia y de conciencia necesarios. Estamos frente a complejos procesos que exigen adaptabilidad -a las personas, las empresas, las organizaciones, incluso a los territorios- lo que desafía a las instituciones tradicionales que quieren mantener su vigencia en este nuevo ethos.

En este contexto, la simple distinción entre lo público y lo privado, constituye tema de capital importancia. ¿Dónde está el límite entre la íntima privacidad y lo de interés público? ¿La autoridad pública y un estado de vigilancia permanente sobre las personas? ¿Cómo enfrentaremos el manejo de los datos personales y su utilización interesada en las expresiones de Big Data corporativa, pública o privada? Las nuevas tecnologías digitales constituyen potentes formas de gestión de la subjetividad en los grandes grupos sociales: los deseos, las necesidades, lo racional y lo emocional, pueden ser manipuladas, constituyéndose en la principal forma de sometimiento de las personas. Millones de seres humanos hipotecan su vida persiguiendo atender deseos y necesidades viralizadas en la cultura de la obsolescencia.

Estas nuevas formas de sometimiento no tienen que ver con el orden físico ni biológico, no es la cadena de hierro que definió la esclavitud en el pasado. La forma de dominación actual es intangible, sutil, mimetizada, asociada con la subjetividad, las emociones, deseos y necesidades de los individuos. La nueva forma del dogal se relaciona principalmente con la viralización de ideas, el contagio de gustos y deseos, un pedazo de plástico (tarjeta) con la cual el individuo -hombre o mujer; joven o viejo; de cualquier raza, credo o color, se somete a si mismo en una forma de auto-esclavitud. No se trata de violencia ni fuerza física, es una forma sutil que induce auto-sometimiento, voluntario, consentido, en algunos casos incluso asumido con entusiasmo, véase la auto-exposición particularmente de la generación Millennials en las redes y ámbitos sociales.

Observamos un proceso adicional y paralelo denominado reificación, esto significa la acción de cosificar, transformar «en cosas» diversas dimensiones de la intimidad de la persona humana, las que reciben el tratamiento de bienes, mercantilizando dimensiones y roles vinculados a la dignidad de las personas. Todo este proceso tiene una motivación esencialmente materialista, se trata de un economicismo radical, pensando que todo y todos tienen un precio económico como norma o valor ético. Un proceso que altera cuestiones esenciales a la dignidad de la persona en su vida familiar, en las relaciones laborales, en la intimidad.

¿Cómo se adaptan las instituciones a esta nueva sociedad? Entender los alcances de la CRISIS en la sociedad que declina, permite entender los procesos de CAMBIO en sus estructuras fundamentales, la emergencia de nuevas características y, consecuentemente, identificar y definir el PROCESO DE ADAPTABILIDAD, para sobrevivir en este nuevo entorno de incertidumbres. Esta no es una tarea que resulte fácil. De hecho, las principales instituciones de la modernidad están sumidas en una profunda crisis: la política, la educación, la justicia, la familia, incluso la ética en instituciones -altamente jerarquizadas y disciplinadas- como las iglesias, particularmente la católica, las fuerzas armadas, la policía.

La sociedad digital se caracteriza por la capacidad -de las personas, las organizaciones, las empresas y la administración del Estado- para obtener y compartir cualquier información, instantáneamente, desde cualquier lugar, en la forma y el formato que se prefiera. El conocimiento y la capacidad de innovación se transforman en una nueva forma de riqueza. Es una época en que se rompen los esquemas rígidos de la sociedad analógica y emerge la flexibilidad, las estructuras se tornan compactas. Las instituciones mantienen arraigados los conceptos fundamentales, como sus valores, visión y misión, pero, sus estructuras son maniobrables, descentralizadas, distribuidas. La nodalidad abre paso a estructuras en redes, de gran virtualidad lo que se extiende a todas las dimensiones del quehacer humano. Estos son los principios orientadores del proceso de adaptabilidad para las personas y las organizaciones.

Los principales estilos de la vida tradicional en la sociedad -sus valores y costumbres- se muestran disfuncionales con los estilos emergentes. Intentamos caracterizar una ÉPOCA DE CAMBIOS. Pero, pronto observamos que se trata de ¡UN CAMBIO DE ÉPOCA!

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(1) PCV: Post Corona Virus
(2) Carlos Cantero (2019). Sociedad Digital. Razón-Emoción. Editorial UOC. Barcelona, España.
(3) Encuesta de la Asociación Nacional de Mujeres Periodista y CADEM, Chile. Abril 2020

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Carlos Cantero Ojeda es Geógrafo, Master y Doctor en Sociología. Académico, conferencista y pensador laico chileno. Estudia la Sociedad Digital y la Gestión del Conocimiento. Fue Alcalde, Diputado, Senador y Vicepresidente del Senado de Chile