La crisis polĂtica y social en Venezuela se agrava dĂa a dĂa. El pulso entre el Gobierno y la oposiciĂłn se intensifica. Las iniciativas de mediaciĂłn exterior consiguen algunos resultados (como parece haber sido el caso de la impulsada por el expresidente Zapatero en el caso del cambio de situaciĂłn del lĂder opositor Leopoldo LĂłpez). Pero se trata de parches puntuales, de pequeĂąas vĂĄlvulas de escape en un panorama extremadamente volĂĄtil y peligroso.
Se abre paso la sensaciĂłn de que, en esta tensiĂłn entre ambos polos polĂticos, la oposiciĂłn parece haber tomado la iniciativa. El relato mediĂĄtico de lo que ocurre en Venezuela estĂĄ dominado por una visiĂłn muy hostil hacia el sistema. Por supuesto, hay motivos de sobra para considerar que la experiencia bolivariana no es tan positiva como proclaman sus promotores. A su vez, la imagen que los medios internacionales proyectan de la oposiciĂłn es demasiado favorable, con independencia de que muchas de sus reivindicaciones sean justas y razonables.
Aun contando con la âcontaminaciĂłn mediĂĄticaâ es imperativo intentar hacer un anĂĄlisis de los escenarios mĂĄs previsibles.
1.- EL AGRAVAMIENTO DEL CONFLICTO BIPOLAR
Esa deriva es la que parece imponerse, a tenor de la escalada de desafĂos en que se han empeĂąado las dos partes. A la âconsultaâ de la oposiciĂłn, seguirĂĄ, previsiblemente, el prĂłximo 30 de julio, la elecciĂłn de una nueva Asamblea Constituyente. Ambas iniciativas estĂĄn diseĂąadas para deslegitimar completamente al rival (la impulsada por la oposiciĂłn) o para maniatarlo y privarlo de base polĂtica (la articulada por el Gobierno). Son propĂłsitos vanos que incitan a la confrontaciĂłn y alejan la perspectiva de entendimiento.
La âconsultaâ opositora ha contado con una participaciĂłn amplia, pero no definitiva, no superadora de la divisiĂłn meridiana del paĂs. Siete millones de votos (el 97% contrario a las polĂticas gubernamentales) pueden ser muchos, pero no suficientes para deslegitimar al Gobierno por completo. La irregularidad implĂcita de la iniciativa y la imposibilidad de acreditar garantĂas son limitaciones adicionales en el alcance de la estrategia opositora.
La participaciĂłn en las elecciones constituyentes serĂĄ un factor mucho mĂĄs interesante desde el punto de vista polĂtico, porque debe reflejar el grado de cohesiĂłn del sistema bolivariano, en el que aparecen grietas tan importantes como para que se estĂŠn barajando otras vĂas.
2.- LA FRAGMENTACIĂN DEL RĂGIMEN
En Venezuela se ha producido un fenĂłmeno de inversiĂłn polĂtica desde la desapariciĂłn de Chaves. Antes, era la oposiciĂłn la que se encontraba dividida y, por ello, generalmente impotente, mientras las fuerzas que arropaban al Gobierno se mantenĂan bastante unidas. Ahora, las fracturas son mĂĄs apreciables en el rĂŠgimen bolivariano, mientras la oposiciĂłn, parece haber superado sus clĂĄsicas rencillas y, sin resolver del todo sus contradicciones, parece capaz de articular un frente unido.
Ha sido precisamente la convocatoria de la Constituyente lo que ha agudizado las divergencias en el bando chavista, que se venĂan incubando desde la sucesiĂłn. El sonoro pronunciamiento de la Fiscal General, Luisa Ortega, en contra de esos comicios por considerarlos inconstitucionales y, lo que es mĂĄs significativo, contrarios a la herencia bolivariana ha abierto una vĂa de agua en la aparente solidez del rĂŠgimen.
Es difĂcil identificar a los distintos grupos o familias que aĂşn defienden la resistencia a ultranza. Chavez nunca consiguiĂł la unidad monolĂtica, aunque lo intentara con ahĂnco. En el chavismo cohabitaron sectores de la izquierda clĂĄsica (comunistas, socialistas revolucionarios, extremistas, populistas, autĂłnomos, etc.). El denominado âsocialismo del siglo XXIâ fue la fĂłrmula retĂłrica del lĂder del movimiento para aglutinar a todos esos sectores. Pero diferencias ideolĂłgicas o tĂĄcticas aparte, existĂa una dinĂĄmica de confluencia y de entendimiento que afianzaba el sistema bolivariano. Junto con los ingresos del petrĂłleo, naturalmente.
Con Maduro, las cosas cambiaron. Algunas prominentes figuras del chavismo criticaron la elecciĂłn del fundador. El actual Presidente nunca fue un candidato de consenso, sino mĂĄs bien una opciĂłn por descarte de otras opciones que se anulaban unas a otras. Maduro se entregĂł a una retĂłrica exagerada, y por lo general vacĂa, para tapar sus limitaciones polĂticas. Â Â La bajada de los ingresos por la caĂda de los precios internacionales del crudo privĂł al Gobierno de su capacidad para contener el descontento por el deterioro de la situaciĂłn econĂłmica, la crisis de abastecimiento y el empeoramiento notable de las condiciones de vida.
La oposiciĂłn creciĂł a medida que el Gobierno se desacreditaba. Y el Gobierno acumulĂł errores a medida que la oposiciĂłn lo acosaba con presiĂłn polĂtica interna y apoyo mediĂĄtico y diplomĂĄtico externo. El triunfo opositor en las elecciones legislativas hizo bascular el equilibrio polĂtico: la oposiciĂłn tomĂł la iniciativa y el Gobierno se vio obligado a jugar a la defensiva.
Ahora, el sistema ve peligrar no una posiciĂłn de poder o beneficio, sino el destino mismo de la revoluciĂłn bolivariana. Dos opciones se dibujan: o el atrincheramiento en posiciones comunes (improbable), o el intento de conformar un nuevo liderazgo, una rectificaciĂłn, que garantice la continuidad del sistema. ÂżPero quienes serĂan los actores de esa rectificaciĂłn? No parece que puedan ser otros que los militares.
3.- LA OPCIĂN MILITAR
El llamado âpoder militarâ parece indiscutible en Venezuela. Las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB) encabezan un tercio de los ministerios y gobiernan la mitad de los departamentos del paĂs. Pero, aparte del poder polĂtico, atesoran un importante poderĂo econĂłmico. Controlan empresas en todos los sectores productivos y financieros (agricultura, industria, construcciĂłn, turismo, banca, finanzas, etc.). Incluso ha puesto un pie en la joya de la corona, el petrĂłleo, con una compaĂąĂa âautĂłnomaâ: no dependiente del Ministerio petrolero ni, por supuesto, de PDVSA (la empresa estatal de hidrocarburos).
Esta estructura similar (o calcada) a la cubana, proporciona a las FANB una palanca de primer orden en el juego de poder actual. AdemĂĄs de activos institucionales y materiales, los uniformados asumen un creciente papel en el control del orden pĂşblico, debido al intratable problema de la delincuencia. La oposiciĂłn sostiene que el rĂŠgimen militariza el tratamiento de la criminalidad para enmascarar la represiĂłn y organizaciones de derechos humanos avalan, al menos en parte, esta imputaciĂłn. Pero el Gobierno cree que la criminalidad forma parte de la estrategia de los enemigos internos y externos para acabar con la revoluciĂłn. Mafia y sabotaje econĂłmico serĂan las armas de este combate insidioso contra el proyecto bolivariano.
ChĂĄvez tuvo tiempo para introducir cambios notables en las Fuerzas Armadas y convertirlas en la retaguardia de la RevoluciĂłn. El poder popular serĂa la vanguardia. Se puede discutir si ĂŠsta es la ecuaciĂłn real o es la inversa. En todo caso, esa comuniĂłn entre el pueblo y el ejĂŠrcito es el nĂşcleo del sistema bolivariano.
La oposiciĂłn empieza a cortejar a los militares para que abandonen el barco del chavismo. El otro dĂa un destacado parlamentario aseguraba que si el EjĂŠrcito actuaba en interĂŠs del pueblo su iniciativa no podrĂa considerarse golpista.
Desde el lado chavista, no se apoya pĂşblica o expresamente la âsoluciĂłn militarâ. Pero, sotto voce, no es descabellado pensar que los bolivarianos de primera hora, los que hacen otra lectura del legado de Chaves, los crĂticos con el madurismo, o simplemente los que tienen mĂĄs que perder puedan ver en una intervenciĂłn militar la garantĂa de una necesaria rectificaciĂłn.
