La pregunta podría parecer de ciencia ficción o de serie B americana de los años ochenta. Pero la respuesta es tan real como que en la encuesta publicada en septiembre de 2015, por el Consejo de la Agenda Global sobre el Futuro del Software y la Sociedad, del Foro Económico Mundial, en la que participaron más de ochocientos ejecutivos y expertos del sector de las tecnologías de la información y las comunicaciones, se identificaron 21 puntos de inflexión, es decir, momentos en que cambios tecnológicos concretos trascienden a la sociedad en general, y la transforman.

Entre ellos, vamos a centrarnos en dos. El primero, hace referencia a que un 81,7 por ciento de los encuestados creían que antes de 2025 estaría disponible en el mercado comercial el primer teléfono móvil implantable.

Entre los impactos positivos que se encontraban aparecían: la reducción del número de niños desaparecidos, el aumento de los resultados positivos en salud, el aumento de la autosuficiencia, la mejor toma de decisiones, y el reconocimiento de imágenes y disponibilidad de datos personales (red anónima que ayudará a las personas).

Entre los impactos negativos: la privacidad/vigilancia potencial, la menor seguridad de los datos, el escapismo y adicciones, y mayores distracciones como trastorno por déficit de atención. Por último, se incluían una serie de impactos desconocidos o cualquiera de los dos: vida más prolongada, cambio de la naturaleza de las relaciones humanas, cambios en las interacciones y relaciones del hombre; identificación en tiempo real y cambio cultural (memoria eterna).

Será antes o será después, pero lo que es evidente es que será. Como demuestra que ya existen informaciones sobre que Samsung consiguió la patente para un dispositivo médico implantable que puede leer y transmitir información desde el cerebro. O que desde febrero de 2017, una empresa situada en la localidad belga de Malinas, ha implantado a algunos trabajadores un microchip bajo la piel. Dicho implante, situado en la zona entre los dedos pulgar e índice, permite abrir puertas, y encender el ordenador sin tocarlo, ya que las claves van dentro del mismo.

El segundo punto de inflexión, hace referencia a que los encuestados, creían que antes de 2025 el 90 por ciento de la población utilizará teléfonos inteligentes.

Como impactos positivos señalaban: mayor participación económica de las poblaciones desfavorecidas ubicadas en las regiones remotas o poco desarrolladas, el acceso a los servicios de educación, salud y gobierno, la presencia, el acceso a destrezas, mayor tasa de empleo, cambio en los tipos y puestos de trabajo, el mayor tamaño del mercado/comercio electrónico, más información, mayor participación ciudadana, democratización/cambios políticos, aumento de la trasparencia y la participación frente a un aumento de la manipulación.

Los impactos negativos se concretaban en: aumento de la manipulación, fragmentación política y los “jardines amurallados” que no permiten el acceso completo en algunas regiones o países. Por último, como desconocidos, o cualquiera de los dos: está encendido las veinticuatro horas del día, falta de distinción entre los usos laborales y personales, estar en cualquier lugar y en todos los lados, impacto ambiental de la fabricación.

La cuarta revolución industrial que estamos comenzando a vivir de manera acelerada, supone un cambio de era en la historia de la humanidad, donde hay muchas incertidumbres y unas cuantas certezas: la enorme velocidad de los cambios, la amplitud de los mismos y el hecho de que la humanidad se adentra en un nuevo tiempo que no es equiparable a nada que se haya vivido con anterioridad en cuanto a su alcance y magnitud.

Y ante todo eso, no hay debate. Nos dejamos llevar por la corriente, y permitimos que unos pocos, fuera del espacio público, decidan por el conjunto de la humanidad hacia qué sociedad queremos ir y como. Y qué tipo de seres humanos seremos en el futuro.

Es una realidad que el teléfono móvil se ha convertido en un elemento esencial en la vida de las personas. Pero no siempre fue así. En el año 1980, cuando el planeta Tierra estaba habitado por 4.438 millones de personas, solo 23.482 personas tenían suscripción a un teléfono móvil. Pero ha sido tan rápida la adopción de esta tecnología, que hoy con 7.442 millones de personas, según datos del Banco Mundial de 2016, hay 7.194 mil millones de suscriptores a móviles con datos del año 2015.Y los usuarios de móviles superarán los 5.000 millones a mediados de 2017 y crecerán hasta los 5.700 usuarios en 2020.

Y va a más:

  • En 2016, las tecnologías y los servicios móviles generaron un 4,4 por ciento del PIB a nivel mundial, lo que equivale a alrededor de 3,3 billones de dólares de valor económico. Y se prevé que en 2020 aumentará a más de 4.2 billones de dólares (4.9 por ciento del PIB)
  • El ecosistema móvil tiene aproximadamente 28 millones de empleos en 2016.
  • Más de 400 millones de personas tienen acceso a servicios financieros a través de su teléfono, con servicios de dinero móvil en más de 90 países.
  • El sector móvil pagó en impuestos generales aproximadamente 450.000 millones de dólares en 2016. A los que hay que añadir los 19.000 millones de dólares que recabaron los gobiernos en las subastas de espectro.
  • El número de personas que acceden a Internet a través de dispositivos móviles se ha duplicado en los últimos cinco años, y llegará a 4.700 millones, equivalente al 60% de la población mundial en 2020.

E insisto de nuevo, todo esto está sucediendo sin que exista un debate público sobre el camino que se quiere seguir y las consecuencias que pueden tener estos avances.

¿Sabemos que nos enfrentamos a retos sociales enormes, y que la tecnología móvil puede servir para construir sociedades más justas y sostenibles, que mejoren la vida de la gente? Sí, pero también pueden servir para generar más privilegios y desigualdad. Por ello, es preciso que los gobiernos encabecen el cambio y guíen los pasos, porque las empresas por si solas primarán el negocio sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (ODS)

Y como queremos iguales derechos para todas las personas, hay que repensar por completo la regulación de los derechos y los deberes en la era digital. Desde la privacidad y seguridad hasta los mecanismos de rendición de cuentas y sanción a escala global.

Estamos hablando de utilizar la tecnología móvil para crecer, aumentar el bienestar y gobernar, desde el interés general, esta nueva era de la humanidad.