Durante el año 2018, en España se crearon 566.200 empleos. 313.900 hombres y 252.300 mujeres encontraron trabajo, lo que sitúa el número de ocupados en 19.564.600 personas, una cifra que poco a poco nos acerca a los 20.753.400 ocupados que había en el tercer trimestre del año 2007. Una cifra, que deja en el oscuro recuerdo la terrible destrucción de empleo que asoló nuestra sociedad, y que llegó a situar el número de ocupados en 16.950.600 personas en el primer trimestre de 2014.

Que se cree empleo siempre es una buena noticia, y más cuando hay un gobierno con sensibilidad social para tomar medias para crear más y mejor empleo. Por ese motivo, hay que alegrarse por el hecho de que, tras los muchos sacrificios y sufrimientos de la población, la economía española vaya aumentando el número de personas que trabajan y esté disminuyendo el número de parados.

¿Cómo calificar el 26,94 por ciento de parados que había en España en el primer trimestre de 2013? Pues como una catástrofe humanitaria, que además vino acompañada de recortes y más recortes por parte del Partido Popular, cuando las personas y la sociedad española más necesitaban de los servicios públicos.

Ahora, la tasa de paro se sitúa en el 14,45 por ciento, por debajo del 15 por ciento por primera vez en los últimos diez años. Es cierto que es mucho más baja, aunque todavía está lejos del 7,93 por ciento de paro que había en el segunda trimestre de 2017. A pesar de lo anterior, para ser más conscientes de las necesidades sociales que todavía persisten, hay que abandonar los porcentajes y acudir a la realidad de las personas. Al hacerlo, aparece que 3.304.300 personas están en paro.

Una cifra de 3,3 millones de personas paradas a las que hay que sumar una cuantas más. ¿Por qué? Porque según la metodología que viene utilizando la Encuesta de Población Activa (EPA) se define como ocupado a “las personas de 16 o más años que durante la semana de referencia han estado trabajando durante al menos una hora a cambio de una retribución en dinero o especie o quienes teniendo trabajo han estado temporalmente ausentes del mismo por enfermedad, vacaciones, etcétera.”

 ¿Cómo calificar que en España haya un total de 1.053.400 hogares que tienen a todos sus miembros activos en paro? ¿Cómo calificar que de ese millón de hogares, 284.200 son unipersonales? Como un desastre humanitario, que hay que corregir con políticas laborales y sociales, para sacar a esas personas del riesgo de exclusión social o de la propia exclusión social.

¿Cómo calificar que haya 502.900 jóvenes de 16 a 24 años en paro? O ¿869.800 personas entre 50 y 64 en paro? En el caso de los jóvenes, hablamos de poner en suspenso sus vidas y sus esperanzas. En el caso de las personas mayores de 50 años, también, y además se acentúan las dificultades de volver a entrar en el mercado laboral y supone una pérdida de experiencia que no pude permitirse ningún país. Se puede calificar de desastre humanitario y social. Un desastre, que ya se ha empezado a corregir con el plan de empleo joven del gobierno central y con apoyo de los mayores de 50 años.

Que baje el paro y se cree empleo es siempre una buena noticia. Ahora, hay que apoyar al gobierno para que mejoren las posibilidades de acceso al empleo, para que mejoren los derechos y para que mejoren los salarios.