CERBERO
El individuo paseaba por el mercado de la ciudad, en una plaza abarrotada donde era difícil moverse. Su mirada se detuvo sobre un puesto de joyería. Allí, entre tanto dorado, refulgía una preciosa cadena entretejida con hilos de tres oros. Experimentó una atracción indescriptible, un deseo nunca antes conocido. Extendió el brazo, la atrapó y echó a correr. Decir correr es demasiado, dejémoslo en echó. Varias manos lo cogieron no dados dos pasos.
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