El muy ponderado y contenido Ministro de Sanidad, Salvador Illa, sentenciaba hace dos días, en referencia a la actitud de la Comunidad de Madrid en esta segunda ola de contagios: “La paciencia tiene un límite”. Pues en Profesionales y población en general… ni les cuento.

El Gobierno de la Comunidad de Madrid ha realizado declaraciones y actuaciones que nos han abochornado a la ciudadanía. Bien está que tengamos una presidenta ida, que es muy limitadita. Lo malo es que no lo disimula y entre lo que dice y lo que hace o deja de hacer, solamente confirma las peores sospechas.

Estas dos últimas semanas no es que hayan sido la historia de un desencuentro político entre el Gobierno de la Comunidad de Madrid y el Gobierno de España, lo que de verdad ha sido es un despropósito, se mire por donde se mire. Repasar los acontecimientos sucedidos y analizar, incluso someramente, los contenidos es toda una lección de cómo no se desea negociar por parte del Gobierno de la Comunidad de Madrid, se ofrecía un doble vínculo: se solicita la ayuda y tras empezar a recibirla se descalifica a quién la facilita y a lo que se le oferta. Mal, muy mal camino, porque no era rectificar lo hecho precedentemente, sino confirmar esas auténticas desfeitas que venían precediendo los permanentes enfrentamientos desde la Comunidad de Madrid.

Isabel Díaz Ayuso (IDA) solamente ha cumplido su hoja de ruta, ya lo avisó en su investidura: “seré el dique de contención frente al Gobierno de Sánchez”. Madrid como avanzadilla fascistoide por la importancia que ha adquirido el partido voxiferante ocupando espacios que le han sido otorgados por IDA y su equipo, con la indiferencia de C’s, a lo que se sumaba el sentimiento de impotencia de una izquierda escasamente movilizada y con poca capacidad de convicción hacia la ciudadanía.

Ante esta situación de pandemia se pedía poco: unidad de las fuerzas políticas y no incluir la pandemia en el debate político. El objetivo estaba claro, centrar toda la atención y todas las fuerzas en vencer al virus, dado que era un virus desconocido, no tenía un tratamiento y no había vacuna. Con estas condiciones el esfuerzo era tremendo: ir avanzando por ensayo-error, sin dogmatismos, con “instrumentos rudimentarios, parecido a como acontecía antaño.

Inicialmente surgieron indicaciones que parecían de otro tiempo, eran leídas como atrasadas y no obtenían credibilidad científica aparente entre la población: lavado de manos, distancia física y uso de la mascarilla (incluso con el debate inicial de quién debería utilizarla, cómo y cuándo hacer su buen el uso). La población no daba crédito: unas indicaciones lejos de los planteamientos científico-tecnológicos al uso y siendo tan sencillas no podrían ser eficaces.

La gente se preguntaba cómo era posible que con los avances tecnológicos existentes no se pudiera tratar ni hacer nada en contra de este virus y la pandemia que se extendía dando cumplimiento a sus peores presagios. Pasaba de ciudad a ciudad, de país a país, de continente a continente, su estela de contagios y muertes se transformaba en los titulares de los medios de comunicación a nivel internacional, unas veces con alarmismo y otras en una competición que establecía un ranking de países según las cifras de afectados y de muertes. Macabra y muy inadecuada información.

Las cadenas de TV hicieron su propia competición para la información más impactante, o más (pseudo)científica, o más quejosa, o más… daba igual, el caso era ser “más” en algo. Se crearon “mesas camillas de profesionales sanitarios opinadores, que a alguno de sus integrantes le fue útil para “ascender” políticamente. También aparecieron cartas firmadas por  “científicos” dando ideas, otras cartas fueron de “sociedades científicas independientes” cuyos presidentes estaban con filiación política muy determinada en el lado derecho del espectro político, pero eran de derechas independientes. Periodistas de marca de rompe y rasga se transformaban en expertos epidemiólogos y profetas de la ciencia en covid y con, gran desparpajo, pontificaban acerca de profesionales epidemiólogos de años y años. Políticos de raigambre plena de corrupciones gritaban por doquier que al director del CAESS, Fernando Simón, no había hecho el MIR ni tenía Tesis Doctoral, como si la circulación del saber solamente fuera por unos estrechos canales que ellos definían a su pura conveniencia. Todo iba así, del chascarrillo se hacía ciencia, de la ciencia se hacía banalidad, la banalidad se transformaba en verdad y la verdad campaba por amplios horizontes de la inalcanzable levedad del ser.

Y en esto que llegó la segunda oleada… ¿será o no será segunda oleada?

Toda matización o espera es zarandeada, pero la precipitación hubiera sido descalificada. El fácil adjetivo de la opinión interesada y adaptada a justificar mi deseo. Efectivamente: Si se justifica lo que pienso es ciencia, si me contradice… no existe. Por fin, segunda oleada. Vuelve la guerra de las cifras y, lo que es peor, de las pertenencias excepción hecha de las responsabilidades.

La población está empezando a estar cansada  de tanta desfeita, en la que los miércoles aparece la kermesse semanal en el Congreso de los di(s)putados, donde el debate positivo y sosegado se sustituye por gritos y pateos, insultos hacia el Presidente del Gobierno y sus ministros, descalificaciones hacia toda opinión que ose ser diferente a la mía, amenazas en forma de “avisos”, fake news alarmantes que zarandean lo racional hasta dispersarlo por el aire con un verdadero “efecto aerosol”, la desviación de la atención con temas de segundo o tercer nivel que se les pone en primera línea con aviesas intenciones, la mezcla perversa de contenidos que desnaturalizan un proceso racional y analítico para primar el efectista comentario en busca de un puñado de votos, el simplismo más ramplón vestido de indisimulado rencor y odio, el primar el cortoplacismo y la inmediatez sobre las evidencias construidas con datos sólidos e interpretaciones científicas de esos datos.

Esta táctica, empleada con fruición por la derecha política, busca el descrédito de la actividad política, se basa en un sentido patrimonial del poder cual señores feudales que desprecian a la ciudadanía y solo la aceptan como mal menor. Desprestigiada la política solo queda el ejercicio del poder directo, falseando y ninguneando las otras alternativas. El debate debe ser degradado para que cause un hartazgo tal que se fomente la abstención de amplias capas sociales que, curiosamente, siempre coinciden con las opciones más progresistas. Así acontece que el objetivo se cumple. Gabriel Elorriaga, siendo Secretario de Comunicación con el PP, declaró en Financial Times: “Toda nuestra estrategia está centrada en desalentar a los votantes socialistas. Sabemos que ellos nunca nos votarán. Pero si podemos sembrar dudas sobre la economía, la inmigración y las cuestiones nacionalistas, entonces quizá se queden en casa”. Explicado.

Lalonde (1974) estableció el impacto de los determinantes de salud en las poblaciones, ver la pandemia desde esta perspectiva resulta de un gran interés, siendo complementaria esta visión a la realizada por José Félix Tezanos en su último artículo aparecido en Sistema Digital. Este autor propone que la afección por Covid-19 presupone una modificación en el concepto de sociologización y de las relaciones sociales frente a las enfermedades y frente a la salud. Esta propuesta se incluye en este artículo, ya que tras el posicionamiento más socio-político, se deben plantear cuestiones científico-técnicas que abran la puerta a las propuestas.

Lalonde elaboró en 1974 los determinantes de salud para comprender el impacto que sobre la salud ejercían los distintos factores. Desde entonces constituye un referente muy importante, casi imprescindible, para integrar y entender de forma dinámica los diferentes factores que influyen, en un determinado momento, en la salud de la ciudadanía, tanto más en una pandemia. En España se ha estudiado la acción de los determinantes y el impacto que tenían en la salud general, en el estudio de salud de 2014 (EESE, 2014) y en él nos vamos a basar.

El determinante de salud con mayor impacto se corresponde con los estilos de vida (40%). Muy interesante, sobre este determinante pivotan las investigaciones en torno a las razones por las que en África la transmisión de la pandemia del Coronavirus es menor, cuando sería una población que podría haber resultado muy vulnerable. Se esgrimen muchas razones: la población tiene una media de edad joven, su movilidad es menor que en el resto de los continentes, porque su estilo de vida se restringe a su tribu y a su poblado.

Es importante evaluar el impacto de este determinante en España, la población tiene una gran movilidad, tanto por trabajo como por razones familiares, por lo tanto, los estilos de vida son muy abiertos e interactivos (ocio nocturno, fiestas familiares y de amistades, ocio joven dinámico, traslados entre comunidades, formas de expresar las emociones y los afectos).

Quiere decir que incluir las actividades de Salud Pública precisa:

  1. Información veraz, sencilla de comprender y directa.
  2. Reiterarla las veces que sean preciso. No debemos olvidar que una cosa tan simple como las directrices en las campanadas del 31 de diciembre se repiten todos los años y como una decena de veces en cada cadena de televisión y de radio y, aún así, la gente pregunta o dice que no lo entiende.
  3. Incidir en que la modificación de estilos de vida es necesaria y depende de cada uno de nosotros y del resultado de todos en su conjunto. No olvidemos lo rápido que se han integrado estilos de vida de la sociedad USA en España cuando algunos están totalmente en contraposición con los típicos e históricos de esta tierra, repasemos la metodología de trasmitir los esquemas por parte de USA.
  4. Insistir en que la acción individual y la responsabilidad individual tiene un impacto real en los estilos de vida.
  5. Los estilos de vida saludables son un punto sobre los que incidir y profundizar (ejercicio físico, higiene, relaciones sociales) en el seno de la vivencia y convivencia familiar.

Es tan importante este determinante en España, que la TV de Alemania le ha dedicado un programa con el fin de analizar el porqué en España tenía tan elevada trasmisión, tantos afectados y habían sucedido tantos fallecimientos. La conclusión del programa fue: los estilos de vida en España era muy diferentes a los del norte de Europa y favorecían sobremanera la trasmisión del virus, puesto que se mezclaban con aspectos socieoeconómicos (concentración poblacional en las ciudades, viviendas de escasas dimensiones, salarios bajos y precariedad laboral). Señalaba el programa que no se habían contemplado estos factores de forma seria y que tendrían una repercusión fundamental en el abordaje en la época postcovid o se conseguiría el abordaje riguroso de la situación creada por la pandemia, lo que incidiría en incrementar la vulnerabilidad en caso de repetición de otras situaciones de salud similares.

Ya lo hemos señalado en un artículo precedente y lo reiteramos, porque ilustra muy bien este determinante de salud: Un grupo de investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid, pertenecientes al Grupo de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad, han estudiado de forma específica la movilidad de la población por motivos laborales, son tan importantes sus resultados y sus conclusiones que los copio textualmente:

“La población de esas 37 zonas debe seguir yendo a trabajar diariamente, aunque tenga restringida la movilidad por el resto de los motivos.

En las últimas décadas las actividades económicas se han concentrado en el norte y noroeste, mientras la población reside en el sureste y cada día cientos de miles de personas cruzan la diagonal de la desigualdad del Área Urbana de Madrid.

¿Pueden establecerse medidas parciales en un territorio en que todas las partes dependen funcionalmente de otras?

Según la Encuesta Domiciliaria de Movilidad de 2018 cada día se registran 222.347 viajes por motivos laborales en frecuencia diaria de lunes a viernes. La inmensa mayoría de la población que vive en las 37 zonas confinadas, inicialmente, trabaja fuera de las mismas, de los 222.347 desplazamientos diarios solamente 30.065 tienen como destino alguna de las mismas áreas, es decir el 86,5% de las personas trabajadoras confinadas para su movilidad personal, deben desplazarse diariamente a zonas de la Comunidad no confinadas. Se desplazan al sector servicios de las zonas de rentas económicas más altas o en las zonas de infraestructuras, equipamientos o industrias situadas en el norte y noroeste.

En las áreas confinadas los desplazamientos se hacen en el 45,33% en transporte público a diferencia de la media de 33,22% de toda la comunidad.

Con estos datos se constata que la realidad funcional de un Área Urbana de Madrid, segregada social y económicamente, hace difícilmente viable la contención de la pandemia mediante restricciones parciales que no afecten a la movilidad laboral, máxime cuando estas tienen, como es el caso, un alto coste al ahondar las heridas de la desigualdad y la segregación socio-espacial.

Estas dimensiones deben ser tenidas en cuenta a la hora de plantear las respuestas de las administraciones a la misma, no solo por una cuestión de eficacia epidemiológica, sino también de mantenimiento de unas relaciones de justicia y equidad dentro del Área Urbana”. Fin de la cita.

El segundo grupo de determinantes hacen referencia a los factores de tipo biológico y genéticos (30%). En el caso de Covid-19 han venido muy bien definidos por la edad de los infectados, de tal suerte que en edades superiores a los 65 años el riesgo de complicaciones severas y de muerte era muy superior a otras etapas de la vida. A ello se sumaba el padecimiento de procesos crónicos de tipo respiratorio o cardiológico, afecciones que disminuyen la respuesta inmunitaria u otro tipo de afecciones crónicas.

El abordaje de estos determinantes nos confronta con la atención socio-sanitaria que reciben las personas mayores y la transformación sanitaria de las residencias de personas mayores, disminuir el hacinamiento de estos dispositivos. La identificación de estos riesgos también nos sitúa ante la diferencia de evolución de estas afecciones crónicas según las diferentes clases sociales por las diferencias nutricionales, el hábitat y los cuidados recibidos. De igual forma hay que contemplar que España es el país más longevo de Europa, lo que facilita la existencia de comorbilidades diversas de tipo respiratorio, cardiológico, endocrinológico, traumatológico, tumoral o de otro tipo lo que comporta múltiples tipos de tratamientos para estas multipatologías con sus interacciones posibles.

El 20% de impacto hace referencia a los factores relacionados con el contexto social que, a su vez, lo integran dos subgrupos: el ambiente socio-cultural (15%) y el entorno físico (5%). En ellos se ve claramente el impacto de la clase social o, si se prefiere, del contexto socio-económico-cultural que en la pandemia por Covid-19 ha existido. En la Comunidad de Madrid el gobierno conservador de Isabel Díaz Ayuso (IDA) había cerrado Centros de Atención Primaria y sus correspondientes servicios de urgencia, en los barrios del sur de Madrid (Usera, Villaverde, Vallecas, Carabanchel) o poblaciones del sur (Móstoles, Alcorcón, Parla, Fuenlabrada, Getafe), en esos lugares las residencias de mayores tenían peores condiciones y allí la segunda oleada determinó que los contagios se elevaron muy por encima de los 600-700 contagios por 100.000 habitantes, y donde IDA optó por un confinamiento perimetral de esos barrios que representaba una verdadera segregación. Los barios de la clase alta (Salamanca, La Moraleja, Chamartín) o poblaciones del noroeste (Aravaca, Pozuelo, Majadahonda) tenían una tasa menor y las precauciones del Gobierno de Madrid han sido más patentes, a pesar de las múltiples provocaciones y trasgresiones a las normas realizadas, por ejemplo, en el barrio de Salamanca.

Es evidente la desigual potencialidad asistencial y cultural existente entre estos dos contextos socio-económico-culturales del norte y el sur de Madrid, es más la Comunidad de Madrid ya aplicaba los confinamientos perimetrales por lo que denominaba como distritos de salud, así ajustaba más aún le desigualdad en la segregación de la población en base a su pertenencia a uno u otro distrito, dándose la paradoja que una acera de la calle estuviera confinada y la otra acera no lo estuviera, o que se pudiera circular desde Vallecas a Colmenar Viejo (más de 20 Km) y no se pudiera llegar desde Vallecas a Rivas, a escasos 2 Km.

La Comunidad de Madrid no opta por las personas, sino que ha optado descaradamente por la economía. Primero es a lo que apela reiteradamente la Presidenta IDA. Segundo es lo que se prima, algunos ejemplos son significativos: en los colegios se limitan a unos 15 alumnos con clases, en general, claras y ventiladas, pero las discotecas reciben al 50% del aforo en locales sin luz natural y sin ventilación y donde no se respetan las normas de mascarillas ni de la distancia interpersonal.

Las concentraciones ciudadanas del barrio de Salamanca y las caravanas de coches bloquean la ciudad, la policía no interviene, no detiene, no multa las trasgresiones. En Vallecas la concentración ante la Asamblea de Madrid es dispersada con agresividad por parte de la policía, se ha detenido a algunos manifestantes y se espera la multa correspondiente. Un dato más para la desigualdad y la presentación desde una perspectiva de clase.

Por no referirnos a las condiciones de las viviendas que en la zona norte son amplias, mientras en el sur son pisos de escasas dimensiones y una elevada ocupación por miembros familiares de diversas ramas, se comparten o se invaden los espacios disponibles por varias personas de edades diferentes. En este caso no es que incumplan las normas, es que no queda otra. Vuelve el problema estructural de las clases sociales y de las características sociológicas que determinan conductas y relaciones y, por lo tanto, la difusión de la pandemia por Covid-19.

Con parámetros de este tipo la etapa postcovid va a partir viciada desde un marco de desigualdad y de daño de sectores populares frente a lo que representan otros lugares. Esta desigualdad tan manifiesta pone en cuestión la estabilidad de este determinante de salud, en cuanto al cumplimiento de los requisitos y de las interpretaciones socio-culturales tan diversas. Las clases sociales populares tenderán a incrementar su desconfianza en las instituciones y, por ende, en las normas que de ellas dimanan, luego su grado de cumplimiento será menor y la posibilidad de transmisión se incrementará, cerrando un círculo vicioso de muy difícil resolución.

El último grupo de determinantes se refiere al impacto de la organización y funcionamiento de los recursos asistenciales sanitarios (10%). Pues bien, la Comunidad de Madrid se comprometió a reforzar la Atención Primaria, las actividades de Salud Pública y a desarrollar una red de rastreadores eficaz y adecuada. Nada de ésto se cumplió, los centros y las urgencias de atención primaria permanecieron cerradas (sobre todo en los distritos del sur), la posibilidad de contactar telefónicamente con los servicios asistenciales de atención primaria se transformaron en una quimera, cuando se conseguía, las citas se demoraban en el tiempo. El contrato de profesionales no se realizó, se aducía que no había médicos ni enfermería disponible, lo cierto es que las condiciones de trabajo eran superadas por las Comunidades Autónomas vecinas y los profesionales marchaban a ellas por la precariedad laboral y de incentivos que ofrecía la Comunidad de Madrid. La búsqueda de rastreadores no se cumplió, solo se contrataron 24 por medio de una contrata con una empresa privada, se adujo que no había tiempo para formarlos, pero ¿qué se había hecho hasta entonces? Nada de nada. Luego se solicitó una cantidad insuficiente y se hizo tarde, mal y nunca, a la oferta realizada por el Gobierno Central de rastreadores militares. Es decir, todo quedaba en una nebulosa con escasa implicación de los servicios públicos para la población.

El entramado hospitalario de Madrid era razonable, pero en varios hospitales se mantenían cerrada plantas enteras y sin abrir esos recursos la Comunidad de Madrid se lanzó a crear un recurso casi delirante, primero en IFEMA y, posteriormente, con la construcción de un hospital específico para pandemias, algo que ningún planificador sanitario entiende ni recomienda. De nuevo lanzamiento de fuegos fátuos, sin trascendencia ninguna salvo el refulgor por un día. Así se marchan los recursos económicos sin razón, dilapidar unos recursos necesarios, mientras donde se precisan no se invierte y se “justifica” el deterioro.

La OMS nos acaba de comunica los resultados del ensayo Solidarity, destinado a compara y evaluar el efecto de los fármacos empleados en el tratamiento de la Covid-19. Un trabajo descomunal pues ha incluido a 11.200 pacientes, 400 hospitales y 32 países, asignando los pacientes de forma aleatoria para recibir el tratamiento o a seguir con los cuidados generales. Pues bien, se evaluaron cuatro tratamientos utilizados para tratar la afección producida por el SARS-Cov-2: los antimaláricos (cloroquina e hidroxicloroquina), el antiviral (remdesivir), los antirretrovirales (lopinavir y ritonavir) y el interferón. Pues bien, ninguno de estos fármacos ha demostrado efectos significativos en la reducción de la morbi-mortalidad de los pacientes después de 28 días de tratamiento, según ha comunicado la OMS por medio de un comunicado oficial: “Ninguna de las drogas estudiadas redujo la mortalidad en ningún subgrupo de pacientes, ni tuvo efectos en la iniciación de la respiración artificial o la duración del ingreso hospitalario”.

Luis Enjuanes es un experto internacional sobre este tipo de virus, su palabra debe escucharse: Las prisas para no perjudicar a la economía y las prisas que tenían algunas autonomías por mandar ellos y decir lo que había que hacer, han destrozado el buen trabajo que hizo el Gobierno en la primera ola”. Dicho queda.

Sin salud, sin cuidar a las personas y sin primar este campo real, no hay economía, porque la economía no se sostiene sin los que la producen (las personas trabajadoras) y los que la desarrollan (los consumidores). Si unos y otros no están disponibles no hay economía que se autogenere por sí misma.

Vencer a una pandemia requiere de saber técnico sobre afecciones infecto-contagiosas, epidemiología y salud pública, constancia en las tareas a desarrollar, saber comunicar con veracidad y sin alarmismo, solidaridad por parte de toda la población con el cumplimiento de las normas para que tenga un efecto multiplicador y de respeto hacia los demás, que los responsables políticos no emiten mensajes contradictorios y se esfuercen por la unidad de acción.

Ser todos conscientes que no existe ni solución mágica ni una única solución, sino la convergencia de acciones tendentes a mejorar la salud de la población, porque los determinantes de salud son interactuantes entre sí.