¿Es razonable por parte de las empresas respetar la vida personal y familiar de sus trabajadores? ¿Es razonable respetar el tiempo de descanso y de vacaciones de sus empleados? ¿Es razonable proteger la salud de los trabajadores y evitar las nuevas formas de estrés laboral, como el “burn-out”, que se define como el agotamiento físico, psíquico y mental debido a un entorno profesional estresante? La respuesta, de manual, es que no solo es razonable, sino que es un derecho de los trabajadores. Pero entonces ¿Por qué no se respetan? Porque la realidad, demuestra que se está produciendo una utilización amplia de los medios digitales de las empresas fuera de las jornadas laborales.

Para ser más claros, la utilización y la presión para su utilización existen y están muy extendidas. Y en muchos casos, es más fruto de lo rápido de unos avances tecnológicos que no han venido acompañados de las normas de uso de los mismos, dentro de las estructuras de las empresas y de las normas sociales, que de la posible maldad intrínseca de algunos para explotar hasta la extenuación a las personas que trabajando con y para ellos.

Ante esta situación, la mayoría de la población cree que hay que hacer algo. Opina que hay que incorporar medidas para adaptar las relaciones laborales a un entorno digital que crece continuamente. Pero, ¿Qué hacer? En principio, hubiera sido deseable que las empresas se hubieran auto-regulado en esta materia.

De hecho, algunas compañías han actuado. Basta mencionar los ejemplos de: Volkswagen, que en 2011 implantó un sistema que desconecta sus servidores de comunicación de los teléfonos móviles profesionales, de parte de sus empleados, entre las 18.15 horas y las 7 de la mañana del día siguiente; Michelin, con un sistema de control de conexiones a distancia para sus ejecutivos que trabajan de forma itinerante entre las 9 de la noche y las 7 de las mañana durante los días laborables, y los fines de semana desde las 9 de la noches de los viernes a las 7 de la mañana del lunes; Mercedes-Benz, con su sistema Mail on holiday, que permite que los correos enviados a trabajadores que están de vacaciones sean automáticamente redirigidos a otros contactos disponibles dentro de la empresa; O el acuerdo de las patronales de empresas tecnológicas francesas y los sindicatos, firmado en 2014, que establece la “obligación de desconexión de los sistemas de comunicación a distancia” de la empresa para determinados empleados, para asegurar su derecho a un mínimo de descanso.

Pero la mayoría de las empresas no lo ha hecho. Y en un mundo donde el manejo de los medios digitales es constante, es preciso dar respuesta a las nuevas necesidades. Y en Francia han legislado. Y desde hace tres meses, concretamente el 1 de enero, las empresas deben implantar sistemas tecnológicos que limiten o impidan el acceso de los trabajadores a sus dispositivos digitales fuera del horario de trabajo.

La ley no establece el apagado definitivo del móvil profesional al finalizar la jornada laboral, ni rechazar correos electrónicos profesionales a partir de una hora determinada. Introduce que, de manera consensuada, hay que crear una regulación en función de las necesidades de cada empresa. Y en ella, se definirán la puesta en marcha por la empresa de sistemas de regulación de la utilización de los dispositivos digitales, las modalidades de ejercicio del derecho a la desconexión, y las acciones necesarias para la formación y la sensibilización sobre un uso razonable de los dispositivos digitales, dirigida a los trabajadores, mandos intermedios y dirección.

La ley también contempla posibles parálisis, al señalar que si no hay acuerdo, el empleador elaborará una política de actuación al respecto. En definitiva, se puede estar a favor o en contra. Se puede afirmar correctamente que la iniciativa hace explicito un derecho que ya tienen los trabajadores. Pero es evidente, que es un avance que hay que ir evaluando para mejorar.

Es un debate abierto y apasionante, que en España el PSOE ha llevado al Parlamento a través de una Proposición No de Ley sobre protección de los derechos digitales de la ciudadanía. Se apruebe o no la iniciativa, es una buena oportunidad para escuchar, debatir y decidir el camino que queremos seguir en un mundo donde salimos de la oficina, del puesto de trabajo, de casa, pero siempre vamos conectados.

¿Es razonable evitar, por el bienestar de la sociedad y la propia mejora de la productividad, que los personas tengan que seguir trabajando después terminar su jornada laboral utilizando los medios electrónicos de la empresa? La respuesta es sí, decidamos el cómo.