Efectivamente un gobierno de coalición significa eso mismo: un gobierno formado por dos o más partidos.

Y eso quiere decir que hay que mantener el equilibrio entre la lealtad al gobierno del que formas parte y mantener la diferencia del partido y los militantes a los que representas. Por una parte se habla para la ciudadanía, por otra parte hay que enviar mensajes al interior de la militancia.

Justamente eso es lo que está pasando. Y no es nada anormal. No debería ser tanta noticia. ¿Hay tensiones? Pues claro, es normal. Porque mantener una bicefalia en un mismo cuerpo, gobierno y partido, resulta difícil, además de que obliga a tener una gran madurez política y democrática. Y sostén democrático no falta, pero madurez política en más de una ocasión.

No obstante, las tensiones y diferencias que vemos en el gobierno ocurren en todos los gobiernos autonómicos y municipales que son de coalición. En estos momentos, prácticamente en toda España, pues difícil es encontrar ahora mismo un gobierno monocolor. E incluso, cuando hay un gobierno de un solo partido, vemos también que este mantiene diferencias claras en formas e incluso a veces de fondo con otros líderes de su propio partido.

Lo mismo que ocurre en el gobierno de España lo estamos viendo en la Comunidad Valenciana con la voz disonante de la propia vicepresidenta, intentado recuperar voz propia que la tiene cada vez más débil externa e internamente en su propio partido. Esas diferencias se ven en la Comunidad de Madrid, con una atípica presidenta que actúa de forma desleal con su vicepresidente al que deja continuamente desamparado. Ocurre en Andalucía, donde al presidente de la Comunidad andaluza se le ve tragar sapos  en muchas ocasiones. ¿Acaso no lo vemos en Catalunya dentro del propio independentismo entre Esquerra y Junts per Cat?

En fin, nada nuevo bajo el sol. Solo que no estamos todavía demasiado habituados a vivir en una política que ya no es bipartidista sino multicolor.

Dicho eso, también es cierto que hay determinados comportamientos que resultan infantiles, incluso provocadores de forma innecesaria. Porque no se reconoce con claridad si las puestas en escena corresponden más a un problema ideológico (que en la gran mayoría de ocasiones no lo parecen), sino en hablar hacia el interior de su partido para demostrar que estar en el gobierno no significa haber cambiando, que llevar coleta o moño significa lo mismo.

Cuando se roza el infantilismo, la ridiculez en la escenografía, las palabras gruesas y simples para mostrar identificación, el uso del twitter por miembros del gobierno (algo que da grima en responsables serios que deben medir mucho lo que dicen en voz alta), los debates forzados que parecen montajes publicitarios, los insultos a miembros del propio gobierno pero del partido contrario, la estrategia de bloquear al consenso con otros partidos buscando más el enfrentamiento entre bloques por puro interés partidista pero no por beneficio social ni por inteligencia estratégica, entonces es cuando las acciones preocupan, porque se ve que las diferencias dentro del gobierno de coalición, legítimas y lógicas, acaban suponiendo sencillamente un intento de diferenciación publicitaria y un tanto demagógicas.

Eso es lo que ha ocurrido con los presupuestos acordados por el gobierno, y que luego encontramos una enmienda de Unidas Podemos con otros grupos parlamentarios, forzando el apoyo al gobierno.

O es lo que ha ocurrido con el documento cerrado sobre la coordinación del dinero de Europa y que, al salir a prensa, el vicepresidente se da cuenta, o alguien le tira de las orejas, que debe mostrar discrepancia porque su negociación no ha sido fructífera para su propia formación política.

Chiquilladas, seguramente, pero que evidencian falta de madurez política y muchas ganas de protagonismo.

Eduardo Madina, quien realiza análisis políticos muy lúcidos, comentó que la democracia ha cambiado más a Podemos que este partido a la democracia. Así es, ellos eran antisistema, entraron en el sistema a velocidad vertiginosa, y a mayor velocidad entraron a formar parte de un gobierno de coalición, pero en ese intervalo de tiempo, todavía no se han desprendido de mucha arrogancia pueril.