Los acontecimientos políticos de estos días han dejado al descubierto el prematuro envejecimiento de unas supuestas nuevas formaciones políticas, que llegaron con un discurso de regeneración de la actividad política y de la democracia, y han acabado siendo una caricatura, una mala copia ampliada de todos los vicios que supuestamente iban a corregir.

Los discursos han entrado en total contradicción con los hechos. Por eso, en estos momentos, de teatralidad y engaños para ocultar sus ansias de poder a cualquier precio, es bueno recordarles dos lecciones esenciales en democracia; y para que la democracia pueda sobrevivir.

Primera lección de democracia: hay que combatir a los que pretenden acabar con la democracia.

Segunda lección de democracia: no hay que intentar nunca normalizar alianzas con partidos políticos que pretender acabar con la democracia, con tal de llegar al poder.

Que revelador, porque al que más se le han visto las costuras, ha sido a Ciudadanos, cuya deriva ha dejado al descubierto Manuel Valls, con su aplicación práctica de las dos lecciones de democracia. Unas actuaciones, las de Valls, que no solo no han sabido reconocer, apreciar y apoyar en Ciudadanos, sino que han acabado provocando una nueva rabieta, en este caso institucional, rompiendo su propio grupo político en el Ayuntamiento de Barcelona.

Este hecho, aleja a Ciudadanos aún más de poder ser alternativa de nada, no ya a nivel global, sino en la propia derecha que pretendía liderar, aun a costa de crispar y dividir a la sociedad española. Que lejos queda ya ese Ciudadanos, hoy ya inexistente, que pudo ser y se quedó en nada.

Una nadería, que contrasta con lo hecho por Manuel Valls, una vez conocidos los resultados electorales. ¿Qué ha hecho? Combatir a los que pretenden acabar con la democracia. Combatir a los independentistas.

Eso es exactamente lo que ha hecho Manuel Valls en Barcelona. De todos es sabido que está en las antípodas de lo que representa Ada Colau, pero ha antepuesto su compromiso con Barcelona. Su compromiso como servidor público. Su compromiso con la responsabilidad de evitar que Barcelona tuviera un alcalde independentista.

Que distinta actuación política la de Manuel Valls, centrando el debate político, de la de Ciudadanos escondiéndose tras su triunfo en las elecciones autonómicas en Cataluña.

Que distinta actuación política la de Manuel Valls. A la vista, con claridad y sin rodeos:

  • “La política en el mejor sentido de la palabra es muy a menudo escoger la solución menos mala. Vuelvo a decir que estamos ante una cuestión de principios, una cuestión de valores”.
  • “Queremos evitar, tenemos que evitar, que la ciudad tenga un alcalde independentista. La prioridad es evitar que Barcelona sea la palanca del independentismo y la capital de una república imaginaria, lo que Ernest Maragall prometió que haría. Y su discurso desde el domingo lo confirma. Nosotros no queremos que Barcelona esté al servicio del independentismo y de una causa que divide la sociedad”.
  • “Barcelona tiene unos valores y unos principios. Sus intereses son incompatibles con el independentismo. Incluso en los momentos más difíciles, ha confirmado su vocación de ciudad abierta, diversa, proyectada al mundo, orgullosa de su capitalidad”.
  • “Es crucial que de las reflexiones y el debate que se han configurado estos días salga un gobierno capaz, capaz de gestionar la ciudad, respetuoso con la Constitución y que pueda hacer frente a los problemas pendientes que tiene Barcelona. Pase lo que pase, estaremos vigilantes. Con nuestros principios y nuestras propuestas para una ciudad segura, solidaria, abierta”.
  • “Estoy dispuesto a contribuir a una solución positiva para Barcelona y a impulsar una confluencia de los gestos de responsabilidad que son tan necesarios en este momento”.

Y sin más, ofreció los votos para evitar un alcalde independentista en Barcelona. Cosa que finalmente ha sucedido. Qué distinto a las oscuras negociaciones de Ciudadanos. Pero, qué esperanzador para Barcelona.

Y en estas estábamos, cuando Ciudadano ha cometido otro grave error, rompiendo con Manual Valls y anunciando la formación de grupo propio en el Ayuntamiento de Barcelona, con la excusa del apoyo de éste a la elección de Colau como alcaldesa.

Otro grave error de Ciudadanos. Pero, sobre todo, otra gran mentira, porque lo que de verdad duele en Ciudadanos es que toda España se haya dado cuenta de su incumplimiento de la segunda lección de democracia: no hay que intentar nunca normalizar alianzas con partidos políticos que pretenden acabar con ella, con tal de llegar al poder.