La cuestión española, el hecho territorial, el problema de la organización territorial del Estado, como se quiera denominar, no sé si debe ser el primero pero sí que es un tema primordial en la discusión que el PSOE debe tener para encarrilar propositivamente su futuro. Máxime cuando los socialistas han tenido en este tema un exceso de tactismo en los últimos años que es lo que ha conducido al desconcierto actual. Como bien dice el historiador Abdon Mateos: “…las guadianescas definiciones federales del PSOE no han sido desarrolladas ni en el pasado siglo XX ni tras recientes declaraciones como las de Granada”[i].

Establecer las claves de este debate no es tarea fácil, supera con mucho una cuestión doctrinal sobre Teoría del Estado, Ciencia Política, Derecho Constitucional, etc. La descomposición, en los últimos años, de las relaciones entre el Gobierno de España y el de la Generalitat de Catalunya ha forzado sin mucho sentido a posicionarse en un lado u otro de la línea, ante el temor de ser descalificado del tirasoga en el que se ha convertido la cuestión. Se ha conducido todo a un agujero negro estableciendo un fatalismo sobre las posibilidades de encontrar soluciones políticas satisfactorias para todos en una cuestión tan vieja, como la propia configuración de España, como peculiar unidad jurídico-política y administrativa, ya que culturalmente está llena de lagunas.

Con carácter previo a cualquier debate habría que responder si a los ciudadanos progresistas, jóvenes, formados y urbanos les preocupa esta cuestión, ocupando realmente el problema identitario algún lugar en su escala de valores, más allá del rechazo a una política del desencanto. En caso afirmativo, habría que saber si el problema identitario es posible traducirlo en políticas concretas, que influyen realmente en la vida cotidiana. Por otro lado, hay que ser conscientes que generacionalmente el debate está trufado. El concepto de “nación” fue contaminado ideológicamente por el franquismo, mientras las dictaduras americanas pusieron en cuestión el concepto de Seguridad Nacional no hicieron lo mismo con el sentimiento nacional. Allí la izquierda diferenció nítidamente entre la patria y los patrioteros. En España los partidos de izquierdas tardaron en interiorizar el hecho nacional y en marcar nítidamente, de forma entendible para los ciudadanos, la diferencia con los nacionalismos periféricos. La libertad en el Estado y no frente a él. Si doctrinalmente es un tema polémico y nada pacífico, donde los ardores ideológicos brotan fácilmente en la política, ha sido, y es, un tema recurrente que mantiene y potencia diferentes viveros electorales. Por ello, un buen número de responsables políticos juegan con los conceptos con tanta imprecisión como irresponsabilidad sin considerar que se está jugando con sentimientos.

Un debate imprescindible en el cual hay que buscar senderos donde la razón esté delante de emociones o visceralidades, no dando opción a la manipulación de datos económicos o jurídicos como se ha producido en el caso catalán. En donde se produce el contrasentido de que el Gobierno de la Generalitat cuestiona y quiere separarse del mejor cliente de su producción y el Gobierno de España vive en permanente conflicto con el territorio, que más renta aporta al Estado. En definitiva la estática dialéctica de las palabras gruesas debe superarse por los hechos que sí cambian realidades como bien dice el citado documento de Granada: “Ni el retroceso ni la ruptura son la solución que España necesita. Pero tampoco lo es el inmovilismo, porque hay realidades que están ahí y no se pueden ignorar”.

El Pacto de Gobierno en el País Vasco puede ser un primer avance en este sentido, comenzar a construir espacios de entendimiento y desdramatizar ensaladas de principios que no conducen a ningún sitio. Abrir caminos para el diálogo y el consenso donde todo, en definitiva, se puede hablar y donde lo importante, lo básico para el bienestar ciudadano, esté por encima del afán de girar la noria de la existencia y la esencia.

En este debate sobre una España en la que quepan y se sientan a gusto todos, tiene que proyectarse inexcusablemete en la renovación de una Europa en profunda crisis en la que puede que pronto se entre en procesos de exclusión en lugar de inclusión. Ello básicamente por el mismo problema que está teniendo España, por el hecho de poner el dedo en las políticas de las instituciones, de las organizaciones, de los intereses partidarios y en los repartos de poder en lugar de las políticas ciudadanas (sanidad, educación, consumo, justicia, refugiados, seguridad….) que son las que implican a los individuos sin perjuicio de donde se nace o se vive.

[i]http://www.elsocialistadigital.es/opinion/item/15271-el-psoe-y-espanya-como-nacion-entre-el-debate-interminable-y-el-acuerdo-inalcanzable.html#.WDNrTASQHzQ.twitter