El pasado 25 de febrero algunos diarios publicaron una curiosa foto donde aparecían juntos Donald Trump y el presidente de Vox, Santiago Abascal. Según informa el propio partido Vox, el ex Presidente y el dirigente español de la extrema derecha tuvieron una reunión de quince minutos durante una reunión de la extrema derecha estadounidense, la Conferencia Política de Acción Conservadora. En esa reunión Trump animó y felicitó a Abascal y hasta le calificó como uno “uno de los mejores líderes mundiales” (ABC, 25 de febrero de 2024).

Quienes conocen cómo son los actos políticos no deben dar demasiada importancia a la noticia. Por un lado, Trump se sitúa, como es notorio, en la extrema derecha de su país y acude a los actos frecuentes que los extremistas celebran, aunque no tengan una relación orgánica con el Partido Republicano. Por otro lado, no ha de extrañar que una convención ultraderechista estadounidense invite a Vox y a su dirigente. Y, en fin, tampoco ha de sorprender que los extremistas reunidos en la conferencia se muevan para favorecer a su homólogo en España. Sin embargo, tres cuestiones se suscitan ante esta noticia.

En primer lugar, llama la atención lo poco diligentes que han estado los responsables de relaciones internacionales del Partido Popular. En las relaciones que el Partido Popular tiene con el Partido Republicano de Estados Unidos alguien ha cometido un error, pues si bien es cierto que la conferencia no era de los republicanos, Trump sí lo es y no puede ir dejando mal a sus correligionarios europeos.

En segundo lugar, aunque no es una reflexión nueva, sino la confirmación del asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021, la conexión con la extrema derecha hace de Trump un candidato peligroso para la democracia, en Estados Unidos y fuera de este país.

En tercer lugar, y quizá sea esto lo más preocupante, el pequeño éxito de Abascal puede mover a los dirigentes del Partido Popular a acentuar sus rasgos ultraconservadores. La desaforada (y ahora sabemos que también cínica) campaña contra la amnistía es un ejemplo del deslizamiento del Partido Popular hacia el extremismo conservador y podríamos poner otros ejemplos, pero la entrevista de Trump con Abascal puede inducir al Partido Popular a acentuar también su orientación extremista. En todo caso, no es buena noticia que una figura tan peligrosa para la democracia en el mundo apoye con más o menos entusiasmo a un partido español.