Max, el “bailarín mundano”, un hombre en continua huída de su pasado, es el gran protagonista de “El tango de la guardia vieja”. Un vividor, un buscavidas, que en su juventud embelesaba y amaba a cuantas mujeres de buena posición se ponían en su camino, obteniendo de ellas ganancias que le permitían sobrevivir. Pero, el “bailarín mundano” encontró a una misteriosa mujer de belleza y atractivo inigualables que le rompió el corazón y con la que mantuvo una hermosa historia de amor en diferentes etapas de su vida. Una relación que destilaba sensualidad y pasión por doquier y que, por ser como era, estaba predestinada a ser imposible, aunque nunca hasta sus años de madurez supo realmente cuáles eran los vínculos con aquella dama, que siempre le había acompañado en su soledad de náufrago aventurero.

Pero la vida es como es, algunas personas van y vienen y otras, aunque permanecen a nuestro lado a lo largo del camino, se ausentan en silencio, dejándonos zaheridos y con la incomprensión ante lo que pudo haber sido y no fue, pero con la percepción agradable de que estuvieron cuando debieron estar e incluso de que dieron tanto, que quizá por eso se fueron, para no defraudarnos.

Estoy segura que si leen esta novela y la recordarán en el futuro en sus momentos de paz interior, el tiempo parecerá que no habrá pasado y recordarán las emociones que les han evocado sus personajes: el amor, la pasión, la bondad, la lealtad, la maldad, la ambición, la codicia…. Y como en una sinfonía recorrerán el pentagrama con cientos de notas de sensibilidades contrapuestas.