Tan solo han pasado 100 días del Gobierno de Pedro Sánchez, pero el cambio en el panorama político español ha sido tremendo.

Eso sí, el PP ha hecho gala de su “débil memoria”, y Pablo Casado comienza su oposición como si su partido no hubiera gobernado hace tan solo tres meses. En fin, lo de siempre.

Pero se presenta un otoño movido, ya que en mayo tendremos tres elecciones: autonómicas, municipales y europeas. Antes serán las andaluzas. Y, la pregunta es qué hará Pedro Sánchez; ¿convocará elecciones?

La voluntad de Sánchez es convocar elecciones en el plazo adecuado, es decir terminar la legislatura y convocar en 2020. Algo que parece de sentido común ya que el gobierno que se ha formado no es un gobierno de trámite, sino con voluntad de emprender acciones políticas, y eso considerando que el lastre heredado es complejo y Sánchez dispone de escasos diputados.

Pero no lo tendrá fácil. El PP comienza una oposición de borrón y cuenta nueva; aunque a Casado le será difícil desprenderse del caso de su máster. Ciudadanos ha olvidado su “centro político” y cada vez estás más a la derecha de la derecha, mientras Rivera se mimetiza con Casado (a veces me cuesta distinguirlos).

Aunque el peligro más serio viene del independentismo catalán que, una vez más, derrapan con su toma de posición y su escenografía de confrontación. El 11 de octubre, los independentistas piensan usurpar la diada para sus propios intereses, olvidándose de la otra mitad de catalanes.

Pase lo que pase en Cataluña, cada vez más incomprensible y en un callejón sin salida, todos habremos perdido, gane quien gane. Cataluña fracturada por la mitad no puede generar vencedores, y eso es lo que todavía no ha comprendido el independentismo llevando sus posiciones al absurdo, y generando una tensión permanente y un daño social-económico imperdonable. Aunque lo peor, es el daño a los jóvenes que sueñan y creen en una Cataluña independiente como solución a sus frustraciones.

Este no es un conflicto romántico, ni de soñadores, ni de héroes, ni de vencedores.

Y, aunque todos amenacen a Sánchez con unas elecciones anticipadas, poniéndolo entre las cuerdas para no aprobar el presupuesto, la realidad es que a nadie (salvo quizás al propio PSOE) le interesa el adelanto electoral.