En el conflicto catalán se analiza todo. Y, cuando digo todo, quiero decir hasta el mínimo detalle. Como ya he tenido ocasión de decir anteriormente, hay mucho independenciólogo ocupándose del asunto.

Al parecer, el ya casi ex-President Puigdemont publicó hace unos días en Instagram una fotografía de un tablero de ajedrez con una jugada iniciada y, según decía Europa Press el pasado día 11 de octubre, a las pocas horas de esa publicación había cosechado ya 20.000 «me gusta». Realmente, el juego, casi deporte, del ajedrez es muy prestigioso y, para Puigdemont, dar la impresión de que está tratando la independencia de Cataluña como una partida de ajedrez puede darle un toque de intelectualidad.

El problema, como digo, es que en este tema se analiza todo e Instagram lo utiliza hasta algún experto en ese juego. Concretamente, un youtuber conocido como Reydama ha analizado esa fotografía desde el punto de vista ajedrecístico. Pueden verlo en youtube pero, con mucho gusto, yo se lo resumo.

Resulta que la jugada de la fotografía corresponde a la salida de blancas con el peón f a la casilla 3. Y resulta también que esa salida es, a su juicio, y casi al de cualquiera una vez oídas sus explicaciones, un auténtico desastre: impide la salida del caballo de reina, abre la diagonal a un posible ataque a su rey y, sobre todo, cede la iniciativa en el centro del tablero a las piezas negras.

Bueno, para empezar la partida no está mal. Si lo quisiera hacer peor quizás habría tenido que recurrir a tirar el tablero al suelo pero, a la vista de que Puigdemont no quiere seguir las reglas existentes y prefiere poner, él, las suyas propias, quizás quiera convertir sus peones en reinas y contar con un auténtico harén de piezas moviéndose en el tablero en todas direcciones.

Pero también puede ocurrir que Puigdemont se haya equivocado y, no solo eso, sino que él mismo se haya dado cuenta. Eso explicaría su cambio de táctica: hasta ahora, Puigdemont, jugando con piezas blancas, llevaba la iniciativa en el juego y era Rajoy el que, jugando con piezas negras, tenía que contestar cada movimiento de aquel.

Pero, el pasado 10 de octubre, y después de esos ocho segundos de vigencia de la DUI, Puigdemont entregó la iniciativa a Rajoy cuando neutralizó su anterior jugada y condicionaba su siguiente movimiento a la próxima jugada que hiciera el Gobierno Español. En ese momento, hizo un cambio de piezas cediendo las blancas y quedándose él con las negras.

El porqué de este gambito no está claro. Puede ser que se haya encontrado sin nuevas posibilidades abiertas para seguir el juego o puede pensar que las siguientes jugadas, las haga quien las haga, son de enorme riesgo. En todo caso, ha decidido jugar con negras a partir de ahora. Se debe encontrar más cómodo así.

Bien, en primer lugar, hay que recordar que la estadística de resultados de partidas entre grandes maestros dice que jugando con blancas se suele ganar el 55% de las veces, mientras que las negras solo ganan el 45% restante. Por ello, las casas de apuestas deben pagar ahora mejor la DUI, al tener menos probabilidades.

Pero, hablando de grandes maestros, lo que no sé si es el caso en el que estamos, la victoria suele ponerse del lado de quien es capaz de anticipar un mayor número de jugadas del adversario. Dependiendo de la dificultad de la posición de las piezas en el tablero, en el juego de ajedrez hay quien anticipa entre 5 y 15 jugadas siguientes. ¿Hay jugadores, en nuestro caso, capaces, no solo de anticipar varias jugadas del adversario, sino de atreverse a jugar las respuestas adecuadas?

Claro que, todo esto sería pertinente si se tratara, como sugería Puigdemont, de una partida de ajedrez, es decir, de un juego, casi un deporte. Pero tratar como un juego el incumplimiento de las leyes de un país europeo pretendiendo que el resto del mundo te ría la gracia solo porque se lo expliques en inglés, no denota un gran derroche de inteligencia. Ni siquiera la necesaria para jugar una partida de ajedrez.

Por eso, antes de tirar su rey sobre el tablero, está a punto de tirar el tablero catalán, con todas sus piezas, al suelo.