Para los estudiosos de la democracia americana, el sistema establecido hace más de dos siglos (desde 1787) por los padres fundadores ha sido, durante mucho tiempo, una de las mejores referencias de una democracia bien concebida y razonablemente operativa, basada en los principios de libertad e igualdad.

Hay que recordar que los revolucionarios norteamericanos que ganaron la Guerra de Independencia frente a los Ejércitos del Rey Jorge III, los más poderosos del mundo, no solo demostraron valor y determinación, sino también claridad de ideas y de propósitos sobre cómo constituir un nuevo régimen político que respondiera a las ideas y anhelos de libertad y constitucionalidad que postulaban los sectores ilustrados de las sociedades más cultas de la época, especialmente la Francia revolucionaria.

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