Una estimación puede centrarse en la medición del sistema de electorados o aspirar a una labor prospectiva. Una labor prospectiva siempre va ligada a escenarios dependientes primero de las dinámicas de participación/abstención, y en segundo lugar de las trasferencias entre partidos. La creación de escenarios implica poner en funcionamiento dichas dinámicas y observar que sucede. Es bien sabido que no se pueden medir posición y movimiento a la vez. Una o la otra. En una medición, se fijan las dinámicas y se estiman las posiciones. Después de medir posiciones (voto potencial a partidos), el sistema continúa con su propia vida de declaraciones polÃticas, crisis, sucesos y demás coyunturas.
Desde octubre es evidente que en estas elecciones se han producido dos procesos. La primera, una propagación del voto desde el centro derecha hacia la extrema derecha. Este hecho es consecuencia del calentamiento ideológico local. En estas elecciones no se ha producido un calentamiento ideológico global. Se ha producido un microclima en la derecha que generó un desplazamiento de masas electorales hacia el extremo. Una interpretación provisional es que Ciudadanos trasfiere a VOX y PP, asà como el PP a VOX, con lo que el crecimiento del PP se ve amortiguado, funcionando como cadena de transmisión. En un contexto de baja participación, el crecimiento de VOX es esencialmente por trasferencias hacia la derecha desde la derecha. Ese calentamiento ideológico es producto de las emisiones por parte de VOX de su COâ‚‚Â particular, como son los disturbios de Cataluña y de planteamientos simples, extremos y populistas. Ese calentamiento ha sido permanente para los electorados de derechas y podrÃa decirse que de los polvos que levantó la crispación vienen estos lodos ideológicos. Los electorados llevan inercia, y Casado puede frenar en seco, pero el tren sigue y le arrolla.
La reestructuración de la derecha tenÃa su motor de dos tiempos en Ciudadanos. El partido con electorados de decisión de participación más tardÃa, con decisión de voto según le convenga en cada momento, con menor fidelidad de partido, el más influido por lo que suceda en Cataluña, dividido ideológicamente en dos desde el inicio. Si a las propiedades de su electorado se le suma un lÃder errático todo puede suceder. Hasta una repetición de la historia de UPyD. No obstante, un partido minoritario con estas caracterÃsticas es una cosa, pero un partido con 4.136.600 votantes en abril era una bomba de volatilidad en el corazón del sistema de transferencias.
En octubre, la matriz de trasferencias recogÃa unas dinámicas diferentes a las que finalmente se han producido en el caso de Ciudadanos. Si el recuerdo de voto de Ciudadanos transferÃa de forma casi simétrica a los partidos que le eran contiguos ideológicamente (PP y PSOE), y experimentaba fuertes tensiones abstencionistas y de indecisión, los resultados de noviembre muestran un cambio de dinámica. Las intenciones de trasferencia hacia el PSOE se han bloqueado, optado sus electorados por la abstención y el voto al PP y VOX. La novedad respecto a octubre es que el electorado de centro derecha se ha disipado o radicalizado.
Si en la derecha el proceso ha sido de calentamiento local, en la izquierda el proceso ha sido de más fragmentación en un clima frio que facilita la contracción. Es evidente que no existe la unanimidad respecto a Cataluña que impera en la derecha, donde sus diferencias son de grado de acaloramiento. Allà tienen más en común que de diferentes como demuestra Madrid o AndalucÃa. En la izquierda, en el caso del PSOE, la propuesta de sensatez en un entorno absolutamente hostil (tanto por los bloqueos, como por la crisis territorial o las emergencias sociales) no encontró oÃdos suficientes de modo que la indecisión de octubre se precipitó en la abstención en noviembre. Unidas Podemos continúa ensimismada en su cÃrculo electoral, cada vez más menguante. Una organización polÃtica fragmentada territorial e ideológicamente que se apaga paulatinamente, con trasferencias mÃnimas a Mas PaÃs en un contexto de abstención. La oferta de gestión y sensatez del PSOE, junto a la constante referencia de Unidas Podemos a Sánchez como argumento de polarización en la izquierda, enfrió los electorados progresistas.
Todo lo demás es estándar, donde en participaciones bajas los partidos con electorados más estables suben o se visibilizan. En Cataluña, el conflicto entre ERC y JxCat se agudizó desde octubre, en un conflicto interno en el bloque independentista que volcó en noviembre a en detrimento de los primeros y a favor de los segundos.
Los dos procesos, de calentamiento ideológico local y concentración en la derecha, asà como de fragmentación frÃa en la izquierda definen las dinámicas principales que dibujan la foto final del 10 de noviembre.
