La familia, como institución social, ha merecido objeto de numerosas reflexiones a lo largo de la historia del pensamiento social. Desde el mundo clásico hasta la segunda mitad del siglo XIX, los estudios sobre este grupo primario, se enmarcaban dentro de la más pura tradición filosófica e histórica. A partir de ese momento, coincidiendo con el surgimiento de la Sociología y el desarrollo de otras Ciencias Sociales, muchos han sido los trabajos que se centrado en su estudio y evolución.  Profundizar, desde una perspectiva científica en la familia y su futuro, es tarea complicada, puesto es una construcción cultural, ideológica, histórica y política.

La Real Academia define a la familia como un “grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas” y como el “conjunto de ascendientes, descendientes, colaterales y afines de un linaje”. Dos perspectivas bajo el denominador común de los vínculos derivados del parentesco que, más a allá de las complejidades conceptuales, incluyen a la familia tradicional (nuclear biparental), pero también a las nuevas familias que han adquirido protagonismo en países como el nuestro (familias monoparentales, familias integradas por parejas de homosexuales y lesbianas, familias reconstruidas, etc). De ahí que sea más adecuado, en orden a mostrar su pluralismo, referirnos a esta institución básica en plural: FAMILIAS

Quizá las jóvenes generaciones desconozcan que desde el año 1954 hasta 1975, uno de los actos más tradicionales del régimen era la entrega de los Premios Nacionales de Natalidad, a los que concurrían familias con un número tan extraordinario de hijos que, en ocasiones, sobrepasaban la veintena. Las mujeres asumían, sin rechistar (“a la fuerza ahocan”), su rol de madres y esposas, lo debían hacer bien, así lo habían visto en su madres y abuelas, y quedaban subordinadas a los varones en una estructura social patriarcal. El primero que se concedió fue el 19 de marzo de 1947 al matrimonio de La Abadilla de Cayón, Tomas Pérez Cobo, de 41 años, y Esperanza Gómez Cobo, de 36, por tener 15 hijos. Cada año se entregaba medio centenar de premios, uno por provincia, que consistía en una ayuda económica. El Fundamento Social en el que se apoyaban era porque: “La prole numerosa es beneficio inmenso que la familia presta a la sociedad; por eso es justo que la sociedad premie y estimule a quienes con gran sacrificio levantan tan excepcional carga familiar”. Había de tres tipos: un premio de 15.000 pesetas para el matrimonio español que mayor número de hijo hubiera tenido, cincuenta premios de 5.000 pesetas para el de cada provincia con más hijos y uno de 15.000 pesetas para el que conservará el mayor número de hijos vivos (tengamos en cuenta la alta mortalidad infantil de aquellos años)[1].

El profundo cambio social que ha experimentado nuestro país desde la muerte de Franco, en el año 1975, hasta nuestros días, tiene su reflejo en las familias. Fue precisamente ese año, merced a la Ley 14/1975 del 2 de mayo[2], sobre determinados artículos del Código Civil y del Código de Comercio sobre la situación jurídica de la mujer casada y los derechos y deberes de los cónyuges, cuando las mujeres pudieron acceder a abrir una cuenta bancaria, administrar bienes comunes e, incluso, hacerse el DNI. Eso sí, siempre con permiso del marido. Si éste no daba su consentimiento, la mujer no abría una cuenta corriente y, mucho menos, sacaba dinero. No fue hasta la aprobación de la Constitución Española de 1978, cuando dejaron de ser dependientes de los hombres, tal como se contempló en el Artículo 1.1.: “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político” o en el Artículo 14, que estableció la igualdad entre los españoles independientemente del género, en los siguientes términos: “los Españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

Como vemos con la llegada de la democracia, las mujeres fueron tomando las riendas de sus vidas, compatibilizando su papel de madres y esposas con su actividad profesional, con elevados costes derivados de la conciliación familiar, que todavía hoy arrastramos. De hecho, el nuevo rol asumido por las mujeres en sociedades desarrolladas como la nuestra, tras su progresiva cada vez mayor incorporación al sistema educativo (tan solo en el ámbito universitario: 44,1% en 1980 y 55,6%[3] en 2020) y al mundo laboral extradoméstico (prueba de ello la elevación de las tasas de actividad laboral de las mujeres: 21,1% en 1980 y 52,91% en 2021)[4], ha sido uno de los principales motores del cambio social y de la propia dinámica familiar.

En concreto, ¿qué factores han dinamizado a la familia en las últimas décadas? Los factores que han impactado mayormente se coligan a la deriva de los valores sociales (libertad, individualismo, igualitarismo, democratización, pluralismo,  secularización, etc), a los cambios y coyunturas de la lógica económica (desarrollo económico versus crisis económica o crisis sanitarias como la vivida en el último año y medio), a la intermediación de variables de orden demográfico (aumento de la esperanza media de vida, bajas tasas de fecundidad, etc), a la presencia de factores científico-tecnológicos (especialmente, la utilización de anticonceptivos) y a las coyunturas políticas, concretadas en las diversas leyes que sobre la familia se han promulgado (entre las más relevantes, la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, la Ley 13/2005 por la que se modificó el  Código Civil y posibilitó contraer matrimonio a las parejas homosexuales o la reciente Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, tan necesaria en un momento, de especial significado, tras el aterrador caso de las dos pequeñas presuntamente asesinadas por su padre, en lo que ya hoy se ha instalado en nuestro vocabulario habitual como “violencia vicaria”.

Lo anterior, se ha traducido en que las familias españolas actuales son más reducidas que las de hace unas décadas y que la familia nuclear biparental ha dado paso a otras alternativas más diversas y plurales. La mayor presencia de hogares unipersonales, junto con el incremento de las familias monoparentales y de las parejas con un solo hijo (“hijo tesoro”) o sin hijos son una muestra de su evolución. Precisamente son las familias monomarentales (madres con hijos a su cargo), junto con las familias integradas por personas mayores de 65 años (mujeres viudas, fundamentalmente) y las familias numerosas las que se encuentran en unas circunstancias más desventajosas. Además, que las familias sean cada vez más reducidas es en sí mismo un dato inquietante de cara al futuro, pues la soledad es un factor exclusógeno clave, que hemos podido constatar en la era Covid. Por otro lado, las relaciones intergeneracionales han ido avanzando hacia una progresiva democratización, a pesar de los episodios dramáticos de violencia de género/familiar, que avanzados ya en el siglo XXI, remueven nuestras conciencias (según datos recientes del Ministerio de Igualdad, las mujeres asesinadas por violencia de género confirmados entre el 1 de enero de 2003 y el 28 de febrero de 2021 suman la escalofriante cifra de 1.081)[5].

¿Cómo es el futuro de las familias españolas?  En el futuro previsiblemente se asentarán las tendencias apuntadas con anterioridad, haciéndose preceptivo que desde el Estado de Bienestar se acometa su protección. Desarrollar un derecho de ciudadanía que garantice el acceso universal de servicios de ayuda a las familias, creando escuelas de infancia, potenciando las prestaciones para las personas mayores y dependientes, apoyando a los jóvenes, así como reestructurando las pensiones y salarios mínimos o de inserción, es prioritario. En los últimos años se están dando pasos significativos, aunque todavía queda camino por recorrer, cuando ello se consiga habremos alcanzado la igualdad real entre las mujeres y los hombres, al tiempo que las familias disfrutaran de un extraordinario bienestar. Estamos en el camino…

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[1] Véase, http://bvingesa.msc.es/bvingesa/es/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=1002097&responsabilidad_civil=on

[2]Véase, Ley 14/1975, de 2 de mayo, sobre reforma de determinados artículos del Código Civil y del Código de Comercio sobre la situación jurídica de la mujer casada y los derechos y deberes de los cónyugeshttps://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-1975-9245

[3] Ministerio de Universidades, Datos y cifras del Sistema Universitario Español Publicación 2019-202

Informe_Datos_Cifras_Sistema_Universitario_Espanol_2019-2020.pdf (ciencia.gob.es)

[4] INE, Encuesta de Población Activa, varios años.

[5] Véase. https://violenciagenero.igualdad.gob.es/violenciaEnCifras/boletines/boletinMensual/2021/docs/Principales_datos_hasta_febrero_2021.pdf