Una vez que el presidente del Gobierno ha decidido que lo mejor es convocar elecciones generales para que España continúe avanzado desde la tolerancia y el respeto, desde la moderación y el sentido común, ampliando derechos y fortaleciendo la cohesión social y territorial, la pregunta que se hacen los ciudadanos es quién ganará.

Ésta es una cuestión esencial durante todo el proceso electoral, porque da y quita ventajas a la hora de que un porcentaje de ciudadanos indecisos, al final, se decante por el candidato ganador.

Si hay que responder a esta pregunta de cara a las elecciones del 28 de abril, se puede decir que las elecciones las ganará el PSOE y su candidato, Pedro Sánchez. Esta afirmación, hasta hace muy poco, en la democracia española, significaba que se tenían todas las papeletas para obtener la confianza del Parlamento y poder formar gobierno.

Pero ahora, en un escenario político cada vez más fragmentado y donde habrá cinco partidos con un número significativo de representantes en el Parlamento, hay que preguntarse no solo quién ganará, sino también, y más importante, si el que obtenga más representantes podrá contar con otras fuerzas políticas para formar gobierno, o habrá una coalición a la andaluza, sin complejos, para ocupar el poder y restringir derechos y libertades.

Esta segunda cuestión es la que se va a jugar en las próximas semanas en España. Y aquí, es esencial que el gobierno socialista continúe gobernando para mejorar el bienestar de los españoles, a pesar de las presiones.

Si, gobernando. Y frente a declaraciones como las del presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, diciendo que “el gobierno debería tener la decencia de no legislar de aquí al 28-A”, hay que responderle, con serenidad pero con firmeza, que el gobierno del PSOE va a tener la decencia de seguir gobernando mientras pueda legalmente, porque el bloqueo de las derechas y los independentistas a los presupuestos sociales no puede afectar a los millones de españoles que más han sufrido con la crisis. Y a continuación, aprobar, entre otras, algunas medidas que mejoren los derechos laborales de los trabajadores.

Es entendible, que al presidente de la CEOE, con un sueldo que puede llegar a superar el medio millón de euros anuales y que él califica como una retribución humilde, no le hagan falta muchas de las medidas que ha realizado el gobierno. Pero a la mayoría de los españoles sí.

Estamos en campaña electoral y las derechas hablarán de electoralismo. Pero será sencillo, aclarar que lo que llaman electoralismo es justicia social y económica. Es progreso y bienestar.

Estamos en campaña electoral y las derechas hablarán de electoralismo y de utilizar en provecho del PSOE las instituciones. Olvidando el uso torticero que PP y Ciudadanos han hecho de su mayoría en la mesa del Congreso para bloquear leyes que tenían votos para ser aprobadas en el hemiciclo.

Será necesario explicar que PP y Ciudadanos han bloqueado la tramitación de la ley de la eutanasia, la derogación de la ley mordaza, la derogación de la reforma laboral, la modificación del voto rogado para que participen los españoles que viven en el extranjero, la ley de igualdad laboral, la ley sobre bebés robados, las prácticas académicas universitarias externas, la pobreza energética, la protección a los desempleados, la sostenibilidad del sistema de pensiones…

Estamos en campaña electoral y el PSOE ganará las elecciones. Por delante, tiene unas semanas de campaña electoral que van a ser determinantes para conseguir el mayor número de votos posibles. Dentro de la globalidad, de cara a poder gobernar van a ser decisivos los resultados que se obtengan en las grandes ciudades y en Comunidades como la Catalana y Madrid, donde existe un alto porcentaje de votantes que van a decidir a quién votar durante la última semana de campaña y el mismo día de las elecciones.

El PSOE ganará las elecciones y gobernará, aunque el camino no será fácil, tanto en una campaña que enfangarán los adversarios como tras el resultado. Mientras tanto, es bueno recordar el porcentaje de votantes que deciden cada vez más a última hora.