La población de la Unión Europea en 2020 alcanzó la cifra de más de 448 millones de personas, si bien disminuyó un 13% tras la salida del Reino Unido. De éstas, 167 millones eran menores de 29 años, a diferencia de las cohortes de personas mayores de 65 años, que se incrementan progresivamente. Desde 2005, en el contexto de los países europeos, hay más personas con más de 65 años (20,3% del total) que menores por debajo de los 14[1]. Según datos del INE, los ciudadanos entre los 20 y los 29 años rozan los 5 millones. Por su parte, 9,1 millones (el 19,7% de la población) tiene una edad superior a los 65 años (el 16,8% en 2010).

El envejecimiento demográfico es un fenómeno propio del mundo más avanzado. Específicamente la edad media en la Unión Europea ha experimentado un ascenso desde los 35,2 años en 1990 a los 45 en 2020. En España es de 43,8 años, revelándose desde el año 2000 un crecimiento de casi cuatro años (39,9).

Lo anterior se explica a tenor de la elevación de la esperanza media de vida y la caída de la fecundidad. Es de las más altas de todo el planeta (82,40 años) por encima de la media europea (78), la norteamericana y canadiense (79), la de Oceanía (76), la de Asia (72), la de América Latina y Caribe (72) y la de África (58)[2].

Respecto la fecundidad, como hemos revelado en un texto reciente en este foro, si en nuestro país en 1970 la tasa de fecundidad fue de 2,84 hijos por mujer, veinte años después bajó notablemente a 1,36, y desde esa fecha no ha dejado de hacerlo. El punto álgido fue el año 2000 (1,21). Según Eurostat ascendió en 2018 a 1,26, tan solo por detrás de Malta. Realidad estrechamente coligada a la situación que atraviesan los jóvenes, tema en el que nos centraremos a continuación.

El concepto de juventud es multidimensional: se corresponde con una fase vital concreta y es una posición socialmente construida. Históricamente ha estado vinculada a la edad biológica, pero avanzado el siglo XXI, ha adoptado nuevas perspectivas, al coexistir diversas modalidades de ser joven, de vivir y de sentir la juventud, coligadas a factores económicos, sociales y culturales.

Hasta hace apenas cien años los niños pasaban directamente de la protección de sus padres y madres a la adultez. Sus familiares más directos eran sus referentes y los emulaban en sus comportamientos, en una especie de vidas paralelas. En el mundo actual hiperconectado, los jóvenes tienen distintos modelos de conducta, que trascienden lo vivido en su entorno más directo. Como consecuencia de lo anterior, la adolescencia se ha ampliado hasta edades más avanzadas y ya no están claros los límites entre el novicio (el niño púber) y el joven, de igual modo que la juventud se ha ido también dilatando en el tiempo.

Diversas variables han coadyuvado a este cambio. Por un lado, el aumento de la esperanza media de vida, que ha modificado los ciclos vitales. Por otro lado, la universalización y obligatoriedad de la educación hasta los 16 años y la prolongación en el tiempo de los estudios universitarios, que ha extendido la edad juvenil más allá de los 25 años. Privativamente, las dificultades de acceso al mercado laboral les imposibilita normalizar sus vidas, a la par que se desenvuelven con una precariedad laboral muy notable.

La crisis económica del 2007/2008 les afecto muy negativamente, y la derivada del coronavirus les ha dañado doblemente en sus proyectos de futuro. Según un informe reciente del Consejo General de la Juventud: los menores de 30 años suelen trabajar con contratos temporales, en el primer semestre del 2021 el 29,6% se han visto afectados por un ERTE, hay 980.000 parados, de los cuales, un 26% antes trabajaba y un 20% han pasado a la inactividad.

Si a su problemática laboral, añadimos la de la vivienda, observamos que solo el 31% de los jóvenes menores de 34 años cuentan con una vivienda en propiedad. El Consejo General de la Juventud, ha denunciado que, a tenor del precio medio del alquiler, los jóvenes que trabajan sólo podrían acceder a una vivienda con un tamaño de 25,8 metros cuadrados. Además, para adquirirla en propiedad dedicarían más del 60% de sus ingresos mensuales para pagar el préstamo bancario. La problemática es de tal gravedad que para asignar el 30% de su salario a este fin, deberían doblar su remuneración hasta los 1.831 euros. Lo anterior ha dado lugar a que la edad media de emancipación sea de 29 años (18 en Suecia), lo que les genera trastornos de ansiedad y, en el día a día, no poder asumir los gastos contraídos.

Es urgente acometer cuantas medidas sean necesarias que les haga retomar las riendas de sus vidas. Iniciativas como la del Plan de Choque por el Empleo Joven (2019-2021) o el Plan de Garantía Juvenil Plus 2021-2027 (aprobado el 8 de junio por el Gobierno), son una muestra del buen camino a seguir. Y bienvenidas sean todas las ideas y programas al respecto….

Esta es la única senda, la de la justicia, la de los Derechos en mayúscula, que provean de oportunidades a las nuevas generaciones y les posibilite aprehender el estatus de ciudadanos de primera, en el marco de una democracia madura como la española.

_____________________________________

[1] Véase,  https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php/Being_young_in_Europe_today_-_demographic_

[2] Véase, https://www.worldlifeexpectancy.com/