¿Qué pretende Pablo Casado con la recuperación de la figura de Aznar?

Aznar devolvió al PP y a la derecha ideológica española la ilusión por gobernar. Con Aznar llegó también la ola conservadora más arrolladora que ha vivido España en toda su etapa democrática. Por eso, es normal que sean muchos los cargos públicos del PP (y seguramente muchos militantes también) los que honren su memoria porque ascendieron bajo el paraguas de este hombre “sin complejos”.

Pero esa ola “aznarista” tuvo gravísimas consecuencias negativas para la vida política, social y económica de nuestro país. Y no porque fuera un pensamiento conservador, sino porque él abrió la puerta a:

  • Un cambio de alianzas en relación a la Unión Europea, que se extremó con la guerra de Irak, y todo lo que aquel conjunto de mentiras supuso para las vidas humanas, así como para los acuerdos políticos basados en la ONU, en la convivencia y el diálogo.
  • El gran boom inmobiliario, que supuso la pérdida de mucha industria en nuestro país al derivar el crecimiento económico hacia una frenética y loca invasión inmobiliaria, así como destrozar las periferias de muchos municipios con planes urbanísticos que han quedado a medio hacer, o una gestión del suelo a merced del negocio y del precio sin ningún límite ni restricción.
  • Y una política llena de simplezas, de frases grandilocuentes y extremas, sin matices, que seguramente llenan de certezas la incertidumbre y el miedo de muchos ciudadanos, a cambio de ofrecerles falsedades o extremismos que dañan la convivencia social.

Quizás, Pablo Casado pueda sacar pecho de cualquiera de estas gestiones, y le parezca bien que su alianza internacional esté hoy más cerca de Le Pen que de Macron, o de Trump que de Merkel, por poner algunos ejemplos. Así como reivindique el “milagro económico” español basado en el boom inmobiliario, aunque supusiera el déficit de muchas familias, la pérdida de solidez industrial, o el destrozo paisajístico de muchos municipios. Y que su discurso se asemeja al de Aznar lleno de frases extremas, simples, y contundentes, más allá de la lógica política.

Pero, ¿cuándo Casado reivindica a Aznar y pretende establecer un hilo continuo lo hace también respecto a la corrupción? Porque la cara oculta de la gestión del gobierno Aznar fue lo que hoy todavía está juzgándose en los banquillos, las deudas que los españoles aún estamos pagando, el dinero público estafado, la confianza perdida de la ciudadanía en la gestión política.

La nueva alianza PP-Aznar-Vox no augura buenos tiempos para los españoles, pero tampoco para la refundación de un partido conservador que necesita limpiar su pasado y no exaltarlo, y que debería ofrecer propuestas serias desde su posición ideológica más allá de la simpleza de utilizar de nuevo la bandera española patrimonializando lo que a todos nos pertenece.