Tras la moción de censura fracasada, el panorama político español se ha asentado con un extraño fenómeno que es el relativo fortalecimiento de Mariano Rajoy a la cabeza del Gobierno. Cuando en diciembre de 2015 las elecciones legislativas señalaron el fin de la mayoría absoluta del Partido Popular y unos resultados muy escuetos (pero mejores que los obtenidos por el PSOE), Mariano Rajoy parecía tocado, impresión acentuada en los dos procesos de formación del Gobierno, en los que Rajoy se escapó (primera investidura) o dudó si comparecer en el Congreso (segunda investidura). Año y medio después de las elecciones de diciembre de 2015, un año después de las elecciones de 2016, Mariano Rajoy parece gozar de una cierta fortaleza política. Varias razones ayudan a entender esa fortaleza.

La primera razón, la más inmediata, es el efecto de la fracasada moción de censura. Como comentamos las dos últimas semanas (Javier García Fernández: “La moción de censura que no hizo Presidente a Iglesias Turrión. I. El desarrollo de la sesión” y “La moción de censura que no hizo Presidente a Iglesias Turrión. II. Consecuencias de la moción”, Sistema Digital, 16 y 22 de junio de 2017), la moción de censura ha contribuido a fortalecer a Rajoy y a su Gobierno, para transmitir que no tiene adversario hoy por hoy y que además cuenta con la benevolencia de Ciudadanos, de los Diputados canarios, de UPN y, con la abstención, del PNV. No se lo hubiera figurado en diciembre de 2015.

La segunda razón es la situación de Cataluña. Es una paradoja que una situación tan mal gestionada por Rajoy, por su Gobierno y por el Partido Popular sirva para fortalecer a todos estos. Aunque nadie lo ha comentado, la ridícula pretensión de Podemos por formular una segunda moción de censura después del verano tiene un óbice adicional, ¿cómo derribar a un Gobierno que ha de estar presto a impedir el pseudo-referéndum anunciado el 1 de octubre próximo? No digo que en su afán destructivo del régimen de 1978, Podemos e Iglesias Turrión no hayan pensado debilitar al Gobierno de la Nación para dificultar su acción ante el pseudo-referéndum, pero en este punto, es de suponer que Podemos se quede sólo con sus aliados. La conclusión es que no se puede debilitar a un Gobierno en el momento en que tiene que ser más apoyado ante la crisis más grave que ha sufrido España desde febrero de 1981.

La tercera razón de la fortaleza de Rajoy es, paradójicamente, la debilidad de sus Ministros. Los Ministros sirven a Rajoy como fusibles que se queman antes de que se queme él. Catalá está quemado (y reprobado) y también lo estará Montoro. Pero esos Ministros son el cortafuegos que impide que el incendio llegue a la Moncloa. Por eso me parece constitucional y políticamente inapropiado reprobar Ministros, cuyos errores desvían la atención hacia el verdadero responsable que es el Presidente. El Congreso reprobará Ministros, Rajoy no los cesará y la oposición perderá el tiempo denunciando a los subalternos.

La cuarta razón de la fortaleza de Rajoy es su inteligente política parlamentaria. Sin mayoría en el Congreso (y por tanto, en su Mesa), Rajoy está maniobrando para obtener apoyos en los pocos puntos que realmente le importan (los Presupuestos, la moción de censura). Aguantará así mucho tiempo, sin aprobar proyectos de ley y con la recámara del Senado para impedir que la oposición tramite proposiciones de ley.

Es verdad que esas fortalezas se ven debilitadas por la corrupción. Pero, aparte de servir de motivos para las falsas mociones de censura de Podemos, la corrupción resta votos al Partido Popular pero no impide que muchos españoles sigan votándolo. Es una debilidad, pero en todo caso, una debilidad relativa.