Si leemos a los principales creadores de opinión de este país (Cadena SER, El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia) pensaríamos que ha caído sobre España un nuevo 1898. El pesimismo y la depresión que produjo la pérdida de las colonias ha llegado otra vez por la incapacidad de los “políticos” de entenderse, por su egoísmo ante unos ciudadanos inermes y pasivos que “no se merecen” este trato. Pero, ¿de verdad vive España una situación de pesimismo y de depresión? ¿Quién será el nuevo Laín Entralgo que escriba sobre el hundimiento moral de los españoles?

Yo creo que el alarmismo no estå justificado, Es verdad que Podemos y su líder Iglesias Turrión han vuelto a impedir por cuarta vez que se forme un  Gobierno socialista duradero, Es verdad que Ciudadanos y su dirigente Rivera han abandonado el centro y compiten con el Partido Popular y con Vox a ver quien ocupa la extrema derecha. Y es igualmente cierto que el Partito Popular no ha sido coherente con la petición que formuló en otoùo de 2916 para que el PSOE se abstuviera ante la investidura de Rajoy. Pero eso no significa que el país haya sido arrasado por una ola de depresión colectiva. La situación es fåcil de entender sin caer en esencialismos propios de cierta psicología social.

Lo que ha ocurrido en este paĂ­s, mĂĄs allĂĄ de que obligue a acudir a nuevas elecciones, es que cada partido ha actuado conforme a sus intereses y a sus principios;

  • los intereses de Podemos, como ha ocurrido desde 1917, son impedir que un partido socialdemĂłcrata gobierne;
  • los intereses y principios de Rivera son la venganza porque no perdona que el Presidente SĂĄnchez le “arrebatara” una Presidencia que ya tocaba con la yema de los dedos en abril de 2018. Y para recuperar el primer puesto de salida en la carrera hacia la Presidencia ha diseĂąado una operaciĂłn polĂ­tica consistente en situarse en la derecha sin matices centristas que quizĂĄ le salga mal;
  • y los intereses del Partido Popular siendo mĂĄs coherentes y lĂłgicos (recuperar el Gobierno perdido), se ven enturbiados por la referida falta de coherencia pues no se entiende que lo que era vĂĄlido y legĂ­timo en el otoĂąo de 2016 ahora haya dejado de serlo.

ÂżSignifica que EspaĂąa o los espaĂąoles estamos sumergidos en una crisis moral y de convivencia? No. La verdadera crisis moral y de convivencia se viviĂł en EspaĂąa entre finales de 2011 y 2014, entre las elecciones del 20 de noviembre y la abdicaciĂłn del Rey Juan Carlos, con la crisis econĂłmica que Rajoy aprovechĂł para triturar el Estado social, con la crisis de legitimidad del Jefe del Estado, con un PSOE que no logrĂł trasmitir a los ciudadanos su capacidad de alternativa y con la eclosiĂłn del independentismo catalĂĄn fomentado por la propia Generalidad y su Presidente Artur Mas. Esa sĂ­ que fue una crisis no tanto moral (que nos lleva peligrosamente a la metafĂ­sica) como social, econĂłmica, territorial y de legitimidad del sistema polĂ­tico. Una crisis, en definitiva, mĂĄs prĂłxima a la que sufre hoy el Reino Unido.

Antes de continuar quisiera introducir una digresión. En el Congreso laborista británico que acaba de finalizar tanto Corbyn como una parte de las Trade Unions (no todas) han impuesto que el Labour siga instalado en la ambigüedad, sin pronunciarse claramente contra el Brexit por temor a perder unos cientos de miles de votos del Norte de Inglaterra. Éste es el ejemplo de un partido que renuncia a liderar la sociedad y que se acomoda timoratamente a la natural complejidad de la sociedad sin atreverse a tomar posturas que le acarreen perder votos (o ganarlos). Así el Partido Laborista nunca recuperará el Gobierno porque nunca se puede contentar a todos y un partido con ambición de gobernar ha de fijar una línea política clara, dirigirla con firmeza e intentar convencer a la mayoría de los votantes. El Labour lo hace al revés. Fin de la digresión.

El ejemplo del laborismo nos sirve de contraste con la situaciĂłn espaĂąola. Los creadores de opiniĂłn que se sitĂşan en la izquierda y en el centro no han sido capaces de comprender el punto central, nuclear, de la situaciĂłn polĂ­tica espaĂąola. Y ese punto central y nuclear es que hay un partido, el P.S.O.E., que ha preferido acudir a unas nuevas elecciones (con los riesgos que tiene toda elecciĂłn) antes que gobernar en precario. El Labour hubiera hecho lo contrario y para contentar a todos y no enfrentarse a nadie hubiera formado un Gobierno de coaliciĂłn de imposible gestiĂłn.

En definitiva, todo el drama moral que algunos descubren en EspaĂąa se contrae a que hay un partido y un Presidente con una idea clara de la acciĂłn de Gobierno y aspira a que los electores la asuman sin ambigĂźedades. El PSOE y SĂĄnchez se han arriesgado con vocaciĂłn de dirigir polĂ­ticamente este paĂ­s desde el Gobierno. Lo conseguirĂĄn o no pero no se les puede acusar de ambigĂźedad, de pasteleo o de querer contentar a todos. .