El FMI acaba de emitir un nuevo informe (https://www.marketplace.org/2020/10/13/imf-encourages-countries-where-covid-exacerbating-extreme-deprivation-keep-spending-safety-net/). Se trata de la contabilizaciĂłn del gasto pĂşblico como porcentaje del PIB en las principales economĂas del mundo. Los datos son elocuentes: el apoyo directo a la economĂa en EspaĂąa llega al 3,6% del PIB, mientras en los paĂses mĂĄs avanzados esa ratio friega el 10%. Nueva Zelanda, con el 21,5%, lidera el ranking, un paĂs que, ademĂĄs, estĂĄ reconsiderando el PIB como Ăşnica medida para evaluar la calidad social de las acciones econĂłmicas que se puedan desplegar. Un ejemplo a seguir. EspaĂąa se encuentra en niveles parecidos a Corea del Sur, Finlandia, BĂŠlgica y PaĂses Bajos. Alemania, con un 14,4%, establece un importante nivel de apuesta del gasto pĂşblico para atajar los problemas econĂłmicos derivados de la pandemia. Ahora bien, el dato espaĂąol es corregible, por varias razones.
En primer lugar, porque la prima de riesgo no estĂĄ sometida a las presiones que conocimos durante la Gran RecesiĂłn; es decir, hay margen para seguir impulsando el gasto pĂşblico para mejorar una situaciĂłn econĂłmica que va a ser mĂĄs difĂcil de lo esperado en los Ăşltimos meses de 2020. En segundo tĂŠrmino, porque el paĂs puede endeudarse todavĂa mĂĄs, a pesar de que su nivel de endeudamiento ya supera con creces el 100% del PIB. Ambos elementos son cruciales para ofrecer unas coordenadas de posible gasto mucho mĂĄs generosas, mĂĄs acordes con la evoluciĂłn que se estĂĄ viviendo en las economĂas mĂĄs desarrolladas. Ăstas no estĂĄn dudando lo mĂĄs mĂnimo en incentivar polĂticas de estĂmulos, para enfrentarse a la anunciada anemia de la demanda y del consumo. En el caso de EspaĂąa, los datos son menos halagĂźeĂąos que los reconocidos en Europa: mayores caĂdas del consumo, de la inversiĂłn; en definitiva, de los motores esenciales para la recuperaciĂłn.
En tal sentido, la inversiĂłn no puede fiarse estrictamente a los fondos europeos, que previsiblemente llegarĂĄn en 2021, sin que acertemos a atinar su calendario. El esfuerzo propio va a ser decisivo durante estos prĂłximos e inmediatos meses; de ahĂ que resulte vital disponer de unos PGE que se alineen claramente con una recuperaciĂłn que, en esta crisis, estĂĄ saltando las barreras escolĂĄsticas del control del dĂŠficit y la deuda. De alguna manera, todos se han vuelto keynesianos, malgrĂŠ tout. Frente a esto, ante tales posiciones de economĂa aplicada, con indicadores recogidos en este reciente trabajo del FMI, siguen sorprendiendo las llamadas de los austericidas, que claman por mayores controles presupuestarios advirtiendo la enorme factura que se va a dejar a nuestros nietos. Son los mismos argumentos que se utilizaron a raĂz de la Gran RecesiĂłn, para aplicar medidas draconianas del control del gasto que no resolvieron âdĂgase lo que se diga por parte de aquellos mismos vocerosâ los graves problemas sociales y econĂłmicos que se desencadenaron. Datos cantan.
Se ha entendido, y esperemos que sea algo mĂĄs definitivo que en ocasiones anteriores, que el Estado no sĂłlo no es el problema, sino que en momentos de recesiĂłn se traduce en la soluciĂłn, en la vĂa plausible para contribuir a una salida menos onerosa sobre todo para las capas sociales y econĂłmicas mĂĄs vulnerables.
