Amenazas, mentiras, ataques, medias verdades, falsedades absolutas, todas estas situaciones se han dado en la Comunidad de Madrid en estos días por parte de la presidenta autonómica y su equipo de colaboradores más cercano.

No ha importado conculcar la libertad de prensa “triturando” los derechos fundamentales de un medio de comunicación por parte del Jefe de Gabinete de la presidenta de la Comunidad. No ha importado difundir datos que debía custodiar el Director de Seguridad de la Comunidad de Madrid atentando contra la intimidad de dos periodistas que estaban realizando su trabajo. No ha importado señalar a la fiscal de un caso de fraude contra la Hacienda Pública, ni al propio cuerpo de inspección de la Agencia Tributaria acusándoles de realizar inspecciones salvajes.

No ha importado traspasar todas las líneas rojas, que una institución como el gobierno de la Comunidad de Madrid debería haber respetado y cuidado.

La maquinaria de Sol, dirigida por Miguel Ángel Rodríguez y validada por Isabel Díaz Ayuso, ha trabajado sin descanso y utilizando cualquier medio, incluida la mentira, para intentar escapar de un nuevo escándalo de corrupción, nepotismo, fraude y pelotazo, que cerca nuevamente a la propia presidenta de la región a través de las actividades y negocios poco claros de su pareja.

Es verdad que les valió en el caso de las mascarillas del hermano de Díaz Ayuso. Su estrategia de “a por todas y a por todos” con tal de salvar a la presidenta, le costó el puesto al denunciante. Que no era otro que el Presidente nacional del Partido Popular, Pablo Casado. Desde Sol se filtró la noticia del espionaje sobre Ayuso, se victimizó a la presidenta de la Comunidad de Madrid, y se montó una concentración en la puerta de Génova 13 en la que se pedía la dimisión del propio Casado. Todavía nos resuena aquella frase  célebre de “la cuestión es si cuando morían 700 personas al día se puede contratar con tu hermana y recibir 286.000 euros”. Le costó la presidencia del PP. Entre otras cosas porque los dirigentes territoriales del Partido Popular miraron hacia otro lado al oír la palabra corrupción. Entre ellos, el propio presidente de la Xunta de Galicia de entonces, Núñez Feijóo. Fue, junto con el hermano de Ayuso y la propia presidenta, uno de los más beneficiados de aquella operación.

Sin embargo, parece que esta vez, la baza del victimismo era difícil de mantener desde Sol. Es difícil ser víctima desde un Maserati. Y pasaron a la fase macarra directamente. La confirmación de las amenazas al medio que ha destapado el caso del fraude fiscal de la pareja de Díaz Ayuso por parte de su mano derecha en su gabinete, el tono chulesco con su “adiós preciosa” a una periodista, el envío de información falsa y fotografías sobre la actuación de periodistas de otro medio de comunicación, con el objeto de intimidar a quien trabaja desde la libertad de expresión, debería valer para que cesara en el cargo el autor de estas barbaridades. Sin embargo, se le justifica y se le confirma, ya no solo por parte de la Presidenta autonómica, también por el gobierno regional y por el Partido Popular del señor Feijóo, incapaz de efectuar ninguna intervención como si fuera terreno vedado.

Ya sabemos que la señora Ayuso aprueba estas prácticas mafiosas, desde una institución que tiene un presupuesto de casi 30.000 millones de euros, sin reparo alguno a hacer uso de su capacidad millonaria para contratar campañas de publicidad con cargo directo a los presupuestos, o de encargar a través de Telemadrid programas a diversas productoras. De hecho ella las aprueba, las valida y, supongo, que hasta las exige. Pero qué hace el señor Feijóo. ¿Considera admisible que la máxima dirigente de su partido en Madrid utilice métodos cuasi totalitarios para evitar dar explicaciones sobre los escándalos que la rodean?.

El fraude fiscal de su pareja, sus negocios oscuros con empresas sanitarias, en especial con el grupo Quirón, la compra de coches ostentosos y viviendas de lujo sin dejar claro cómo se han pagado y si la Presidenta acepta el uso y disfrute de un ático de lujo de una empresa a cambio de nada, algo que debería explicar también. La duda sobre unas obras ilegales que parece que se han hecho, la aparición de sociedades en Miami y en Panamá de las que no sabemos su actividad y su fin. Son demasiadas dudas que no es que no haya despejado la máxima responsable de la Comunidad de Madrid, sino que incluso ha mentido y posteriormente amenazado.

Hoy sabemos que una juez ha imputado a la pareja de la presidenta de la Comunidad de Madrid por fraude fiscal y falsificación contable. Quizás, hayamos empezado a descubrir los beneficiarios de la privatización de la sanidad madrileña. Quizás por eso, ese nerviosismo en Sol y esa incomparecencia en Génova. Pero de lo que no hay duda es que el miércoles 13 de marzo Ayuso mintió en una rueda de prensa en la que apoyó el fraude fiscal si era de su pareja. Por eso, y por lo que vendrá, hoy debería dimitir.