En apenas unas semanas, la España en bucle en la que en el cuarto de “problemas pendientes” figuraba el letrero “completo”, ha iniciado una marcha que a veces parece vertiginosa y otras un guion escrito con anterioridad pendiente de ser puesto en escena.

Todo es consecuencia de un efecto óptico producido en nuestro cerebro, resultado de haber estado tanto tiempo sedado. No ha habido tiempo efectivo para que los nuevos gobernantes hayan puesto en orden sus carpetas, marquen en ellas urgente o importante, y conformen sus equipos para afrontar este tiempo que, aunque presumiblemente corto, también sea intenso para conseguir el objetivo de normalización política de España.

La premura no estará exenta de errores, pero siempre es mejor el yerro por acción, que por omisión. Lo importante es que el camino se trace desde la racionalidad política y no desde el impulso emocional, por actores y detractores que ya han surgido.

Obligado era recuperar la agenda europea, se ha hecho a gran velocidad, no quedaba otra, mostrando una inequívoca vocación de estar entre los Estados de la Unión, dispuestos a ofrecer soluciones y no limitarse a un mero seguidismo en lo económico y en lo político. Se ha evidenciado afrontando el tema más grave de Europa, la cuestión migratoria. El nudo gordiano del futuro europeo y de su modelo de convivencia colectiva.

Habrá que arbitrar medidas excepcionales que palien el drama humano, pero eso no es suficiente, requerirá una estrategia conjunta. Un verdadero Plan Marshall para África, como ha señalado Sánchez, que saque a los países de origen de la pobreza. Obligará a que los 28 muestren, no sólo una voluntad común, sino un compromiso cifrado en recursos. Ello pasa por una cumbre UE –África con asunción, por ambas partes, de compromisos reales. Una hoja de ruta que transforme en profundidad la realidad africana y que Europa debe fiscalizar para que los fondos no vayan a destinos distintos de los previstos. Hay que hacer también una gran labor de pedagogía con la ciudadanía europea para que entienda que su mundo ya no va ser como era, donde la zona de confort va a ser alterada. Eso pasa por incorporar a la población migrante dentro de las fronteras europeas, no como un problema, sino como una oportunidad para combatir el descenso de natalidad, la despoblación y la crisis fiscal. Eso es trabajar por el bienestar mirando al futuro.

Esta prioridad europea, de la cual aún estamos lejos de encontrar soluciones eficientes, exige que el nuevo gobierno también diseñe, en el marco europeo, su propio Plan para afrontar las migraciones. Las barreras y campos de acogida, que nos quede claro, es pan para hoy y…

Las otras cuestiones de la agenda europea son, sin duda, menos urgentes pero también importantes, desde la Seguridad y Defensa hasta la reforma de la eurozona. Si queremos unir a la UE entorno a la cuestión migratoria, hay que incentivar y reforzar la solidaridad dentro de la zona euro, «estabilizar» la economía y fomentar la convergencia y el apoyo a los países de la moneda única. Fortalecer el euro es fortalecer una Europa que avanza en lo fiscal y financiero.

Una presencia más intensa y comprometida española en Europa también hace que el otro gran problema, “el catalán”, invierta su tendencia. La ciudadanía catalana entenderá pronto que la cosa está complicada en la Unión Europea, por los factores antes comentados y otros más como la guerra comercial abierta por Trump y por Rusia, que cuando puede echa un bidoncito de gasolina al fuego. Para encontrar soluciones sólo cabe mirar a la UE y fortalecerla; no encasillarse en derivas secesionistas paralizantes. Los catalanes lo percibirán pronto, ahora sólo hace falta que también lo vean los dirigentes y reconduzcan su camino hacia la legalidad constitucional y la búsqueda de consensos posibles.

No podemos enfrascarnos en polémicas estériles, como el acercamiento de los dirigentes secesionistas o su excarcelación, la cuestión ahora es hacer caminar por la senda de la política, la política de lo posible, la que cambia las cosas, la que nos hace avanzar a buen ritmo.

Por ello, es necesario atemperar los ritmos de cómo se afrentan problemas y sus soluciones. Los últimos meses de la vida de España han sido trepidantes. Su detonante ha sido quizás un título universitario que no existió y la mentira política que entorno a ello se construyó y ha terminado por un relevo gubernamental en la Nación, por no asumir la responsabilidad política con una sentencia condenatoria por corrupción. Ha supuesto un giro político que nos ha puesto de cara al espejo, viendo que la política no es toda igual y que los problemas se afrontan de cara y buscando soluciones. Aunque estas sean difíciles y requieran concitar el acuerdo de muchos con plurales alternativas. Esto es la política que pueden entender los ciudadanos, a los que hay que explicar lo que pasa y puede pasar, con transparencia y sin miedo a decir la verdad de lo que se puede hacer y en todo caso haciéndolo. Para muchos, esto puede ser mediocre, ausente de “relato” e incluso oportunismo.

¡Si pensamos de dónde venimos es revolucionario!