Con motivo del aniversario del “quieto todo el mundo” (un absurdo, dado que gira el mundo gira en el espacio infinito, con democracias que comienzan, democracias que terminan…) andan haciendo un “flash back” que más parece “flash black”. El golpe de Tejero permitió un fundido en negro del poder de la dictadura que, vaya paradoja, le permitió aparecer blanqueado poco después. Lo cierto es que nunca se fue la sensación de aliento en la nuca del que se sabe vigilado de cerca. Solo así se comprende los cuarenta años de abuso del hecho y del derecho que destaca a nada que se mire un poquito. Privilegios adquiridos por el “Noli me tanguere” que inspiró el pacto de la transición desde el principio. Los demócratas ganábamos el “Noli me tanguere” la cara a guantazos y los herederos del régimen un “Noli me tanguere” los cojones (me pido el comodín-bula del Nobel Cela) ni el patrimonio santo entre hombre y mujer.  Por el afecto de la memoria quiero pensar que fue un miedo no reconocido el que nombró ministro a Boyer y a tantos otros que asumieron el “no se puede” (terminar con el servicio militar, sacar a los insumisos del calabozo o al dictador de la cripta) como santo y seña del buen gobierno.

Y allá van los científicos emocionados a Marte. Les financian unos magníficos ingenios que les permiten desarrollar su creatividad e imaginación. Todos excitados buscando vida o agua. Ese es el cebo para no enfrentar el principal problema: la seguridad. Un ejemplo de lo que preocupa. Y ya ha sucedido. Llega a la tierra una sonda con muestras de material extraterrestre. Tuvo un accidente y cayó en la tierra. Literalmente. La noticia decía que los científicos estaban en vilo pensando que habían perdido el material, pero que se sintieron alegres y tranquilizados cuando vieron que el contenedor estaba medio abierto y había derramado parte de su contenido. No habían perdido las muestras y estaban felices y contentos.

Esta noticia está mal contada intencionadamente. A la tierra caen continuamente de forma incontrolable meteoritos que, por lo habitual, pasan por una previa incineración atmosférica. En todo caso, incontrolables y accidentales. Pero en este caso habían traído fragmentos que se habían dispersado en parte fuera del contendor. El riesgo es elevado sin tener que recurrir a la ciencia ficción. Cualquiera puede entender que si somos incapaces de controlar un virus doméstico, con toda la evolución que llevamos detrás, qué sucedería con un tóxico o una forma de vida no terrestre. Una Guerra de los Mundos pero al revés: no estamos preparados para patógenos ajenos.

Lo que nos lleva adónde vamos. Este mundo capitalista lo mueve el beneficio. Tanto correr por el espacio solamente tiene un fin e interés: más dinero. Nuevos materiales, nuevas energías, nuevo turismo del viaje espacial… Nadie quiere quedar por detrás en la explotación del espacio. Por eso la idea y la emoción a promocionar es “ojalá haya vida” y no “que peligro tiene el que encontremos vida”. Al menos, unos inconscientes como somos los seres humanos. No cabe engañarse. Cuando buscas lo que ignoras en tu casa, es que buscas otra cosa. Los científicos buscan vida (menuda paradoja: solamente tendrían que esperar una patera en cualquier playa) mientras los que pagan buscan lucrarse a costa del riesgo ajeno. “El dorado”, creo que le llamaban en su momento. Buscando, además, una vida que ignoran en su propio planeta. Mientras mueren cientos de millones de humanos, junto con miles de especies extintas, se promociona la importancia de explorar mundos inhóspitos con la esperanza de hacerlos habitables, mientras trabajamos intensamente en hacer del que ya es habitable un mundo inhóspito. En fin. Las personas individualmente podemos tener momentos de estupidez o debilidad, pero está claro que el capitalismo lo es cromosómicamente y nos va a matar como especie.

Los eventos que acontecen por las rúas de Barcelona al caer la noche. En este mundo frágil del fin de época capitalista, el miedo es la pólvora que espera cualquier gatillo. Poco que ver con un rapero (no comparto mucho de lo que dice ni cómo lo dice, pero dispuesto a pelear argumentalmente por su derecho a decirlo sin pena de prisión). La cárcel es una violencia extrema que golpea el ánimo y el cuerpo. A menos que tengas un plan. Por ejemplo, asistir a una manifestación de la división pitufa, decir dos chorradas estridentes, ir a la cárcel, escribir un libro y ser famosa represaliada por los rojos sin gualda. Hay quien se hace una película y cuenta con los demás para los extras, con banda sonora de Salomé (Chayanne). Y ya tenemos cortometraje televisivo y culebrón de tertulia.

Y en esta volvemos a la casilla de salida. No puede ser que los de ¡oh dios! dicten las leyes de odio. Fonéticamente se parecen y la historia demuestra que en muchas ocasiones son intercambiables, pero no es el caso en una sociedad democrática. Vamos terminando. Ya sabe, demasiado caso a medios días habiendo tantos días enteros…

 

Fotografía: Carmen Barrios