El objetivo de los buenos empleos ha de contemplarse desde una perspectiva múltiple: como propósito moral y como horizonte de justicia social, pero también como condición para el éxito económico y como requisito para la calidad de la propia democracia. De hecho, el modelo económico imperante que identifica falazmente desarrollo económico y retroceso social está quebrando el pacto de ciudadanía implícito en nuestro sistema democrático. Ningún sistema sociopolítico resulta sostenible a medio plazo sobre la pérdida constante de derechos laborales y derechos sociales para las mayorías.

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