Una de las acepciones de la palabra “diversión” que contiene el Diccionario de la Real Academia Española, y que es propia de la milicia, es “acción de distraer o desviar la atención y fuerzas del enemigo”. Esta acepción parece aplicable a toda la política informativa del Partido Popular que, desde el momento en que se cerraron los resultados electorales de Castilla y León, parece encaminada a desviar la atención de su importante fracaso electoral. Oyendo al Secretario General del partido, García Egea, a las once de la noche del domingo 13 de febrero, podríamos creer que estábamos ante un gran éxito del Partido Popular; y lo mismo pensaríamos escuchando a los dirigentes populares que han hablado desde ese día. Pero, la realidad es algo más dura, porque Pablo Casado ha fracasado por completo ante unas elecciones que se convocaron de forma intempestiva por orden suya. No es el único fracaso. Ciudadanos alcanza su nivel más bajo y ha estado a punto de desaparecer, y también ha fracasado Unidas Podemos, con un candidato que competía con la derecha en atacar al PSOE. Por su parte, el PSOE no puede formar Gobierno, a pesar de su muy escasa diferencia de votos con el Partido Popular y de que es el primer partido en Burgos, León, Palencia y Valladolid, que son las Provincias más dinámicas y más industrializadas (y está prácticamente empatado con el Partido Popular en Zamora).

Ciudadanos y Unidas Podemos no han tratado de ocultar sus resultados electorales. Cada uno de estos partidos da las explicaciones y las justificaciones que considera oportunas, pero no ocultan que sus expectativas han fracasado. Pero, el Partido Popular sí las oculta, y las oculta por las razones que vamos a ver a continuación.

En primer lugar, el Partido Popular ha fracasado porque no ha obtenido los cuarenta/cuarenta y dos Procuradores que esperaba alcanzar para gobernar por mayoría absoluta, sin necesidad de otros partidos. El PSOE, por ejemplo, no tenía esas expectativas, pero cuando un partido se pone un listón muy alto en unas elecciones y queda a bastante distancia, el fracaso es un fracaso autoelaborado.

En segundo lugar, el Partido Popular ha fracasado porque no ha podido retener los votos que han deshilachado a Ciudadanos. Vistos los resultados, muchos de esos votos han debido ir a Vox, porque el Partido Popular no ofrecía atractivo a los antiguos votantes de Igea y eso que el Partido Popular tenía fácil atraerse a ese electorado. En cambio, una parte importante de los electores de Ciudadanos han acabado en Vox (véase Carles Castro: “¿Qué está pasando en la derecha?”, La Vanguardia, 14 de febrero de 2022). Pero también aquí ha fracasado.

En tercer lugar, el Partido Popular ha fracasado al obtener sólo 16.000 votos más que el PSOE (un 1,38%). Después de gobernar durante décadas en la región, con un gobernante nuevo y joven y con una mayoría parlamentaria suficiente, que toda la diferencia entre el Partido Popular y el PSOE sea menos de un 1,5% es un fracaso, porque indica que sólo un tercio de los electores que han acudido a votar considera positivas las políticas públicas del Gobierno conservador. Y no debemos olvidar que el Partido Popular ha tenido peor resultado que en las últimas elecciones a Cortes Generales de 2019.

En cuarto lugar, el Partido Popular ha fracasado porque no tenía necesidad de disolver las Cortes. Estaba en una situación cómoda en coalición con un partido servil. La decisión de Casado de disolver para reforzar el mítico “cambio de ciclo” y, de paso, demostrar que él también gana elecciones y no sólo Díaz Ayuso, ha sido un fiasco. Incluso columnistas conservadores se lo han reprochado: “El adelanto electoral, cuyos motivos han sido mal o insuficientemente explicados, no fue convocado para avanzar dos escaños y acabar dependiendo de Vox… en lugar del casi desaparecido Ciudadanos” (Ignacio Camacho: “Las fronteras porosas de la derecha”, ABC, 15 de febrero de 2022). Si Casado hubieran leído los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas, que anunciaban que cerca de 50.000 votantes de su partido se pasarían a Vox, habría comprendido que el horno electoral castellano-leonés no estaba para bollos y que era mejor dejar las cosas como estaban.

En quinto lugar, el Partido Popular ha fracasado porque toda la operación no ha servido para parar el ímpetu de Díaz Ayuso en su operación de acoso y derribo de Casado. Al día siguiente de las elecciones, la Presidenta de la Comunidad de Madrid, a través del Portavoz del Gobierno regional (no del portavoz del partido), volvió a pedir la convocatoria del congreso regional del partido, aunque es cierto que la Presidenta madrileña tampoco tiene motivos para echar las campanas al vuelo tras su paso mitinero por Castilla y León, salvo que pensemos que en realidad trabaja más para Vox que para el Partido Popular. En todo caso, con estos resultados electorales la maniobra que pensaba Casado, levantar un dique frente a la riada de Díaz Ayuso, ha fracasado.

En sexto lugar, el Partido Popular ha fracasado porque hoy está en la probable tesitura de gobernar con Vox o acudir a nuevas elecciones. Gobernar con Vox no significa que tenga Consejeros de Vox en el Gobierno (que quizá tenga que aceptar), sino que tendrá que asumir muchos de los puntos que Vox le imponga, con o sin Consejeros. Y ahí entrará Casado (con Fernández Mañueco) en un bucle perverso: cuantas más concesiones se hacen a la extrema derecha, más se fortalece esta y más se debilita el Partido Popular.

En séptimo lugar, el Partido Popular ha fracasado porque, como reconoce otra columnista conservadora, “El paseo triunfal del presidente del PP y sus más cercanos colaboradores con destino a La Moncloa ha sufrido un parón” (Lucía Méndez: “‘A Mañueco le espera un calvario de legislatura’”, El Mundo, 15 de febrero de 2022). Lo peor es que Casado no se ha enterado y en la sesión de control al Gobierno del 16 de febrero ha aprovechado para hacer una causa general contra el Gobierno y contra su Presidente para hacer olvidar su propio fracaso.

Y con este fracaso el Partido Popular se va deslizando hacia un partido lepenista, que compite en dureza con la extrema derecha, que abandona el centro y que además contribuye a incrementar la tensión política. El tono innecesariamente agresivo y faltón de la Presidenta de la Comunidad de Madrid en un coloquio el 15 de febrero es un ejemplo de cómo el Partido Popular degrada la convivencia, del mismo modo que la degradaron hace una semana con el fracasado viaje de los Alcaldes conservadores a la Comisión Europa.

Casado fracasa cada vez más en trazar un círculo político de convivencia democrática y cuanto más fracasa, nervioso e inseguro, más se vuelve a equivocar. No debería estar muy tranquilo cuando los columnistas de derechas muestran tan poco entusiasmo y reconocen su fracaso, porque con ello están haciendo un soterrado llamamiento a los dirigentes populares a deshacerse de este Presidente.