A pesar de los días transcurridos desde la paralización de toda actividad no esencial dentro del Estado de Alarma (prorrogado nuevamente hasta el 26 de abril), la Pandemia sigue haciendo verdaderos estragos en nuestro país y en el conjunto del planeta (catástrofe mundial sin precedentes desde la II Guerra Mundial). Los datos de los afectados a mediados de abril siguen siendo estremecedores y la incertidumbre preside la precaria actividad productiva y de servicios, así como el funcionamiento de las empresas que todavía siguen abiertas y la escasa movilidad de  personas. Como consecuencia, la cifra de desempleados y de  trabajadores desprotegidos se ha disparado, a pesar de las medidas tomadas por el Gobierno.

En esta etapa, el Gobierno y las Instituciones del Estado han desplegado todo su saber y entender para superar la emergencia sanitaria. En su empeño han contado con la colaboración y lealtad de las CCAA, partidos políticos, sindicatos, empresarios,  organizaciones sociales y, por supuesto, con la actuación ejemplar de la ciudadanía. En cualquier caso, las pocas reacciones negativas que se han producido se han polarizado en torno a la Comunidad de Madrid, al PP y, desde luego, a VOX que, una vez más, han puesto de manifiesto el carácter bronco, mezquino e insolidario de las derechas. Una reacción en las antípodas de la oposición que ejerce en positivo la derecha en Portugal.

Los debates abiertos en el último mes sobre las medida del Gobierno para combatir la Pandemia– a partir de muy pocas certezas-, han puesto de manifiesto la escasa y tardía protección de los profesionales sanitarios, los destrozos causados en las residencias de mayores y una mayor incidencia de la Pandemia en algunos territorios concretos: Madrid, Barcelona, Igualada, Tomelloso… En segundo lugar, se ha debatido a fondo sobre la necesidad de parar toda la producción de bienes y servicios, al margen de las actividades esenciales para la población y el mantenimiento de las administraciones básicas del Estado. En tercer lugar se han discutido en profundidad las medidas encaminadas a penalizar los despidos y proteger a los autónomos y trabajadores golpeados por la crisis, a partir de posiciones diferenciadas entre empresarios y sindicatos. Finalmente, y en cuarto lugar, se han abordado a fondo las dificultades existentes para el pago de alquilares e hipotecas mientras dure la crisis (desahucios).

Desde luego, las lecciones de la Pandemia resultan evidentes. Han puesto en valor el Estado de Bienestar Social, el sector público y los servicios públicos esenciales de la Comunidad (sanidad, educación, servicios sociales, dependencia…), así como lo imprescindible que resulta la prevención de la salud, la lucha contra el cambio climático y la desforestación, además de apostar por una vida razonable y saludable, en un mundo individualista y materialista (consumo exacerbado, derroche improductivo, contaminación intolerable…). La Pandemia también ha demostrado que las privatizaciones llevadas a cabo por los gobiernos del PP, al primar el negocio por encima de las personas, han resultado especialmente nocivas. La situación en concreto del Sistema Sanitario de la Comunidad de Madrid es un ejemplo harto elocuente de las aberrantes decisiones tomadas (recortes y privatizaciones interesadas). A lo que hay que añadir los destrozos causados en la educación, la dependencia y también en el parque de viviendas sociales vendidas a precio de saldo a Fondos Buitres.

¿Qué hacer en estos momentos de turbación y zozobra? En primer lugar, todos debemos seguir apoyando lealmente las medidas promulgadas por el Gobierno, las autoridades y los  expertos sanitarios (confinamientos); a cambio, el Gobierno debe garantizar la transparencia informativa y asumir la crítica constructiva de la oposición sin reservas. En segundo lugar, hay que insistir  en optimizar el Sistema Sanitario, dotarlo de más medios económicos y humanos y de la necesaria protección a sus profesionales, además de valorar periódicamente las medidas restrictivas tomadas para evitar nuevos contagios. Al margen de los esfuerzos de autoabastecimiento y de compras  en el exterior para proteger a las personas y sumar sinergias en investigar el virus en pos de la medicación necesaria y de la vacuna correspondiente a medio plazo.

En tercer lugar hay que insistir delante de los responsables de la UE en la necesidad de coordinar y unificar las medidas sanitarias y que éstas se apliquen de acuerdo con los principios básicos de solidaridad para garantizar la mayor eficacia posible en la lucha contra la crisis. En cuanto a los efectos económicos de la Pandemia, la UE está careciendo de liderazgo y ha defraudado a los ciudadanos, incluso a sus más acérrimos defensores. Nuevamente se está poniendo de manifiesto el enfrentamiento entre un grupo de países del norte comandados por Alemania y Holanda y otro del sur de la UE encabezados por Italia, España y Portugal. En todo caso, la respuesta está siendo desoladora y estremecedora ante la petición razonada de los países más afectados: responder unidos a la Pandemia a través de mutualizar la deuda, relanzar la inversión pública (acelerar la salida de la crisis), apostar por presupuestos más expansivos, implantar el seguro de desempleo europeo…

Por lo tanto, no se trata, como pide Alemania, de que los países acudan al Fondo de Rescate Europeo, olvidando su historia (Blogs.publico.es/juantorres/2020/03/26) y su dependencia exportadora. Lo que procede es una respuesta contundente y unida de la UE a una crisis que azota simétricamente a todos los países. En este sentido, es oportuno recordar que- a pesar de la primera negativa de Trump- EE.UU ha anunciado que dedicará casi 2 billones de dólares (10% de su PIB) y, de la misma manera, los países del G-20 alcanzarán la cifra de 5 billones de dólares a combatir el impacto negativo de la crisis vírica y la consiguiente contracción económica. En cualquier caso,  ello no significa minusvalorar la fuerte liquidez disponible del BCE y los serios intentos por alcanzar finalmente un acuerdo sin condiciones en la UE (por el momento fallidos) para paliar los graves problemas económicos y sociales derivados de la crisis.

En cuarto lugar, hay que evitar, con los instrumentos disponibles, los despidos abusivos al amparo de la crisis y de la alta temporalidad de muchos de nuestros trabajadores y proteger a los colectivos más afectados por la Pandemia: particularmente a las trabajadoras del hogar (en torno a 500.000), a los autónomos y a los desempleados sin derecho a prestación. Esta es la principal preocupación de los sindicatos y lo que explica también las últimas medidas del Gobierno (nuevas restricciones, cierres de empresas no esenciales, penalización de despidos individuales, agilización de los ERTE, suspender los desahucios, prohibir los cortes de suministro, aplazar las cuotas a la Seguridad Social de los autónomos…) y justifica de nuevo la reflexión del Gobierno y la apertura de un debate sobre la necesidad de implantar el ingreso mínimo vital garantizado en nuestro país para paliar los terribles efectos de la más que previsible recesión (la UGT baraja la hipótesis de una pérdida del 12% del PIB en un trimestre), el altísimo desempleo y la fuerte desprotección social.

En quinto lugar, hay que empezar a reflexionar sobre el modelo de salida de la crisis a partir de una constatación muy compartida: el sonoro fracaso de las políticas neoliberales y su incapacidad para responder a una crisis de esta envergadura. La mejor alternativa conocida (y posible) es la socialdemocracia. En concreto se trata de una política redistributiva encaminada a superar las desigualdades y a prestar atención a las personas por encima de los intereses mezquinos de los más ricos y poderosos (capitalismo salvaje). Recordar que la socialdemocracia se ha distinguido siempre por un crecimiento sostenible de la economía; una política de pleno empleo; estabilidad, derechos y participación sindical en el mercado de trabajo; una protección social avanzada; servicios públicos eficientes y para todos; un fuerte sector público (incluida la Banca Pública: en España en torno a Bankia y el ICO); una fiscalidad justa, suficiente y equitativa; igualdad de género; lucha contra el cambio climático; y, finalmente, por la firme defensa de la democracia, las libertades y  los derechos humanos.

En esta reflexión y apuesta por la socialdemocracia deben participar activamente los sindicatos. Es el momento de reafirmar el valor de la centralidad del trabajo en una democracia, impulsar la participación de los trabajadores en las empresas (“democracia industrial”), garantizar la intervención de los sindicatos en la protección social (pensiones, dependencia y desempleo), en la política fiscal, en la digitalización en el trabajo… En definitiva, intervenir a fondo en todas las medidas encaminadas a fortalecer el Estado de Bienestar Social, que debe ser el norte de la acción sindical para los próximos años. Por eso, la salida de la crisis exigirá a los interlocutores sociales redoblar el esfuerzo para retomar con urgencia el Diálogo Social encaminado a pactar acuerdos en base a la nuestra experiencia histórica. A los partidos políticos (Gobierno y oposición) les cabe actuar con responsabilidad, lealtad y acierto, sin necesidad de buscar atajos y sobreactuar en base a experiencias ya superadas que se dieron en un contexto político, económico y social excepcional e irrepetible (Pactos de la Moncloa). En todo caso, sería muy positivo y estimulante para todos alcanzar grandes acuerdos políticos comenzando por pactar en el Parlamento los PGE, que deberían responder, con la colaboración de la UE, a una situación dramática como la actual.

Por último, debemos seguir insistiendo en reforzar la Unidad y la Solidaridad. España siempre se ha distinguido por la épica y el notable esfuerzo de sus trabajadores en momentos difíciles. Concretamente, en este último mes, se han producido hechos y acciones ejemplares de nuestros profesionales sanitarios, de los servidores públicos, agricultores, pescadores, transportistas… Esto es lo importante y lo que genera ilusión y confianza en todos nosotros, lo que resulta imprescindible para salir fortalecidos de la crisis y defender nuestros valores de siempre: la solidaridad, la ética, la honradez, la disciplina, la austeridad… Además nos ayudará a profundizar en la democracia, defender las libertades, superar las  desigualdades entre las personas, cumplir con nuestras obligaciones civiles y fiscales y, por supuesto, apoyar y cuidar a nuestros mayores, respetar el medio ambiente y la naturaleza…  Mucho ánimo para todos.

 

Fotografía: Carmen Barrios