Y de pronto, todos nos sentimos vulnerables ante un coronavirus que, de forma invisible, nos puede matar. De pronto, todas las prisas por tener, por aparentar, se han vuelto hacia la conservación de lo más importante, que es la vida. La vida, lo único que no es reemplazable.

En este contexto de supervivencia, nos encontramos con incertidumbres y miedos desconocidos. Nos encontramos recluidos en nuestras casas por cuarta semana consecutiva. Consumiendo más televisión e internet que nunca para ver cómo van las cosas. Intentando comprender que está pasando. Pero, sobre todo, intentando saber cuándo acabará esto, teniéndonos a nosotros y nuestras familias entre los supervivientes.

En nuestras casas. Asomándonos a las ventanas para no caer en el “Olvido” que escribió Cavafis:

“Encerradas en un invernadero, / bajo los cristales, las flores olvidan / cómo es la luz del sol / y cómo sopla, al pasar, la húmeda brisa.”

Pero, ¿nos hemos parado a pensar que ahora mismo, cuando las calles están desiertas, hay miles de personas, más de 30.000 en España, que están en la calle porque no tienen casa? ¿Nos hemos parado a pensar que hay personas que debido al coronavirus han perdido su trabajo y el techo donde dormían, y están con nuestros mismos miedos en la calle? Unas calles y unas condiciones que les expone más a ser víctimas de esta enfermedad.

A mediados de marzo, una persona sin hogar decía en un medio de comunicación que «es un palo hacer lo posible por aislarte del coronavirus sin tener un techo y ver a gente con casa que no toma medidas”. Está afirmación, lo que significa es que la desigualdad mata. Y en circunstancias como las de ahora, la desigualdad mata más a unos ciudadanos que a otros.

Por este motivo hay que visibilizar a las personas más vulnerables, a las personas más excluidas para darles nuestro apoyo real y concreto, tanto desde las instituciones como desde nuestras propias posibilidades individuales.

Estoy seguro de que saldremos de esta y que se construirá una sociedad más justa. En España, el gobierno está llevando a cabo todo un conjunto de medidas laborales, sociales, económicas para que las personas se vean menos afectadas. Y entre esas medias, también se están realizando grandes esfuerzos para que las personas en situación más vulnerable, en riesgo de exclusión o en exclusión estén atendidas.

Es lo que toca ahora, pero es lo que los ciudadanos van a exigir después. Una sociedad justa. Una sociedad donde todos sus miembros accedan a los bienes esenciales como una vivienda, tres comidas al día, educación, salud, cultura, trabajo. En definitiva, una sociedad donde las personas menos favorecidas puedan disfrutar de las mejores condiciones de vida posibles.

Para conseguir que todos los ciudadanos tengan igualdad de acceso a los bienes básicos, habrá que potenciar las políticas públicas. También la colaboración público-privada. Pero, sobre todo, junto a la cuestión económica, habrá que modificar las estructuras sociosanitarias para hacerlas más eficaces y eficientes con la utilización de las nuevas tecnologías. El objetivo, será que nadie con necesidades quede fuera del sistema y en cualquier situación pueda recibir ayuda.

Entre tanto, en relación con las personas sin hogar, las distintas administraciones han puesto a disposición medios para que puedan no solo tener techo, sino también comida y abrigo.

Entre tanto, puedes prestar atención en el lugar donde vives por si alguna mujer y sus hijos sufren violencia en este aislamiento. Que sepan que no están solos.

Entre tanto, puedes ayudar a los vecinos de la puerta de al lado. Si son mayores, contribuyendo a que no salgan de casa, y haciéndoles la compra o yendo a la farmacia. Si tienen pocos recursos, ayudando en su alimentación, o llamando a los servicios sociales para que les presten ayuda. Si están solos, dándoles algo de compañía desde la ventana o por teléfono.

Entre tanto, día a día, tenemos que ir construyendo lazos de ciudadanía, especialmente, con los confinados excluidos: los que no tienen vivienda; los que viven en mini-pisos o habitaciones hacinados; los niños que desayunaban comían y merendaban en unos colegios que ahora están cerrados; los mayores solos o acompañados; las mujeres y niños que sufren violencia de género, las personas dependientes o con alguna discapacidad….

Estamos confinados. Pero no todos lo estamos en las mismas condiciones. Ayuda.

 

Fotografía: Carmen Barrios