Como la gran mayoría de ustedes, me siento abrumada ante la situación que está viviendo Ucrania, ante la invasión vil y fascista de Putin, ante una nueva guerra en Europa como si la historia se repitiera de forma cíclica, con todos los fantasmas aullando que la democracia y la paz que vivimos está en peligro.

No me siento capaz de realizar reflexiones geopolíticas, sino de reflexionar sobre qué debemos hacer los europeos y, consecuentemente, los españoles.

Tenemos tres posibilidades: mirar hacia otro lado y seguir con nuestras menudencias, algo a estas alturas imposible e inmoral; ayudar a la ciudadanía que huye de Ucrania, lo que es una obligación europea, ofreciendo todo lo que esté a nuestro alcance a nivel colectivo e institucional, pero que, siendo imprescindible no resolverá el conflicto; o, ayudar a Ucrania a parar esta guerra.

Dice Zelenski, el presidente de Ucrania: “no nos dejen solos”. “Demuestren que la UE está con nosotros”.

Y el Presidente Pedro Sánchez, en conjunto a las decisiones de la UE, entregará material militar a la resistencia ucraniana. Y yo lo comparto desde mi pacifismo, mi horror a las armas, mi impresión de que las escaladas militares las carga el diablo, pero también desde el compromiso firme de que el “No a la guerra” es el “No a la guerra de Putin”, no a las invasiones por la fuerza al igual que ocurrió con Irak.

España pidió lo mismo con nuestra mal llamada guerra civil porque, en realidad, era el golpe de estado contra un gobierno democrático. Y Europa fue neutral. Nosotros nos tragamos 40 años de dictadura y todo lo que todavía colea con sus herederos incendiando las instituciones democráticas.

Ante las primeras invasiones de Hitler no hubo reacción. Y eso conllevó la más y cruel matanza y exterminio, y la guerra más virulenta en el corazón de Europa. Si entonces EEUU no hubiera intervenido, la historia hubiera escrito un final diferente ante el nazismo.

No sirve solo con llevar camisetas con la bandera ucraniana. Ni aplaudir. La locura de Putin se debe frenar de todas las formas posibles. Por supuesto, las primeras medidas son las de negociación y diplomacia que han sido burladas por Putin; las segundas llegan con el aislamiento económico, comercial y político; la tercera con pedir colaboración de los posibles aliados de Putin, como es el caso de China, que, si el instinto no falla, dejara en solitario al dictador, porque esta no es su guerra. Y, …. Dicho todo eso, ¿cuántas vidas ucranianas deben perecer? ¿debemos permitir que la invasión rusa siga adelante? Para que las propias fuerzas económicas y de poder de Rusia se rebelen ante esta masacre y le planten cara a Putin necesitan ver que el dictador está solo.

En un artículo magnífico, Joan Romero dice que “es la primera vez en ocho décadas en que un Estado invade otro en Europa. No debemos olvidar este hecho tan trascendente. Y aunque es pronto para valorar en toda su dimensión sus múltiples implicaciones, marcará un antes y un después en nuestra historia. Este es un precedente que además de nuestra repulsa merece una respuesta contundente, firme y unida de la Unión Europea y de sus aliados. Para que a esta agresión no le puedan seguir otras. Para que los nuevos despotismos del siglo XXI, en acertada definición de John Keane, entiendan que hay líneas rojas que no se pueden traspasar”.

Si hay alguien en estos momentos que está realizando todos los esfuerzos por frenar esta ofensiva en nombre de la Unión Europea es Josep Borrell. Lean por favor su discurso. Esto no es una broma, esto no podemos resolverlo desde la distancia sin acabar con algún rasguño más profundo de lo que quisiéramos.

https://www.eldiario.es/internacional/poderoso-discurso-borrell-parlamento-europeo_129_8793127.html

Extractos textuales de su discurso:

“Esta es la partida de nacimiento de la Europa geopolítica. El momento en el que tomamos conciencia del reto al que nos enfrentamos. El momento en que Europa debe hacer frente a sus responsabilidades. El momento en que nos damos cuenta de que, por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, un país está invadiendo a otro y ese país tiene armas nucleares, lo que aumenta su capacidad de intimidación”

“el mal, la tragedia y la guerra nunca se desvanecen. Y se trata de la relación con la guerra, con el uso de la fuerza, con la violencia, sobre la que llevamos años debatiendo, para saber si Europa puede contrarrestarla. Por eso en los últimos años hemos hablado más que en el pasado de cuestiones de defensa y hemos empezado a establecer programas militares conjuntos. Por eso el propio Parlamento Europeo ha votado la creación de este Fondo Europeo de Defensa, y los Estados miembros han creado este Fondo Europeo de la Paz que ahora estamos movilizando para proporcionar armas a Ucrania”.

“una de las lecciones que hemos tenido que aprender con la invasión de Ucrania es que, más que nunca, Europa debe pensar estratégicamente sobre sí misma, su entorno y el mundo. Ya no es un lujo, es una necesidad”.

En diciembre del 2021, tuve el honor de presentar un libro realizado por escritoras feministas y comprometidas: Diccionaria. Un libro que recogía términos y conceptos inventados por las mujeres para describir nuestro universo femenino, todo aquello que no tenía nombre, pero sí sentíamos.  Allí, hice mi contribución con un término que nunca imaginé podría tener tanta actualidad: PAZMONÍA, el derecho de las madres a que sus hijos no vayan a la guerra.

Eso mismo quiero para las madres ucranianas, también para las rusas. Esta guerra es la voluntad de un único hombre, Putin, pero al resto nos corresponde frenarla.