INTRODUCCIÓN

Terminábamos el artículo anterior señalando que, conocido el índice de incremento de precios del INE de marzo de 2022, que sitúa éste, en términos anuales, en el 9,8% de forma ya definitiva, y desatada la espiral de protestas por la acumulación del incremento de precios energéticos y las dificultades logísticas de acceso a inputs, en gran parte asociadas a las derivaciones de las medidas adoptadas para combatir la Covid-19, pero aumentadas -con su encarecimiento añadido- tras la invasión de Ucrania por Rusia y las medidas de respuesta adoptadas por la OTAN, no era extraña la producción de fenómenos como la huelga de parte de camioneros o del sector primario, entre otros, en España.

A lo que podemos añadir, hoy, el grave efecto de esa dinámica inflacionaria y geoestratégica, sobre el resultado registrado en las últimas elecciones, en Hungría o en Francia, a las que no son ajenas el papel de las redes sociales y los cambios producidos por le Revolución Científico Técnica (RCT), en particular en el campo de las TIC, a las que dedicamos varios artículos en su momento en esta Sección, y sobre cuya influencia en las nuevas generaciones centramos este artículo.

No obstante, no podemos olvidar dos aspectos ya considerados en esta Sección de Políticas de la tierra. En primer lugar, que en cualquier investigación, análisis o encuesta, la definición de los Indicadores, de las variables o de las preguntas utilizadas para cuantificar o cualificar un determinado fenómeno, condiciona los resultados y las valoraciones conclusivas correspondientes. Y en mucha mayor medida si esas variables o encuestas se refieren a muestras reducidas o a colectivos no representativos del conjunto.

En segundo lugar, que en una situación tan inestable y frágil como la actual, cualquier prospectiva o consideración sobre el futuro, goza de la misma inestabilidad y fragilidad de la situación de partida, por lo que se debe considerar como una mera referencia a una aproximación a Escenarios más o menos posibles para un futuro cercano, siendo mucho menos fiables las previsiones a medio o largo plazo, aunque multinacionales industriales (automóviles, metálicas, químicas, etc.) o ligadas a las nuevas tecnologías, basen sus actuaciones necesariamente a Escenarios asociados a los plazos –normalmente largos- que sus ciclos productivos y de negocios exigen.

Estos Escenarios de negocio son claramente dependientes del marco público de reacción ante las crisis. Y en ese sentido, también en este artículo se realiza una primera consideración de las medidas desarrolladas, desde marzo de 2022, por la UE y por España, para responde a la nueva situación disruptiva global.

CAMBIOS EN LAS FORMAS DE VIDA Y EN LAS EXPECTATIVAS DE LAS NUEVAS GENERACIONES.

 Internet y redes sociales.

La Covid-19, después de su tercer año de incidencia, sigue afectando profundamente a las personas, las comunidades, los países y la cooperación internacional, aunque de forma globalmente decreciente, pero habiendo establecido retos y condicionantes difíciles para 2022, que han sido fuertemente incrementados por la invasión de Ucrania y la reformulación de nuevos bloques mundiales.

Un primer aspecto a señalar tiene que ver con el impulso derivado de la Covid-19 al creciente papel de las TIC y las redes sociales[1] en las formas de vida y en las preferencias personales. Así, como primera consideración[2], hay que señalar que, en España, la población que usa internet entre los 16 y los 70 años se sitúa en el orden del 93% (unos 31,5 millones de habitantes), y que cerca del 85% son usuarios de las redes sociales (cerca de 27 millones), lo que muestra la enorme importancia de este hecho en la determinación de preferencias y comportamientos para esta franja de población[3]. Su uso destaca entre la población con estudios universitarios (51%) y con título de secundaria (32%), y en las personas con edad entre 25 a 54 años (68% del total de usuarios).

Los motivos de uso más frecuente de las redes sociales son el entretenimiento (81% de usuarios, con peso de la visualización de videos, sobre todo en Youtube), la comunicación/interactuación (72% con uso destacado de Whatsapp), y la búsqueda de información de distinto tipo (66% buscando información sobre conocimiento, comercial, etc., o de apoyo a relaciones sociales, con un papel creciente de Instagram)[4].

En las nuevas generaciones y, particularmente en la generación “Z” (16 a 24 años), existe un uso destacado y más intensivo (1h 42m al día) de un mayor número de redes sociales (Twitter, Spotify, TikTok, Snapchat, Twitch y Sfereo) y una clara preferencia por Instagram. En los “Millenials” (25 a 40 años) que es la segunda generación con mayor uso de redes sociales (1h 16m al día), el uso es más clásico: Whatsapp, Instagram, Youtube, Facebook y Linkedin, lo que muestra que la nueva generación “Z” es más propensa a la novedad y a la búsqueda de nuevas alternativas en las redes sociales, como ya lo fue en su momento la generación de “Millenials” en el uso de internet frente a las generaciones anteriores.

En el marco del telecomercio, el 50% de los que van a realizar una compra, según IAB Spain, investigan en redes sociales previamente, considerando ellos mismos que efectivamente influye en su elección (sobre todo en mujeres y en menores de 24 años). Se utiliza para esta finalidad preferentemente Instagram, que ha superado a Facebook en 2021, aunque con un fuerte crecimiento de TikTok.

Complementariamente, hay que señalar los datos del estudio de Save The Children (2022)[5], que muestra, el crecimiento e influencia, en España, en 2021, del número de horas que los menores de entre 4 y 16 años pasan al día frente a una pantalla (televisión, ordenador, tableta, videoconsola o móvil), y las diferencias en esa dedicación asociadas al nivel de renta familiar, tal y como se aprecia en la Figura siguiente.

Como apreciamos, el número de los menores de entre 4 y 16 años de renta baja (menos de 1.300 €/mes) que pasa más de cinco horas diarias frente a una pantalla es del 46,3%, con menores porcentajes, pero en todo caso muy elevados, a medida que aumenta el nivel de renta de las familias, En todo caso, se superan ampliamente el máximo de las dos horas diarias que la Organización Mundial de la Salud recomienda para conseguir un adecuado desarrollo psicológico, físico y social de los menores.

Como  contraste, hay que señalar que entre los menores que pasan menos de una hora diaria frente a pantallas, el 79,6% corresponde a familias de renta alta (más de 3.600 €/mes), lo que establece diferencias significativas sobre las pautas culturales y formativas en los menores según su nivel de renta familiar, también es este aspecto, que incidirá necesariamente sobre su cualificación y preferencias futuras.

En todo caso, Save the Children señala que, en solo cuatro años, el número de niños que pasan una parte significativa del día frente a la pantalla se ha incrementado en cifras cercanas al 68%, en gran medida como consecuencia de la Covid-19 y sus consecuencias sobre el cierre de colegios y de las actividades educativas ligadas al confinamiento y a la pérdida económica de los hogares. El resultado es que ha aumentado el sedentarismo y la capacidad de influencia de los mensajes recibidos por las pantallas en todas las edades: Los niños más pequeños, de entre cuatro y seis años, dedican del orden de dos horas y media al día, peo los de 13 a 16, ya dedican entre tres y media y cuatro horas al día. Además, a medida que aumenta la edad de los menores el papel de las redes sociales y su influencia se incrementa, sobre todo entre los 11 y 13 años, para las chicas, y entre los 14 y 15 años para los chicos

El señalado estudio de IAB Spain (2021) también recoge como perfil de “no usuario de redes sociales” a personas de mayor edad (importancia de los jubilados) y de los parados y estudiantes. En los no usuarios destacan como principales motivos la falta de interés (40%), la defensa de la privacidad (28%)[6] y la no disponibilidad de tiempo para esos menesteres (18%). Un 48% de ellos declara que tampoco se registrará en los próximos 12 meses en ninguna red social, si bien todos estos datos sobre “no usuarios” se basan en una muestra total de no usuarios de solo 169 personas.

En todo caso, los datos de los estudios que se van realizando, al margen de la representatividad de las muestras (normalmente de tamaño reducido) que sirven de base a las conclusiones, nos encaminan a destacar el creciente papel de unas redes sociales que facilitan aproximaciones personales e inmediatas, con escaso o nulo margen para el análisis o reflexión sobre la noticia. Además, ésta es rápidamente sustituida por otra más moderna o impactante, que, al margen de su veracidad, pronto es capaz de convertirse en viral y llegar a millones de usuarios, por la propia difusión que realizan los propios usuarios en sus círculos a través de las redes.

Por otra parte, nos encontramos con nuevas generaciones (la generación Z afecta a edades que representan el 41% de la población mundial) donde las redes sociales y las “pantallas” en todas sus variantes, están haciendo primar conceptos como la identidad (centrada en uno mismo: individualismo), el concepto de comunidad (entendido en red, a veces con personas que no se han visto nunca, pero donde el concepto de “clase” o “ideología” son relativamente irrelevantes), el activismo (con una importancia significativa del activismo ambiental, o de suma a campañas de reacción ante hechos específicos: chalecos amarillos, machismo, asesinatos raciales,…), la resiliencia (junto al activismo muy condicionada por el papel de los juegos y un supuesto mundo externo hostil) y el tele-comercio asociado al papel de las marcas “personalizadas” por el creciente papel del “capitalismo de vigilancia”[7].

Los medios de comunicación o la política como acto de reflexión y explicación es sustituida de forma creciente en las nuevas generaciones por la noticia inmediata, tipo flash o imagen, a la que se dedica pocos segundos de atención interpretativa, y sobre cuya veracidad prima más la fuente de la noticia (comunidad en red) que la noticia en sí. Ello hace que los círculos creados refuercen noticias auto-afirmativas de posicionamientos, radicalizando enfoques e interpretaciones que se basan más en emociones que en razonamientos o reflexiones.

Todo lo cual nos lleva a una sociedad crecientemente manipulable y segmentada donde el diálogo y la reflexión entre posturas enfrentadas tiene un espacio decreciente y donde las posturas extremas y de rechazo visceral al contrario, ganan posición, dificultando acuerdos o soluciones que mejoren el interés general.

Nuevas tecnologías de la información y de la comunicación primando lo virtual.

The Economist publicaba el 9 de abril de 2022[8] un artículo sobre las nuevas tendencias en un campo de negocio que tiende a profundizar, de forma preocupante,  rasgos específicos señalados en el epígrafe anterior.

Se refería, específicamente al campo de competencia entre las grandes multinacionales de la información/comunicación por la expansión de lo que consideran que va a ser el nuevo campo de negocio multimillonario global del futuro: la “realidad virtual extendida”.

Ésta incluye tanto la realidad virtual (VR) totalmente inmersiva, como la realidad aumentada (AR), en la que las imágenes de la computadora se superponen a la visión que tienen los usuarios del mundo que los rodea, y que es ya una posibilidad comercial disponible que entusiasma a las nuevas generaciones, y que atrae a casi todas las grandes empresas de tecnología (Facebook[9], Microsoft, Apple Google, ByteDance, Sony, Snap,…), que apuestan porque la realidad extendida, junto a la inteligencia artificial y la computación cuántica serán las tres tecnologías que darán forma al futuro.

La apuesta es conseguir una verdadera plataforma tecnológica para la realidad virtual extendida que reproduzca y amplíe las funciones del Smartphone, sustituyéndolo en sus 15 años en que ha logrado la hegemonía global, aunque difícilmente lo hará al 100% a medio plazo; como tampoco lo ha conseguido el Smartphone respecto a los ordenadores de distinto tipo. En todo caso, sería un paso adicional en la individualización de la informática a la persona, por la vía de incorporar, de forma virtual, en la visión “personal” del usuario, el mundo que le rodea, convirtiendo éste en parte de su ámbito de interacción y experimentación.

Es pronto para estimar las posibles consecuencias sobre las nuevas y últimas generaciones de lo que se supone significaría un salto cualitativo en la relación del individuo con su entorno, su trabajo y el conjunto de la comunidad a él conectada. Su desarrollo paralelo al boom de la Revolución Científico Técnica en el campo de las TIC, les hace más propensos al uso de las nuevas tecnologías y a la incorporación de sus potenciales ventajas, convenientemente publicitadas y vendidas por el nuevo capitalismo de la vigilancia. Pero parece evidente que significará un paso adelante en la individualización y radicalización de los procesos antes señalados, ya producidos como consecuencia de la explosión de las redes sociales.

El papel del trabajo en la vida personal.

Muy relacionado con lo señalado en los dos epígrafes anteriores, hay que referirse al papel del trabajo en la vida personal de unas nuevas generaciones en las que lo “virtual” ocupa cada vez más tiempo y espacio en su experiencia personal. Pero en las que la Covid-19 también ha acercado al miedo a la enfermedad y a la muerte; en las que los confinamientos y las pérdidas de empleo, temporal o definitivo, o incluso el teletrabajo, han generado un replanteamiento del papel del trabajo en la vida personal, minimizando la parte de su tiempo dedicado a éste, condicionándolo a obtener los ingresos mínimos que les permitan subsistir, o a las búsquedas de alternativas de vida menos ligadas al trabajo formal[10].

Aunque estas tendencias no son nuevas en la historia (basta recordar el movimiento hippy de la década de los sesenta del siglo XX) sí es nuevo el papel de formación de expectativas y preferencias que se derivan de las redes sociales y sus potenciales incidencias personales en un marco laboral que dista de ser óptimo.

REACCIONES EN LA UE Y ESPAÑA ANTE LA NUEVA SITUACIÓN MUNDIAL.

Un marco global crecientemente inestable.

La profunda transformación que se está registrando en el seno de las nuevas generaciones no es independiente de las líneas de evolución de la RCT y de su plasmación en unas relaciones sociales y de poder que ha encumbrado a las multinacionales de las TIC; y se encuentra en estos momentos encuadrada en un marco de radical cambio geoestratégico y de fuerte inestabilidad económico-financiera y ambiental, que la defensa de la salud frente a la pandemia ha venido incrementando en los últimos tres años.

Las desigualdades, los problemas logísticos y de transporte, y la generación de tensiones inflacionistas, que ya estaban presentes mundialmente en el campo de los combustibles fósiles y de las materias primas a inicios del 2022, así como el fuerte endeudamiento público y de las empresas, asociado a la reacción contra las consecuencias de la Covid-19, y soportado gracias a la actuación de los bancos centrales, constituyen un marco que requiere una nueva reacción colectiva que tanto la UE como el Gobierno de coalición español se han visto obligados a adoptar.

Ambos siguen las líneas de las medidas adoptadas en la UE (“NextGenerationEU” y Pacto Verde Europeo) y en España (Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia Español-PRTRE) que, hasta marzo de 2022, estaban produciendo una recuperación muy significativa del empleo y de la actividad económica deteriorados por las medidas de lucha contra la Covid-19, aunque cabría realizar objeciones sobre: a) sus reducidos resultados ambientales, b) la reducida corrección de las fuertes desigualdades preexistentes; y c) su opción por una transformación digital donde se valora fundamentalmente el negocio y la competitividad para alojar en la UE parte de las dinámicas asociadas a las redes sociales y a las nuevas tecnologías señaladas en este artículo, sin cuestionar las consecuencias del neoliberalismo y potenciación del individualismo asociadas a las mismas, que son la base del negocio de las multinacionales, fundamentalmente estadounidenses, que copan los intereses de estos desarrollos.

En todo caso, con el inicio de la invasión rusa de Ucrania se marca un nuevo punto de inflexión en la historia de Europa y de España, con una crisis energética sobreañadida a la fuerte dependencia exterior de toda la UE –y de España- en sus suministros energéticos y de materias primas y alimentarias básicas, con un papel destacado de Rusia y Ucrania en su satisfacción, ahora cuestionada y encarecida.

Se sustituye esta dependencia por compras a EEUU y países dudosamente democráticos, fortaleciendo la producción de combustibles fósiles a precios más elevados que hacen rentable la extensión del “fracking” en EEUU y Canadá, y cuestiona el cumplimiento de los compromisos de reducción de emisiones presentados en la COP26 de cambio climático celebrada en Glasgow.

Como último elemento destacado del cambio generado, se vuelve a la política de bloques, tanto militares (potenciación de la OTAN por la desconfianza en un posible expansionismo imperialista de Rusia) con incremento de los gastos militares correspondientes, como de bloques económicos y comerciales, siendo la UE, en esta dinámica la netamente más desfavorecida y debilitada en el concierto global de bloques de poder. Los efectos socioeconómicos, ambientales y territoriales de esta dinámica son difíciles de precisar a largo plazo, pero en ningún caso van a ser beneficiosos para la UE.

Los objetivos de las nuevas medidas desarrolladas.

En todo caso, la invasión de Ucrania ha obligado a que la UE –y España en particular- hayan generado un paquete de medidas de reacción para suavizar los efectos más negativos de las consecuencias derivadas de la nueva dinámica global. Medidas que no deberían cuestionar la consecución de los objetivos ambientales (porque en ellos radican la sostenibilidad del planeta y la salud de la población) pero que, a su vez, deben contrarrestar un deterioro socioeconómico, inevitable a corto plazo, que puede derivar en un descontento social que genere una mayor reacción de rechazo a los Gobiernos democráticos europeos, y radicalice aún más el voto y el sentimiento ciudadano hacia la extrema derecha.

El 2 de marzo de 2022, la Comisión Europea (CE) presentaba la Comunicación “Hacia una economía verde, digital y resiliente: nuestro modelo de crecimiento europeo” [11], donde reiteraba la vigencia de los objetivos sobre un modelo de crecimiento europeo centrado en la transición verde y digital, y en la resiliencia socioeconómica.

En este documento, frente a las grandes incertidumbres y riesgos derivados de la invasión de Ucrania, se propone reforzar el programa de crecimiento sostenible a largo plazo reflejado en el Pacto Verde Europeo, proponiendo las inversiones y reformas necesarias para lograr los objetivos correspondientes, ahora dentro del contexto existente de creciente inestabilidad geopolítica y nuevos desafíos globales, asociados tanto a la permanencia mundial de efectos de la Covid-19, como a las medidas derivadas de la invasión de Ucrania, la crisis climática, las dificultades logísticas y de abastecimiento de ciertas materias, de las que la UE es dependiente del exterior, y al aumento de sus precios y, en particular, al aumento de los precios de la energía.

La CE trataría de promover el liderazgo global europeo en el marco de una autonomía estratégica, (que en el campo energético vendría definido por REPowerEU, al que nos referiremos en un próximo artículo), que garantice la equidad del modelo económico de crecimiento y proteja a los más afectados por la transición, incluidos aquellos que carecen de los medios o las habilidades para beneficiarse de ella, de manera que todo el mundo pueda aprovechar las oportunidades que ofrece la doble transición, ecológica y digital, buscada.

En este marco, se considera fundamental potenciar el Mercado Único Europeo como principal fuente de resiliencia de la Unión, como marco óptimo que permite avanzar en el logro de los objetivos propuestos y afrontar posibles nuevas perturbaciones. Y señalan la importancia de conjugar inversión y reformas alineadas con los objetivos establecidos que, en todo caso, deben ser fuertemente coordinadas en el seno de la UE para reforzarse mutuamente, y para evitar divergencias entre los Estados miembros.

En ese sentido, hay que tener en cuenta las peculiaridades de la situación de España, donde la elevada inflación registrada en marzo de 2022 (9,8%), derivada de la problemática de fijación de los precios energéticos (elevación del 43,7%) -y, muy particularmente del de la electricidad (elevación interanual del 530%) y del gas (elevación interanual del 640%)-, lleva a superar al IPC de la Eurozona en más de un 30%, y en cerca de un 37% a su IPC energético, con las correspondientes incidencias negativas sobre la producción, el bienestar y las desigualdades sociales.

La mayor intensidad energética de la producción española (relación de consumo energético por euro de producción) que supera en un 36% a la media de la Eurozona, muestra riesgos evidentes para una recuperación económica demasiado condicionada también por los altos niveles de deuda pública y de las empresas, que no presentaba graves consecuencias en una situación de tipos de interés muy reducidos y actuación masiva de compra de deuda por los bancos centrales, pero con sombras de graves riesgos ante las potenciales reacciones de esos bancos centrales ante el incremento de la inflación, y ante el ya registrado encarecimiento del bono público a 10 años.

Ya hemos señalado en estas páginas cómo los Presupuestos Generales del Estado de 2022[12], se encaminaban, fundamentalmente, a objetivos de carácter social, con del orden del 60% del mismo dedicado a la igualdad y a garantizar derechos y una mayor integración social (revalorización de las pensiones, fortalecimiento de la economía de los cuidados, protección de los colectivos más vulnerables de la sociedad, mejora de los servicios públicos esenciales, financiación del ingreso mínimo vital, o a actuaciones dirigidas a proteger a los trabajadores ante riesgos de exclusión del mercado laboral). Sin embargo, la clara preparación de la invasión de Ucrania, por Rusia, desde el último trimestre de 2021, propiciando el incremento de precios en el mercado del gas, junto a las medidas adoptadas por la OTAN y la propia UE, de reacción a la invasión militar, están generando consecuencias en el campo energético, de abastecimiento de materias primas y de logística global, con fuerte incidencia negativa para la estabilidad socioeconómica de España.

Como respuesta, se ha aprobado el Plan nacional de respuesta a las consecuencias económicas y sociales de la guerra en Ucrania, el 29 de marzo de 2022[13], que trata de contrarrestar las consecuencias inflacionistas y logísticas más negativas, así como la respuesta social generada en el campo del transporte, agrícola u otros sectores fuertemente afectados por el alza de los precios energéticos, asignando 16.000 millones de euros de recursos públicos, tanto a ayudas directas y rebajas de impuestos a los sectores más afectados (6.000 millones), como a través de una nueva línea de avales (medida que ya ha demostrado su eficacia en la reacción a los efectos de la Covid-19) gestionados a través del ICO (10.000 millones de euros).

Los ocho objetivos fundamentales definidos para el Plan serían: 1) bajar el precio del gas, la electricidad y los carburantes ayudando en particular a los colectivos más vulnerables; 2) apoyar a los sectores y a las empresas más afectados y particularmente a pymes y a autónomos; 3) reforzar la estabilidad de precios; 4) garantizar los suministros; 5) proteger la estabilidad financiera; 6) acelerar el despliegue del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia Español (PRTRE); 7) impulsar la eficiencia energética; y 8) reforzar la ciberseguridad.

Como es obvio, nuevamente la energía, tanto en las medidas propuestas por la CE como en el Plan adoptado para España, cobra un papel fundamental en la intervención pública. Pero nuevamente lo coyuntural vuelve a sobreponerse a los cambios estructurales y a relativizar la prioridad de objetivos con riesgos muy graves a medio/largo plazo.

Con el Plan se trata también de contrarrestar un riesgo de derechización que, como venimos señalando, exige medidas inteligentes, prácticas y de apoyo, no solo a la población que más lo necesita, sino también a una clase media cuyo deterioro de las condiciones de vida va deslizándola, poco a poco, hacia el radicalismo de extrema derecha o hacia una abstención que beneficia a ésta.

Valorar las medidas adoptadas por la UE y el Gobierno de coalición y sus consecuencias sobre las Políticas de la Tierra será objetivo del próximo artículo en conmemoración de que el 22 de abril se declaró Día de la Tierra por parte de Naciones Unidas.

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[1] La Real Academia Española define las Redes Sociales como “Plataforma digital de comunicación global que pone en contacto a gran número de usuarios”. En distintas fuentes se considera que son elementos fundamentales de una Red Social la interacción (red de contactos) por intereses, actividades o relaciones comunes; la definición de cada persona o entidad conectada a través de una identificación o perfil propio; la capacidad de interacción funcional diversa: activa (crear, compartir, opinar,..) o pasiva (informarse, ver, escuchar,…).

[2] Muchas de las observaciones sobre el comportamiento de las distintas generaciones se basan en los resultados del Estudio Anual De Redes  Sociales 2021, realizado por IAB Spain (5 de mayo de 2021), con resultados extraídos de una encuesta a 1101 personas de 16 a 70 años (de los cuales 278 eran profesionales del sector digital) . https://iabspain.es/iab-spain-presenta-el-estudio-de-rrss-2021/

[3] Las redes son usadas diariamente una media de 1h 21m. Whatsapp (97% de usuarios de redes) e Instagram (83%) serían las dos Redes Sociales con mayor frecuencia de uso diario en 2021, seguidas de Facebook (72%) y Youtube (67%), que también superan el 66% de usuarios diarios, aunque estas dos últimas con pérdida de frecuencia respecto al año 2020. El Smartphone (92%) es el principal dispositivo usado para conectarse a redes sociales, seguido del PC (93%), si bien el que más crece en 2021 es la Smart TV (68%).

[4] Es importante destacar que los Influencers son seguidos por un 48% de los usuarios de redes sociales, fundamentalmente a través de Instagram, muy lejos del 31% que corresponden a los Medios de comunicación o del 18% que siguen a políticos o partidos políticos. Los círculos cercanos de relación (amigos, familiares y conocidos) son seguidos por el 92% de usuarios de redes y las cuentas de Marcas por el 48%, con una tendencia fuertemente decreciente (2018: 81% declaraba seguir marcas, 2019: 72%, 2020: 52%).,

[5] Save the Children (2022). “Adiós a la dieta mediterránea”. https://www.savethechildren.es/sites/default/files/2022-04/Informe_STC_Adios_a_la_dieta_mediterranea.pdf

[6] El estudio señala que, prácticamente, la mitad de los usuarios de redes sociales se han planteado dejar de utilizar una red por miedo a que se filtre información personal (dato muy parecido al de 2050: 53%), pero sólo un 11% ha dejado de utilizarla finalmente.

[7] El desarrollo de un consumo inducido, expansivo, personalizado y dirigido a través de las redes sociales ha experimentado un crecimiento espectacular, posibilitado por el progreso de la informática, los Big Data, la Inteligencia Artificial y el Machine Learning.

[8] https://www.economist.com/business/2022/04/09/from-apple-to-google-big-tech-is-building-vr-and-ar-headsets?utm_content=ed-picks-article-link-5&etear=nl_weekly_5&utm_campaign=r.the-economist-this-week&utm_medium=email.internal-newsletter.np&utm_source=salesforce-marketing-cloud&utm_term=4/8/2022&utm_id=1126984

[9] Meta, la empresa matriz de Facebook, ha vendido aproximadamente 10 millones de dispositivos Quest 2 en los últimos 18 meses. Pero incluso con la promoción incesante de Meta de conciertos virtuales, reuniones de oficina, o usos comerciales, pocas personas usan la realidad virtual para otra cosa que no sea jugar: el 90% de los 2 mil millones de dólares gastados en contenido de realidad virtual el año pasado se destinaron a juegos, según se señala en  el citado artículo de The Economist, citando la fuente de Omdia.

[10] Según recoge McKensey (2022), en EEUU, la cantidad de trabajadores que renunciaron a sus trabajos superó los cuatro millones en cada mes, desde julio hasta octubre de 2021. Muchos jóvenes chinos se están uniendo al movimiento de “acostarse” al optar por no trabajar largas horas y hacer lo mínimo para salir adelante, y luchando solo por lo que es absolutamente esencial para la supervivencia.

[11] Comunicación sobre el modelo de crecimiento europeo hacia una economía verde, digital y resiliente. COM(2022) 83 final. Brussels, 2.3.2022.  https://ec.europa.eu/info/sites/default/files/economy-finance/com_2022_83_1_en_act_part1_v5_0.pdf

[12] Ministerio de Hacienda y Función Pública (2021), Informe de Alineamiento con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. https://www.sepg.pap.hacienda.gob.es/sitios/sepg/es-ES/Presupuestos/InformesImpacto/IA2022/Paginas/IAPGE2022ODS.aspx

[13] https://www.lamoncloa.gob.es/consejodeministros/referencias/Paginas/2022/refc20220329_corregidav02.aspx#energia