Durante la actual guerra en Palestina, entre otros actores fundamentales, el Consejo de Seguridad de la ONU se ha mostrado con toda su crudeza como una estructura absolutamente ineficaz e inoperante para ni tan siquiera paralizar durante unas horas la masacre indiscriminada (incluidos de miles de niños/as), que se está produciendo en Gaza desde hace ya varios meses.

Estados Unidos con su poder de veto ha rechazado la resolución S/2023/773 propuesta por Brasil    donde se  pedía pausas humanitarias para permitir el suministro de ayuda a civiles por parte de las agencias de socorro de las Naciones Unidas y sus socios, del Comité Internacional de la Cruz Roja y otras organizaciones, el establecimiento de corredores humanitarios, condenaba los ataques del grupo militante Hamás contra Israel el 7 de octubre y pedía la liberación de los rehenes israelíes, así como el respeto del derecho internacional y humanitario por parte de todas las partes involucradas. Esta resolución obtuvo 12 votos ,2 abstenciones (Rusia y Reino Unido) y el veto de Estados Unidos. Previamente, el Consejo rechazó una enmienda de Rusia a esa misma resolución en la que se pedía “el inmediato alto el fuego” en la región.

El Consejo de Seguridad está formado por 15 miembros, 5 de ellos con carácter permanente, que son Reino Unido, Francia, China, Rusia y Estados Unidos. Las decisiones en el consejo se toman con una mayoría de 9 de sus miembros; pero, y aquí radica en mi opinión, el quid de la cuestión, cualquiera de los 5 miembros permanentes puede imponer su veto aun habiendo obtenido una propuesta de resolución esa mayoría de 9 miembros, e incluso el voto afirmativo de los 14 miembros restantes.

Este derecho de veto proviene a todas luces de una estructura de poder derivada del resultado de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Es decir, estamos hablando de un funcionamiento y sistema de votación derivado de hace más de 70 años, y con unos equilibrios de poder a nivel mundial que no obedecen a los actuales, ni en capacidad política, económica, y muchísimo menos, si los encuadramos en un organismo plenamente democrático del siglo XXI (y me atrevería a decir, que incluso tampoco del siglo XX).

Como comentamos, Estados Unidos ha apoyado de forma incuestionable al estado de Israel una y otra vez en múltiples resoluciones aprobadas por mayorías del Consejo de Seguridad (asentamientos ilegales de colonos, capitalidad de Jerusalén, etc.) ejerciendo su poder de derecho a veto contra las resoluciones del Consejo que daban indicaciones, condenas, actuaciones que iban contra la voluntad y actuaciones israelíes,   y también por extensión  de la propia Asamblea General de la ONU (recordemos que está no tiene capacidad normativa para obligatoriedad a los estados, salvo en materias muy específicas como la presupuestaria).

Urge, en primer lugar, establecer modificaciones en el procedimiento de adoptación de resoluciones del Consejo de Seguridad. Con una mayoría de, por ejemplo, 4/5 (requería la aprobación de 12 miembros del consejo) o la actual de 3/5 pero que debería incluir, digamos con un mínimo de 3 miembros permanentes y con estas mayorías cualificadas podría quedar aprobada la resolución adoptada por el Consejo de Seguridad, dejando sin efecto la manifestación en contra (ya no cabría denominarlo veto) de uno de los 5 miembros permanentes. Se pueden estudiar diversas fórmulas, diferentes opciones, para dotar a este Consejo de un funcionamiento justo y democrático, cualquier salida es positiva con tal de suplir la antidemocrática e injusta posición de veto de los actuales miembros permanentes.

Paralelamente, se debe analizar la incorporación como miembros permanentes de otros países relevantes en la esfera mundial (Brasil, India, Japón, Alemania) por ejemplo Japón y Alemania    ocupan la 3º y 4º posición respectivamente como mayores contribuyentes al gasto para las operaciones de mantenimiento de la Paz de la ONU (año 2020, fuente ONU).

Secuencialmente, podrían estudiarse dotar de una mayor capacidad normativa a la Asamblea General y que pudiese decidir cuestiones de mayor alcance legislativo y político en la esfera mundial, lo justo y a lo que habría que tender, es a “UN PAIS UN VOTO“ con mayores funciones por parte de la Asamblea, (mencionar que actualmente el Consejo posee las capacidades tan importantes como establecer sanciones económicas, embargos de armas, sanciones y restricciones financieras, instar a que se investigue crímenes de guerra) ; y esto no se diga es una utopía, pues también se tachaba de utopía UN HOMBRE UN VOTO en el siglo XIX y se ha logrado este derecho en las democracias avanzadas. ¿Por qué no dicha igualdad también entre naciones en organismos rectores internacionales en instituciones como la Asamblea General, e ir más allá de que sea solamente foro deliberativo y de mínima capacidad normativa?

Sobra decir que los cinco miembros actuales difícilmente van a aceptar modificar su estatus privilegiado de derecho a veto. Países emergentes como Brasil, India, las marginadas por su derrota bélica en su momento, Alemania y Japón, y potencias  como España, considero deben ser la espoleta y vanguardia para acordar y exigir las modificaciones, en las líneas esbozadas, en la adoptación y funcionamiento del Consejo de Seguridad, y por extensión de la ONU.

Campañas de información y movilización de sus opiniones públicas, adopción de resoluciones y mociones que encomien a una nueva valoración y cambios en el Consejo, ser la vanguardia que muestre la inconsistencia de un mundo donde la democracia se desea impregne la forma de convivencia y adopción de decisiones políticas, y donde un órgano de esta relevancia mundial como el Consejo opera no ya con patrones ni tan siquiera de democracias  liberales defectuosas del siglo XIX, sino con pautas alejadas de lo que son las democracias liberales.

Durante el Holocausto acaecido 1941-1945, ¡muchas naciones miraron para otro lado…!, actualmente ante la inmisericorde matanza de población civil gazatí, también muchas sociedades y gobiernos miran para otro lado.  No es el caso de nuestro gobierno y país, que de forma serena y valiente está ofreciendo una voz en defensa de los derechos humanos, y por ende, se constituye como una de las pocas voces dignas y justas del mundo occidental.  La historia también debería juzgar a todos los que justifican o ignoran las miles de muertes del lado palestino. El grupo terrorista Hamas es la barbarie personificada, pero un estado no puede ponerse a su nivel, asesinando a población civil bajo el pretexto de eliminar a una organización terrorista. ¿Acaso no existen las operaciones quirúrgicas contra grupos terroristas? Tenemos ejemplos claros, por parte de fuerzas especiales de Estados Unidos, e incluso de Israel en otras ocasiones.

Reitero la necesidad de reformas en el Consejo de Seguridad, que repito deben ser abanderadas por potencias como España, una ONU verdaderamente democrática, con una visión de organismo internacional que vaya avanzado en capacidad legislativa, política. Un mundo globalizado exige órganos políticos y de decisión globalizados e impregnados de democracia, de lo contrario serán meros brindis al sol, retórica y buenismo democrático y de derechos humanos, frustración de pueblos y naciones que no están en la orbita de los cinco miembros permanentes y que nos puede llevar a agravios entre religiones, civilizaciones, a un mundo más injusto, más hipócrita, menos humano.