Circulando el otro dĂa por una calle de Madrid, desde el coche, pude observar como dos o tres jĂłvenes iban corriendo por la carretera y la acera a tal velocidad, que no dudaban en llevarse por delante a cualquier persona que se interpusiera en su camino. Al poco tiempo, tras ellos, iba un grupo bastante numeroso con todo tipo de objetos y no muy buenas intenciones. TorcĂ en una de las calles, y no sĂŠ como acabĂł la persecuciĂłn, aunque creo que no les llegarĂan a coger, porque de lo contrario muy probablemente el resultado hubiera salido en las noticias.
Esta escena, u otras escenas parecidas, ya sean batallan campales en fiestas patronales, o apuĂąalamientos que en alguna ocasiĂłn han acabado con muertes, generan un clima de intranquilidad y miedo que no sale en las estadĂsticas, y que deteriora gravemente la convivencia y el dĂa a dĂa de muchas zonas de Madrid y de otras ciudades.
Es cierto que los niveles de seguridad en Espaùa y en Madrid son grandes. Pero tambiÊn, es cierto que cada vez hay mås ciudadanos intranquilos y con miedo en sus rutinas cotidianas, a los que las administraciones deben prestar mås atención.
Una atenciĂłn, preventiva y real para evitar que se enquisten los problemas. Una atenciĂłn, que ponga al ciudadano en el centro de las polĂticas. Una atenciĂłn, que tanto el Ayuntamiento como la Comunidad de Madrid llevan mucho tiempo sin dar. ÂżExageraciĂłn? No creo. Pero por si acaso, a continuaciĂłn voy a mostrar un ejemplo.
El 20 de junio del aĂąo 2005, escribĂ una tribuna en el diario EL PAIS titulada: âContra las bandas: policĂa, prevenciĂłn e inversiĂłnâ. Han pasado catorce aĂąos y la pregunta es ÂżSigue vigente este artĂculo en el aĂąo 2019? Juzguen ustedes.
âContra las bandas: policĂa, prevenciĂłn e inversiĂłn.â
âEn los Ăşltimos aĂąos, en algunas ciudades espaĂąolas, y especialmente en Madrid, ha surgido una nueva forma de violencia organizada protagonizada por grupos de jĂłvenes que, bajo la denominaciĂłn de Latin Kings, Ăetas y Maras Salvatruchas, estĂĄn causando graves incidentes que generan violencia, muerte y, sobre todo, alarma social entre los ciudadanos. Ante esta situaciĂłn de inseguridad, miedo, incertidumbre y hartazgo, desde los poderes pĂşblicos hay que garantizar el ejercicio cotidiano de nuestras libertades, lo que exige mĂĄs presencia policial, pero tambiĂŠn, y sobre todo, combatir las causas de este conflicto social.
 La ocupaciĂłn de espacios pĂşblicos donde amedrentan al resto de usuarios. Los robos con violencia y de objetos de moda. Las agresiones que tienen por motivo la consideraciĂłn de un espacio de la ciudad como propio, su territorio. La cada vez mĂĄs extendida “extorsiĂłn” a niĂąos y jĂłvenes por la utilizaciĂłn de instalaciones deportivas. Las luchas con bandas rivales. Las agresiones en el entorno escolar que generan una grave intranquilidad a padres, profesores y alumnos. Los estados de embriaguez, donde se generalizan las peleas. La violencia ejercida hacia miembros de la propia banda cuando ĂŠstos deciden dejar la organizaciĂłn. Es una realidad que muchos madrileĂąos viven dĂa a dĂa y que les lleva a solicitar mĂĄs seguridad y respeto de las normas bĂĄsicas de convivencia. Es una realidad que las administraciones pĂşblicas deben conocer y combatir para que exista convivencia y seguridad. No caben declaraciones grandilocuentes, ni promesas incumplidas aĂąo tras aĂąo, sĂłlo es posible una actuaciĂłn pĂşblica coordinada, porque de no ser asĂ, un problema de convivencia se puede transformar en un polvorĂn de tensiĂłn que, aprovechado por grupos racistas, xenĂłfobos y fascistas, prenda la mecha del odio y la intolerancia.
 SegĂşn algunos expertos, sĂłlo en Madrid se calcula que pueden existir mĂĄs de 500 jĂłvenes, entre 14 y 23 aĂąos, pertenecientes a estas bandas. Su estructura es piramidal, con un lĂder supremo, llamado Rey y, a su alrededor, un nĂşmero indeterminado de lugartenientes que transmiten sus Ăłrdenes y se encargan de hacerlas cumplir. Para formar parte, los aspirantes que son elegidos han de cumplir una serie de requisitos muy precisos: deben profesar obediencia ciega a sus superiores, guardar fidelidad incondicional al lĂder, consagrarse de forma prĂĄcticamente exclusiva al grupo, usar sĂmbolos que les identifican como miembros de la banda y actuar en un territorio bien delimitado (plaza, calles, parque, etcĂŠtera) que consideran suyo. Es verdad que cuantitativamente son una minorĂa, pero no es menos cierto que sus acciones generan una quiebra de la convivencia difĂcilmente soportable para los ciudadanos.
 ¿Sabemos lo que siente un niĂąo cuando es amenazado y agredido en un parque o en el colegio? ÂżSomos conscientes de la intranquilidad y las posibles reacciones de unos vecinos que tienen miedo? ÂżPodemos consentir el secuestro de derechos fundamentales en determinados lugares y a determinadas horas? ÂżAlguien se ha preguntado por quĂŠ ingresan en las bandas? ÂżQuĂŠ sucede con estos adolescentes escolarmente fracasados, sin trabajo ni posibilidades de integraciĂłn a la vista? ÂżProceden de familias inmigrantes desestructuradas? ÂżDe un ambiente econĂłmico y socialmente hostil? ÂżSon el claro ejemplo del fracaso de unos servicios sociales municipales y autonĂłmicos escasos y precarios? Muchas son las preguntas y para resolverlas es urgente realizar un diagnĂłstico de lo que sucede y por quĂŠ sucede, para invertir en prevenciĂłn y tratamiento de las causas. Unas causas que son mĂşltiples (econĂłmicas, sociales, familiares, educativas…) y unas soluciones que tienen que venir dadas desde polĂticas pĂşblicas realizadas por todas las administraciones. Pero, especialmente, en Madrid, donde nueve distritos estĂĄn por debajo de la renta media de la ciudad y donde la emigraciĂłn se concentra en determinadas zonas, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento tienen que invertir en dotaciones, equipamientos y servicios sociales en barrios que durante muchos aĂąos han abandonado a su suerte.
 Hay un clima de intranquilidad que va en aumento, y que ha derivado en un deterioro grave de la convivencia. Para afrontar esta situaciĂłn social y delincuencial hay que limitar la expansiĂłn de estas bandas y dar la voz de alerta a unas instituciones, que son las primeras que deben tomar cartas en el asunto, no minimizando este fenĂłmeno que cada dĂa va incrementĂĄndose. Es urgente impulsar, entre todas las administraciones, un Pacto CĂvico por la Seguridad y la Convivencia, que, con la participaciĂłn del tejido asociativo, desarrolle acciones policiales, preventivas y judiciales.
 Acciones policiales:
– Mayor presencia policial en las calles e incremento del nĂşmero de policĂas, con el objetivo de paliar las deficiencias y mejorar la calidad del servicio que se presta al ciudadano.
– Un programa de seguridad ciudadana por distrito, teniendo en cuenta las peculiaridades de cada uno de ellos y desarrollando una coordinaciĂłn real entre los diferentes cuerpos policiales. Hay que acabar con la desigualdad en materia de seguridad que existe entre distintas zonas de Madrid.
– Un plan de actuaciĂłn contra estas bandas, con zonas de actuaciĂłn preferentes para acabar con su impunidad tanto en el espacio pĂşblico como en los centros educativos. En esta labor hay que incorporar de manera efectiva a la PolicĂa Municipal.
 Acciones preventivas:
– Planes integrales en los 21 distritos para mejorar la calidad de vida de los vecinos. Estos planes, realizados con la colaboraciĂłn de los ciudadanos, tienen que contar con programas de regeneraciĂłn urbana, de desarrollo local, movilidad, equipamientos, mejora del medio ambiente urbano e integraciĂłn social.
– Plan de inversiones, con el fin de dotar a la ciudad, y especialmente a las zonas con menor renta, de una red bĂĄsica de profesionales y equipamientos sociales. Es necesario la implantaciĂłn de un trabajador social de zona por cada 3.000 habitantes, como profesional de referencia del sistema pĂşblico municipal de servicios sociales para toda la ciudadanĂa, para facilitar un tratamiento social personalizado, familiar y grupal.
– DiseĂąar un mapa de riesgo social con planes concretos (prevenciĂłn de la marginalidad, educadores de calle y de familia que localicen y se desplacen al lugar donde se estĂĄ produciendo el riesgo, acciĂłn educativa y compensatoria en aquellos jĂłvenes en riesgo social dentro de los centros educativos).
– Un programa efectivo de integraciĂłn social de los inmigrantes que potencie el reconocimiento de todos sus derechos, que desarrolle medidas que prevengan la marginaciĂłn social, que promueva la atenciĂłn integral y normalizada de los inmigrantes y que desarrolle la convivencia intercultural, la tolerancia y la solidaridad.
– Crear un Servicio Municipal de AtenciĂłn a la VĂctima (SAV) en cada uno de los distritos, para garantizar la prestaciĂłn de servicios de apoyo y asistencia a las vĂctimas de delitos, como han hecho otros ayuntamientos, como Alcobendas o Fuenlabrada.
 Acciones judiciales:
– Implicando a la judicatura en la prevenciĂłn de conductas asociales producidas por jĂłvenes inmigrantes, todo ello a travĂŠs de la FiscalĂa de Menores.
– Dando prioridad a la acciĂłn de la justicia, a travĂŠs de la fiscalĂa, para el esclarecimiento de los delitos cometidos por estos grupos.
 Madrid es una ciudad abierta, donde la seguridad es la garantĂa que tenemos todos los ciudadanos al libre y pleno ejercicio de nuestros derechos y libertades. Esta garantĂa deben proporcionarla las administraciones pĂşblicas, dotando de medios y personal suficiente a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad sin ningĂşn tipo de complejo. Pero la inseguridad no es sĂłlo un problema policial, necesita polĂticas sociales, que aborden las causas de la inseguridad y articulen la actuaciĂłn integral de diferentes servicios pĂşblicos. Una ciudad integradora y cohesionada socialmente es una ciudad que pone el acento en la prevenciĂłn de la delincuencia. Por este motivo, es preciso trabajar en prevenciĂłn, reinserciĂłn y concienciaciĂłn social, lo que supone necesariamente incentivar las polĂticas educativas, formativas, culturales, urbanĂsticas frente a la exclusiĂłn social. Se necesitan menos declaraciones y mĂĄs compromisos presupuestarios claros y especĂficos que eviten la marginalidad y favorezcan la integraciĂłn.â DIARIO EL PAIS.20/06/2005
