En medio de la grave situación de la pandemia, en EEUU se han despertado los miedos ancestrales, las desigualdades estructurales, el racismo lacerado. Lo que está ocurriendo en EEUU no es nuevo, pervive en una mentalidad cultural extremista: son los mismos valores culturales que impiden que exista una sanidad pública gratuita, coberturas sociales universales, o prohíbe llevar armas que se exhiben impúdicamente en manifestaciones al grito de “libertad”.

No es nuevo. Y sigue existiendo esa brutalidad policial porque existe el racismo en una gran parte de la población.

Es el mismo EEUU que en 2008 tuvo un presidente afroamericano. Una familia negra ocupando la Casa Blanca. Pero, para una gran parte de la población aquello fue un “negro” accidente histórico. Obama nunca debió ser presidente, era un proscrito, que ni merecía llamarse “americano”.

Es el mismo sentido de patrimonialización y apropiación que aquí hace la derecha más extrema, Vox, y riéndole las gracias para competir en agresividad, está también el PP. Es esa soberbia que se exhibe pensando que los demás, “los rojos y chusma”, no tenemos derecho a ganar elecciones y gobernar. El país es de “ellos”.

Así lo exhibe también Trump, cuando habla continuamente de “un país más grande”, y se llena la boca hablando de América, como si los que protestaran en la calle, los negros asesinados, los manifestantes, no fueran americanos. Su consigna viene a decir que cuando consiga acabar con ellos, América será pura de nuevo.

El año 2019 murieron 38.730 personas por armas de fuego en EEUU. Más de 100 personas diarias. Se calcula que en EEUU, con unos 327 millones de personas, hay entre 200 y 350 millones de armas en manos de la gente. El año pasado murieron más de 1000 personas tiroteadas por la policía (la inmensa mayoría negros).

¿Es esta la primera democracia del mundo? ¿Es esta la primera potencia?

¿Podríamos imaginar esa misma situación en España? Llevar armas, tiroteos de la policía, y un presidente chulo, mentiroso, fanfarrón, racista, misógino, mal educado, burlón con la prensa, y un sinfín de excentricidades, barbaridades, y actuaciones que lo hacen ser un verdadero impresentable. Hasta la red social twitter debe censurar sus mensajes por mentir abierta y descaradamente. ¿Podríamos imaginar tener un presidente así?

Quienes se miran al espejo de Trump, y no solo le ríen las gracias, sino pretenden emularlo  o alabarlo (como ocurre con Abascal o Díaz Ayuso), deberían replanteárselo porque no todo está permitido en una democracia liberal ni tampoco todo será aceptado por la ciudadanía.

Normalmente, es la gran mayoría silenciosa la que soporta en sus hogares los excesos verbales, los insultos, las descalificaciones y las mentiras que vemos continuamente en la política tanto americana como española. Pero soportarlo en silencio, sin salir a la calle a dar bocinazos con los coches, no quiere decir que lo acepten ni que lo compartan. La mayoría de la gente tiene sentido común, le gusta la tranquilidad y la paz, sabe ser crítica y reflexiva sin ser maleducada. Y ve con estupor lo que ocurre en EEUU.

Porque allí hay un hartazgo de base, hay también una ruptura radical con su presidente, que no es el responsable directo de lo que ocurre, pero sí está siendo un pirómano jugando a encender los ánimos en vez de asumir unas responsabilidades y ayudar a calmar la situación actuando con justicia.

Mientras tanto, desconocemos qué ocurre en EEUU con la pandemia, cuando tiene una situación preocupante de fallecidos y contagiados. Algo que no parece preocuparle a Trump. Como tampoco parece que aquí le preocupe mucho ni a Vox ni al PP que están entretenidos en ponerle palos al gobierno, bien sea con el 8-M o bien sea utilizando a la guardia civil con la destitución de Pérez de los Cobos.