“Son unos presupuestos cargados de valores sociales y de enorme sentido común y pido a todas las fuerzas parlamentarias que los apoyen para que España y Cataluña avancen en la modernización de la economía, el empleo digno y la reconstrucción del Estado del bienestar”. Con estas palabras, en un acto en Barcelona, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pedía al resto de fuerzas políticas que apoyasen unos Presupuestos Generales del Estado que van a mejorar la vida y los derechos de todos los españoles.

Desgraciadamente, la polarización creciente que vive España, más agudizada en este año electoral, trajo las respuestas esperadas, pero no las que más necesitan los españoles. Así, el presidente del PP, Pablo Casado, sostenía que «si Sánchez fuese liberal, bajaría impuestos. No pactaría con los independentistas. No estaría reconociendo una interlocución con Arnaldo Otegi».

Por su parte, Albert Rivera, de Ciudadanos escribía un tuit donde señalaba que “Votaremos NO a los Presupuestos de Sánchez. Son los Presupuestos del Pacto de la Cárcel, del dieselazo, del sablazo a los autónomos y del freno a la creación de empleo. Justo lo contrario de lo que necesita España. #EleccionesYa”. Y en la misma línea, su secretario general, José Manuel Villegas, añadía: «Los españoles tenemos que vivir en la humillación, porque el futuro de los españoles y de estos presupuestos los están decidiendo estos señores en Waterloo», “España no necesita estos presupuestos sino unas elecciones para abrir una nueva etapa. El futuro de España hay que ponerlo en manos de los españoles no en manos del señor Torra ni Puigdemont».

Podemos, que firmó un acuerdo con el Gobierno, en palabras de su portavoz, Irene Montero, mantenía que «si no se cumple el acuerdo, esos Presupuestos no salen, a no ser que encuentren el apoyo en Ciudadanos, PP y otras formaciones. Y, en ese caso, tendremos que ir a elecciones».

Y los independentistas a su ritmo. Con Puigdemont, afirmando que “en las actuales circunstancias no puede haber ni aprobación de Presupuestos ni debemos prestarnos a su tramitación”, aunque aseguraba estar dispuesto a dialogar “hasta el último minuto”. Y el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, diciendo que “si mañana ERC tuviera que votar estos Presupuestos, votaría que no”.

Vistas las declaraciones de los distintos actores políticos, se pueden destacar dos cuestiones. La primera es que parece difícil que se puedan aprobar los Presupuestos Generales del Estado. En este sentido, hay que señalar dos posturas. La de PP y Ciudadanos, que están instalados en el cuanto peor mejor para intentar conseguir el poder a toda costa. Política que los ha llevado a gobernar con la extrema derecha en Andalucía, como anticipo de lo que harán en el resto de España si les dan los números. Y la de Podemos y los independentistas. Podemos queriendo tener cierto protagonismo, pero siendo consciente que al final no votarán en contra de los Presupuestos. Y los independentistas, que si piensan en lo que conviene a los ciudadanos y a ellos mismos acabarán apoyando los presupuestos, no sin antes hacérselas pasar canutas al Gobierno durante toda la tramitación. Eso sería lo lógico, pero ya se sabe que a Puigdemont y Torra les gustan mucho los precipicios.

La segunda cuestión a destacar, es el desprecio que muchas de las fuerzas políticas demuestran por los ciudadanos a los que representan. La pregunta en estos momentos es, ¿son buenos estos Presupuestos Generales del Estado para los españoles y para España? Si la respuesta es afirmativa, y lo es, tienen que apoyar con su voto en el Congreso y en el Senado los Presupuestos.

Esto es el patriotismo constitucional del siglo XXI. Anteponer el bienestar de los ciudadanos y sus necesidades a la obsesión por el poder. Pero desgraciadamente, el PP y Ciudadanos confunden el patriotismo con el nacionalismo de pulserita en la muñeca. Además, están más preocupados por sus intereses particulares que por el interés general de los españoles.

Lo demostraron PP y Ciudadanos con su rechazo en el Senado a la senda de estabilidad propuesta por el Gobierno, aprobada por Bruselas y la mayoría del Congreso, que permitía 6.000 millones de euros más de inversión en Sanidad, Educación, Dependencia y pensiones, para este año. Lo volverán a demostrar con el rechazo a los presupuestos, si no rectifican.

Los Presupuestos Generales del Estado que se pretenden aprobar tienen un triple objetivo: “Proteger el crecimiento, dirigiéndolo hacia un desarrollo más robusto, sostenible e inclusivo; fortalecer las políticas sociales y redistribuir la riqueza tras una década de incremento de la desigualdad; y reducir la deuda y el déficit, cumpliendo con los compromisos europeos y garantizando la sostenibilidad presente y futura de las cuentas”, como afirmó la ministra Montero.

Frente a la realidad paralela en que viven muchos representantes políticos, a los españoles sí les interesan estos presupuestos. Por ese motivo, votar en contra de los presupuestos es votar contra ellos, contra las personas a las que representan. Esperemos que, a pesar del ruido, la población sea consciente de ello a la hora de votar, porque por ahora, el gobierno es el único que se preocupa del bienestar de los españoles.