El Barómetro del CIS del mes de abril establece una radiografía de cómo está España en estos momentos. Pero también, señala tendencias que tienen que ser interpretadas por los distintos actores políticos, sociales y económicos, como guías de referencia para hacer coincidir la agenda de los ciudadanos con las acciones de las instituciones y de la propia sociedad.

Después de diez años de crisis, paulatinamente va disminuyendo el porcentaje de españoles que califican la situación económica y política de España como mala o muy mala. Aunque los porcentajes siguen siendo muy elevados. Concretamente, un 57,7 por ciento de encuestados, califica la situación económica como mala o muy mala. Mientras que para un 69 por ciento la situación política es calificada como mala o muy mala.

Los ciudadanos quieren que el Estado participe más en la economía para que se genere más bienestar, y se resuelvan los principales problemas que existen en España. Unos problemas que tienen claramente identificados porque los sufren. El primero, el paro para un 69,6 por ciento; la corrupción y el fraude para un 42 por ciento; los problemas de índole económica, para el 21,2 por ciento; los políticos/as en general, los partidos y la política para un 20,9; la sanidad para un 12,6 por ciento; la educación, para un 10,4 por ciento; y los problemas de índole social, para un 10,1 por ciento.

En resumen, demandan acabar con las políticas de austeridad mal entendida que han recortado los servicios públicos y muchos derechos que la población creía consolidados. Y que se realicen políticas expansivas de crecimiento, empleo, derechos y bienestar.

¿Es posible? Sí, si se superan algunas contradicciones en la acción política práctica, como que auto-ubicándose ideológicamente la mayoría de los españoles en la izquierda, el PP sea el partido más votado.

Estos datos, muestran también, por un lado, el alejamiento de los ciudadanos de sus representantes. Hecho que se confirma con que solo un 5,5 por ciento de los ciudadanos ha asistido a una reunión o mitin político en el último año; un 6,6 por ciento ha contactado o intentado contactar con un/a político/a para expresarle sus opiniones; un 12,4 por ciento a asistido a una manifestación; o un 50,5 por ciento de los encuestados no ha participado y nunca lo hará en una reunión o mitin político.

Y por otro lado, el hartazgo y la desmoralización, que lleva a que cuando se pregunta con qué frecuencia diría usted que habla o discute de política cuando se reúne con sus amigos/as, familiares o compañeros/as de trabajo/estudios, existan elevados porcentaje con la respuesta de nunca o no procede. Un 25,1 por ciento lo dice con los amigos, un 26 por ciento con los familiares, y un 59,4 por ciento con los compañeros de trabajo/estudios.

Pero algo está cambiando. Junto a lo anterior, se está produciendo una tendencia creciente, minoritaria por ahora, pero importante, de personas cada vez más activas y reivindicativas. Y aquí, hay que destacar un hecho del cual deben tomar nota los actores económicos. Un número creciente de ciudadanos tiene comportamientos reivindicativos a la hora de consumir o no un producto.

Un 25,1 por ciento ha comprado ciertos productos por razones políticas, éticas o para favorecer el medio ambiente. Un 22,5 por ciento dejó de comprar o boicotear ciertos productos por razones políticas, éticas o para favorecer el medio ambiente durante los últimos doce meses.

Parece que se está dando más importancia a determinados valores en la sociedad, no solo desde un punto de vista teórico sino también practico.

Por último, destacar que para el 85,1 por ciento de los encuestados la frase que mejor refleja su opinión sobre la democracia es que “la democracia siempre es preferible a cualquier otra forma de gobierno”. Y aquí, merece la pena hacer una mención a cómo se ha interpretado en el PSOE haber recuperado en este barómetro la segunda posición, por detrás del PP y muy igualado a Podemos, pero por delante.

Toda España sabe que en un contexto de primarias, las personas que se presentan pretenden arrimar el ascua a su sardina, como se dice coloquialmente, porque su objetivo es tener el mayor número de votos de los militantes. Hasta ahí bien. Pero hay dos cuestiones básicas que hay que recordar en estos momentos a todas y todos los militantes socialistas.

La primera, es que es mejor estar en segunda posición que en tercera. Sin más análisis ni doblez. Por tanto, no hay que despreciar una noticia positiva o intentar ocultarla con insultos y descalificaciones. Que el PSOE sea percibido mejor por los ciudadanos tiene, y tendría, que alegrar a todos los militantes del PSOE independientemente de a quién apoyen. Otra cosa es que el camino que hay que recorrer hasta conseguir la confianza mayoritaria de los españoles es largo, pero se recorrerá más fácilmente si después del día 21 de mayo hay unidad.

La segunda, es que la descalificación y el insulto permanente hacia el que no piensa como uno, retrata a la persona que lo práctica. Pero, sobre todo, está alejada de unos valores socialistas donde la fraternidad con todas las personas, y más si cabe con las que militan en el mismo partido político que al que tú perteneces, es una seña de identidad del PSOE, al menos hasta hace poco tiempo.

Por tanto, fraternidad, fraternidad y fraternidad, para que después haya unidad, unidad y unidad.