Son muchos los Informes que afrontan los riesgos previsibles a medio-largo plazo, desde distintos enfoques, perspectivas e intereses. Anualmente nos referimos en esta Sección a The Global Risk[1] que se elabora para las reuniones del Foro de Davos de cada enero. Este año vamos a hacer también una referencia resumida al documento “Informe anual de riesgos 2020. Resilience360[2], que destaca los 10 principales riesgos para la nueva década desde la perspectiva de los intereses de las multinacionales y su logística global, y a un extraordinario trabajo de Bradshaw, C.J.A., Ehrlich P.R., et alt. (2021)[3] sobre las peligrosas tendencias actuales en las condiciones ambientales y su repercusión sobre la posible evolución de la población y del propio planeta Tierra.

La pandemia ha hecho que este año el Foro Económico Mundial de Davos, en su 51ª edición, bajo el lema “El Gran Reinicio”, cambie de formato (videoconferencias del 25 al 29 de enero: Diálogos de Davos), y un encuentro presencial en Singapur, del 13 al 16 de mayo, para mantener el que es el mayor atractivo del Foro: facilitar las reuniones interpersonales entre líderes, presidentes de multinacionales, presidentes de gobierno, ministros y responsables de distintas áreas de la economía, las finanzas, el periodismo, etc.).

Su objetivo general queda resumido claramente en su lema “El Gran Reinicio”, tratando de incidir sobre las tendencias mundiales en el nuevo marco generado por la pandemia y su aceleración de procesos de trasformación tecnológica, a la vez que sobre el incremento de riesgos previsibles para los próximos diez años. Pretende colaborar en construir una nueva economía y sociedad, que se movilice para combatir el calentamiento global, gestionar y difundir el uso de las Tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial, y promover la mejora y cooperación global, cara a avanzar hacia un futuro más inclusivo, cohesivo y sostenible.

El Foro parte de la constatación de que el coste humano y económico del Covid19 está siendo muy elevado. Está revertiendo años de progreso en la reducción de la pobreza y la desigualdad, y está debilitando la cohesión social y la cooperación global. Y señala que hay que evitar que el aumento del desempleo y la degradación de las condiciones de trabajo, la pérdida de bienestar, el cierre de empresas, los cambios abruptos en los mercados y una brecha digital cada vez mayor, puedan llevar a un incremento de los conflictos sociales y del malestar social, a la fragmentación política y al incremento de tensiones geopolíticas, en un marco en el que no hay que olvidar amenazas para la próxima década, como los riesgos de ciberataques, la proliferación y uso de armas de destrucción masiva y, fundamentalmente, el cambio climático.

Para la reunión anual que cada enero convoca el World Economic Forum, en Davos, se ha presentado el señalado Informe “The Global Risk 2021”, que enmarca los riesgos más relevantes para el próximo decenio, tras el nuevo escenario creado por la pandemia del Covid19[4].

La clasificación de los Riesgos en el Global Risk 2021[5], que se sintetiza en la Figura siguiente, considera, simultáneamente, la probabilidad de ocurrencia –abscisas- y la gravedad previsible –ordenadas- de los efectos asociados al conjunto de Riesgos considerados.

De su análisis hay que destacar la importancia que siguen teniendo los Riesgos relacionados con el medio ambiente, que se mantiene desde 2016. Así, de los diez Riesgos más significativos de 2019 y 2020, seis tenían carácter ambiental, manteniéndose los mismos del “top ten” de 2018, pero incrementando su gravedad global relativa y consolidando el incremento de importancia que se produjo en estos en 2018 respecto a 2017. En 2021, el incremento de importancia de los riesgos sociales hace que pierda posiciones en estos diez primeros riesgos los Desastres naturales (posición 4ª en 2020) ahora definidos como Desastres geofísicos. En todo caso, los riesgos de mayor probabilidad/impacto considerados en el Informe para los próximos diez años, siguen siendo fundamentalmente ambientales: calentamiento global, daños ambientales provocados por el hombre, colapso de ecosistemas y pérdida de biodiversidad. clima extremo, y crisis en los recursos naturales. Seguidos de los socioeconómicos: enfermedades infecciosas, crisis en los medios de vida, erosión de la cohesión social y migraciones involuntarias. Disminuye el peso relativo, respecto a años anteriores, de los riesgos tecnocráticos, manteniéndose la importancia de los fallos de ciberseguridad, pero descendiendo la importancia relativa de la concentración de poder digital, y de la desigualdad digital. Y aparecen destacados los riesgos económicos asociados a la crisis de deuda pública y a un posible estancamiento económico prolongado.

Desde el punto de vista del mayor impacto potencial en la próxima década, destacan las enfermedades infecciosas, que aparecen ahora en primer lugar, seguidas del fracaso de la acción climática y del resto de riesgos ambientales antes señalados, manteniéndose, como tradicionalmente, los impactos potenciales de las armas de destrucción masiva, y subiendo en importancia las crisis de los medios de vida, las crisis de la deuda pública y los fallos en las infraestructuras de Informática y Telecomunicaciones.

Atendiendo a la diferenciación temporal de los efectos asociados a los riesgos, el Informe destaca que, a corto plazo (próximos dos años), las amenazas críticas para el mundo más probables son: las crisis de empleo y medios de vida generalizadas; la desilusión juvenil; la desigualdad digital; el estancamiento económico; los daños ambientales causados por el hombre; la erosión de la cohesión social; y la incidencia de ataques terroristas. A medio plazo (3-5 años), destacan la importancia de los posibles efectos asociados a los riesgos económicos: burbujas de activos; inestabilidad de precios; shocks de productos básicos y crisis de la deuda; seguidos por los de los riesgos geopolíticos: conflictos en las relaciones interestatales y la geopolitización y los conflictos derivados del acceso a los recursos productivos. A largo plazo (5-10 años) destacan la importancia de los efectos asociados a los riesgos ambientales como la pérdida de biodiversidad, la crisis de recursos naturales y el fracaso en la acción climática, junto con las armas de destrucción masiva, los efectos adversos de la tecnología y el colapso de estados o instituciones multilaterales.

En ese sentido, el reciente artículo, antes citado, de Bradshaw, C.J.A., Ehrlich P.R., et alt. (2021) también incide, con base a la referencia de numerosas publicaciones científicas, en alertar sobre las peligrosas tendencias en las condiciones ambientales de un planeta que ha duplicado, aproximadamente, su población desde 1970, llegando al orden de 7.800 millones de personas en la actualidad y que, antes de la pandemia, seguía teniendo un crecimiento positivo que le podría llevar a los 9.900 millones de habitantes para 2050, con un fuerte crecimiento diferencial en el África subsahariana y en países asiáticos, donde se espera que los efectos del calentamiento global sean particularmente severos.

Destacan que, el crecimiento demográfico, combinado con una distribución imperfecta de los recursos, conduce a una inseguridad alimentaria masiva, a una creciente degradación del suelo y pérdida de biodiversidad, a una mayor producción y consumo de compuestos sintéticos y plásticos desechables contaminantes (la mayoría de los plásticos se producen a partir de combustibles fósiles), al aumento de las posibilidades de que se produzcan pandemias, al hacinamiento de la población en urbes crecientes, al desempleo, al deterioro de las infraestructuras existentes, a la mala gobernanza, y, finalmente, a nuevos conflictos internos e internacionales que conducen a la guerra.

Y enfatizan que, si bien la lucha contra el calentamiento global exige una salida total del uso de combustibles fósiles mucho antes de 2050, es probable que aumenten las presiones sobre la biosfera antes de la descarbonización, a medida que la humanidad ponga en funcionamiento alternativas energéticas. Al igual que también muestran como inevitable que el consumo agregado aumente al menos en el futuro cercano, especialmente a medida que la riqueza y la población continúan creciendo, destacando que no hay forma, ni ética ni de otro tipo (salvo aumentos extremos y sin precedentes de la mortalidad humana), de evitar el aumento del número de personas y el consumo excesivo que lo acompaña.

Con ello, aunque advierten sobre los graves riesgos asociados a las peligrosas tendencias en las condiciones ambientales del planeta como consecuencia del crecimiento demográfico y productivo, coinciden con The Global Risk 2021 al destacar que el cambio climático (asociado al progresivo calentamiento global), al que nadie es inmune, continúa siendo un riesgo catastrófico, que se incrementará si la cooperación global se debilita y la transición hacia unas economías más verdes se retrasa. Si no se enfrentan los riesgos ambientales, que son los más destacados a largo plazo, y estos se superponen con una mayor fragmentación social, los resultados finales pueden ser fuertemente dramáticos para el devenir global.

Porque, aunque desde una perspectiva diferente, también coinciden en poner el acento en un problema ya señalado en Informes anteriores del Foro de Davos: las crecientes desigualdades y la fragmentación social. Pero ahora incrementado en su importancia y relevancia, porque ya no sólo están incidiendo en este problema los efectos sobre la salud del Covid19, o los efectos ya anunciados en anteriores Informes sobre los empleos o los salarios derivados de la revolución científico-técnica, sino que la pandemia y las medidas adoptadas para combatir sus efectos sobre el sistema sanitario y sobre la salud ciudadana están afectando de forma más negativa e intensa a las personas con menores recursos y en riesgo de pobreza, ampliando las desigualdades sociales y dando lugar a una creciente fragmentación social, en la que destaca el aumento del desempleo y la degradación de las condiciones de acceso al trabajo, fundamentalmente para los jóvenes, entre los que crece la desilusión y la crispación.

Los crecientes riesgos ambientales, geopolíticos y tecnológicos se asocian con procesos tendenciales que llevan a que la brecha entre los «ricos» y los «pobres» se amplíe en mayor medida, si el acceso a la tecnología y a la capacitación acorde con los nuevos empleos productivos no se produce de forma urgente, evitando que un gran número de trabajadores y empresas queden desplazados de los mercados del futuro.

También en línea con lo que señalan Bradshaw, C.J.A., Ehrlich P.R., et alt., y Resilience360, de DHL, The Global Risk 2021 vuelve a reiterar la preocupación del Informe de 2020 por las crecientes tensiones geopolíticas y geoeconómicas, ahora aceleradas por las respuestas a la pandemia, que están afectando gravemente a la Globalización y al Comercio Mundial, con un colapso del “multilateralismo”, que nos conduce a un “mundo inestable”.

Las tecnologías digitales están redefiniendo lo que significa ejercer el poder global y, a medida que se desarrollan las tensiones, también se está produciendo un cambio de mentalidad: de multilateral a unilateral y de cooperativa a competitiva. La turbulencia geopolítica resultante hace imprevisible quién liderará finalmente la dinámica global, quiénes serán los aliados y quienes terminarán siendo los ganadores. Pero esta dinámica ayuda a incrementar los “riesgos para la estabilidad económica y la cohesión social” en el interior de cada país, que también The Global Risk 2021 señala que están asociados a las señaladas «confrontaciones económicas», a una «generación perdida y desilusionada y crispada» y a la «polarización política interna»; esta última, resultado del descontento de los ciudadanos, que se ha incrementado ante el auge de políticas que han subordinado el bienestar general y de los menos favorecidos, a los beneficios de las empresas cotizadas en las bolsas y de sus gerentes y cuadros directivos.

Desde la perspectiva de la afección al Comercio mundial y a las cadenas globales de producción, base de la actividad de las multinacionales, es conveniente tener en cuenta el señalado Informe anual de riesgos 2020 Resilience360, de DHL, que hace referencia a cómo el historial de sanciones comerciales de la época de Trump, el activismo y los efectos de la pandemia, entre otros aspectos, hacen que las multinacionales deban prepararse para gestionar lo impredecible, especialmente en un mundo como el heredado a inicios de 2021, altamente conectado con cadenas de suministro integradas, pero claramente vulnerables a todo tipo de interrupciones ambientales, o provocadas por el hombre, desde condiciones climáticas extremas hasta obstáculos políticos. En este marco, destacan las 10 principales tendencias y amenazas que las multinacionales y los gobiernos deben tener en cuenta para la estabilidad de empresas y cadenas de producción, situándolas en:

  1. Riesgo por ciberataques a las empresas. La mayor conectividad y digitalización están haciendo que tanto el proceso productivo como las operaciones de la cadena de suministro sean más vulnerables a las amenazas cibernéticas. Las fábricas y las instalaciones logísticas pueden verse atrapadas en el fuego cruzado de ciberataques a gran escala por parte de delincuentes, por grupos patrocinados por ciertos estados, o por una creciente variedad de actores.
  2. Cambios en las políticas comerciales. Los nuevos tratados comerciales, o la denuncia de los existentes, junto con la imposición –o amenaza– de aranceles, tienen el potencial de impactar el flujo de mercancías en todo el mundo, dificultando una toma de decisiones de inversión obstaculizada por las importantes incertidumbres sobre el alcance y el momento de entrada en vigor de los cambios.
  3. Utilización de las sanciones económicas como herramienta política, incidiendo en guerras comerciales, especialmente en las cadenas de suministro de tecnología global, reproduciendo procesos registrados en 2020 por EEUU, China, Japón o Corea del Sur, entre otros.
  4. El auge del activismo contra infraestructuras de transporte críticas. Es probable que, en una economía mundial en desaceleración, se fomente un mayor malestar social que lleve a que manifestantes, muchos de ellos jóvenes y desempleados, tomen las calles para expresar su frustración por la desigualdad económica y social, y la corrupción política, centrando sus actuaciones en las infraestructuras de la cadenas de suministro. Las carreteras de acceso a aeropuertos regionales, puertos marítimos o campos petrolíferos, así como distintos puntos fronterizos han sido objeto tradicional de estas manifestaciones.
  5. Cierres gubernamentales de fronteras o incremento de los chequeos en las mismas a los medios de transporte, como forma de luchar contra la inmigración ilegal, por motivos políticos o militares, o por conflictos interestatales. A los que se añade en la actualidad los efectos de las pandemias.
  6. Creciente activismo climático, potenciado por la atención activa de los medios de comunicación, afectando a industrias y centros de transporte asociados a actividades emisoras de gases de efecto invernadero (GEI) o con contaminaciones relevantes.
  7. Regulaciones ambientales con exigencias crecientes que tienden a incrementar los costes de producción y transporte, afectando significativamente al comercio global.
  8. Nuevas Rutas comerciales alternativas de transporte de larga distancia en los sectores marítimo y ferroviario, destacando a ese respecto el hecho de que, como resultado del calentamiento global, la pérdida sostenida de hielo marino en el norte del Ártico ha abierto las posibilidades para los barcos en busca de una ruta más directa desde Asia a Europa. En 2020, esta ruta experimentó un aumento del 60% en su uso con respecto a 2019, y se estima que la actividad naviera general en el Ártico aumentará en más del 50% entre 2012 y 2050. A medida que más empresas busquen utilizar esta ruta de transporte, las disputas territoriales y la posible degradación ambiental pueden surgir como nuevas amenazas En ferrocarril, la iniciativa China “One Belt One Road”, potencia la expansión de los servicios de carga con Europa, racionalizando los procesos logísticos y reduciendo las emisiones de carbono dentro de las grandes empresas.
  9. Creciente utilización por los carteles del narcotráfico de las líneas marítimas de portacontenedores, lo que está llevando a que muchos gobiernos estén imponiendo medidas más duras a las empresas en las que encuentran narcóticos en sus contenedores, dificultando las condiciones de transporte.
  10. Aumento de los riesgos y tendencias imprevisibles en las cadenas de suministro, tanto por escenarios catastróficos de impacto extremo y muy baja probabilidad, que pueden crear crisis devastadoras, como por conflictos que pueden llevar a interrupciones en las operaciones de la cadena de suministro que pueden tardar meses en recuperarse. El ejemplo del Covid19, que ha interrumpido gravemente las cadenas de suministro globales al obstaculizar las rutas de transporte aéreo, marítimo y terrestre, y que ha provocado escasez de suministro y mano de obra para componentes clave, por los cierres y cuarentenas exigidos por los gobiernos, no deben dejarse de tener en cuenta. Aunque ninguna cadena de suministro es completamente inmune al impacto de tales crisis, las empresas deberán ser proactivas en la gestión de lo impredecible, especialmente en un mundo altamente conectado con cadenas de suministro integradas.

Todo ello nos lleva a destacar el “Incremento de la fragilidad económica y la división/fragmentación social” señalado en The Global Risk 2021 y en las propias intervenciones del Foro de Davos, problema al que nos hemos referido en otras ocasiones en estas páginas, como el paso de la sociedad del bienestar a la del malestar de la mayoría, y cuya dinámica hemos asociado al auge de los fascismos y de la extrema derecha.

En The Global Risk 2021 se destaca cómo las políticas contra el Covid19 han incrementado las disparidades subyacentes en salud, mortalidad, educación, estabilidad financiera y papel de la tecnología, impactando desproporcionadamente en ciertos países y grupos sociales, y aumentando la desigualdad social. Desigualdad que también puede verse incrementada por una recuperación heterogénea, dando lugar a que la pérdida de vidas y de medios de subsistencia conviertan en amenaza crítica, a corto plazo, la «erosión de la cohesión social». La preocupación por el “malestar social” hace que tanto el Foro como los distintos organismos e instituciones internacionales destaquen la necesidad, ante la potencial extensión y magnitud de las protestas en diferentes países, de impulsar el gasto social, fundamentalmente en sanidad, y de “asegurar que el crecimiento beneficie a todos”.

En particular, por la importancia de una generación de jóvenes doblemente afectada por la crisis financiero-especulativa de 2008 y ahora por los efectos asociados a la pandemia de 2020 (segunda gran crisis mundial en una década), corriéndose el riesgo de abocar a una generación sin perspectivas de oportunidades futuras, a que pierda la confianza en las instituciones económicas y políticas actuales. Problema que consideran está siendo desatendido en gran medida y puede llegar a convertirse en una amenaza crítica para el mundo a corto plazo.

Otro apartado al que se confiere destacada importancia es al hecho de que el Covid19 ha incrementado las brechas digitales y la adaptación tecnológica de empresas y personas. De hecho, destacan que se ha acelerado la que denominan Cuarta Revolución Industrial, expandiendo la digitalización en la interacción humana, el comercio electrónico, o la educación en línea y el teletrabajo, cuya permanencia y grandes beneficios aseguran cara al futuro; pero que también corren el riesgo de exacerbar y crear nuevas desigualdades, empeorando las fracturas sociales y socavando las perspectivas de una recuperación inclusiva, si no se potencia una inclusión digital ahora amenazada por una creciente dependencia oligopolística digital, una automatización acelerada, y una manipulación y control creciente de la información. Todo ello, facilitado por fuertes lagunas en la regulación tecnológica y por crecientes deficiencias y diferencias en las habilidades y capacidades tecnológicas de las personas y las empresas.

El resultado puede ser una mayor polarización productiva e industrial tras la inevitable reestructuración del sistema productivo, que la pandemia está acelerando, y sobre la que también inciden las políticas públicas nacionales para detener las pérdidas económicas, favorecer la transformación tecnológica, el teletrabajo, o para adecuar dicha estructura a los nuevos comportamientos del consumidor con el uso cada vez más generalizado de la digitalización. Los riesgos empresariales derivados de esta reestructuración se han visto amplificados por la crisis actual, que ha llevado a un estancamiento en las economías avanzadas y a una pérdida de competitividad y dinamismo en los mercados, así como al colapso de un gran número de pequeñas y medianas empresas, ampliando las diferencias entre ellas y las multinacionales, y exacerbando la desigualdad y dificultando la evolución hacia un desarrollo más sostenible a largo plazo.

El Foro de 2021 presenta un marco de reflexión sobre los riesgos y retos con que se enfrenta la sociedad capitalista de consumo predominante a nivel global, gravemente afectada por la pandemia, y cuya insostenibilidad aparece cada vez más clara. Pero, como en ocasiones anteriores, el Foro de Davos destaca la posibilidad de unas políticas gubernamentales que potencien las inversiones que posibiliten un crecimiento inteligente, limpio e inclusivo, mejoren la productividad y logren el desarrollo de agendas sostenibles en todo el mundo. Y se reitera la necesidad de propiciar una transición del capitalismo hacia nuevas metas sociales, que beneficie a todos los implicados en el mismo (stakeholders capitalism), que sea más sostenible y que, en paralelo, se base en acuerdos globales entre todos los implicados que estén en línea con los Objetivos de la agenda 2030.

En el caso de España, en el que la situación sanitaria, socioeconómica, política y ambiental no pasa por sus mejores momentos, la esperanza se centra en que el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia que se apruebe definitivamente pueda implicar un punto de partida para un cambio estructural, que abra un camino sostenible de bienestar a las generaciones presentes y futuras.

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[1] https://www.weforum.org/reports/the-global-risks-report-2021

[2] https://www.resilience360.dhl.com/resilienceinsights/resilience360-2020-annual-risk-report/

[3] Bradshaw, C.J.A., Ehrlich P.R., et alt. (2021).- “Underestimating the Challenges of Avoiding a Ghastly Future”. Front. Conserv. Sci. 13 January 2021. https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fcosc.2020.615419/full?utm_campaign=Newsletters&utm_medium=email&_hsmi=106993397&_hsenc=p2ANqtz-9_EBhHBTRG-QRBElwW53VYq1zCjpEirOJPtL9GFe4BjxxNk0pYbZF0VZbMLCsM5YHYSux5ONqk1AzSLs9QnTb94WuYAA&utm_content=106993397&utm_source=hs_email#F1

[4] La gravedad de los riesgos sobre la salud se venían recogiendo desde hace años en estos Informes anuales: ya en 2006, se señalaban los graves efectos de posibles pandemias y otros riesgos relacionados con la salud; en 2013 se enfatizaba sobre la necesidad de colaboración global frente a la creciente resistencia a los antimicrobianos; en 2016, se consideraba la crisis del ébola; en 2019 se destacaban las amenazas biológicas; y en 2020 se hacía referencia a unos sistemas de salud sobrecargados ante el riesgo de pandemias o distintos tipos de enfermedades infecciosas.

[5] La síntesis de Riesgos finales es el resultado de la “Encuesta de Percepción de Riesgos Globales” realizada sobre 841 decisores del sector público, privado, académico y de la sociedad civil.

 

Fotografía: Carmen Barrios