Durante los últimos años, el Foro Económico Mundial, ante la reunión que celebra en enero, presenta su informe de Riesgos Globales. En él señala los principales riesgos globales en términos de probabilidad y de impacto en el ámbito económico, medioambiental, social, geopolítico y tecnológico, y determina también las principales tendencias.

Tras analizar los distintos informes, se puede afirmar que el principal riesgo global en términos de probabilidad, ha señalado cuestiones que son centrales para la humanidad. En los años 2012, 2013 y 2014 el primer lugar lo ocupó la grave disparidad de ingresos o disparidad de ingresos en el mundo. En el año 2015, fue el conflicto interestatal con consecuencias regionales. En 2016, la migración involuntaria a gran escala. Y en 2017 y 2018 los eventos climáticos extremos.

En cuanto a los riesgos globales en términos de impacto, también se ocuparon de las principales cuestiones. En 2008, 2009 y 2010, colapso del precio de los activos. En 2011 y 2014, crisis fiscal. En 2012 y 2013 fallos del sistema financiero. En 2015, crisis del agua. En 2016, fallos en la mitigación del cambio climático. Y en 2017 y 2018 las armas de destrucción masiva.

El acierto en el diagnóstico es evidente. Basta señalar algunas cuestiones que se plantean relacionadas con el medioambiente, la ciberseguridad, los riesgos geopolíticos, o los riesgos sociales.

Cada año los riesgos ambientales cobran más importancia en un mundo que está sufriendo temperaturas extremas, con 2015, 2016 y 2017 como los años con mayor temperatura en el planeta. La humanidad sufre huracanes cada vez mayores y más dañinos. Las emisiones de CO2 han vuelto a subir después de años de reducción. La contaminación amenaza cada vez más la salud de las personas.

Y frente a ello, se precisan políticas globales, que contrastan con una realidad política donde las respuestas globales, para evitar el calentamiento global y la degradación ambiental global, han pasado de la euforia del Acuerdo de París a la realidad de la presidencia de Trump, retirando a EEUU del citado acuerdo, o imponiendo un arancel especial sobre paneles solares esta misma semana.

Están creciendo los riesgos en el ciberseguridad. Los ataques en contra de empresas casi se han duplicado por cinco años y los incidentes que antes se consideraban excepcionales ahora son más habituales. Hasta el punto, de que cada vez se dirigen más a infraestructura esencial y sectores industriales estratégicos, lo que podría provocar el colapso de sistemas que mantienen a sociedades enteras en funcionamiento.

Están creciendo los riesgos geopolíticos como consecuencia de políticas proteccionistas y el abandono paulatino del multilateralismo por parte de importantes potencias. Por una parte, se asiste al riesgo de fracaso de unos gobiernos nacionales incapaces de gobernar por la corrupción, por no respetar el estado de derecho o por estar estancados políticamente. Y por otra, a la incapacidad de instituciones regionales o globales, para resolver problemas de tipo económico, geopolíticos o ambientales.

Las consecuencias, las incertidumbres y los riesgos son evidentes: crecientes tensiones militares, cambiantes políticas de alianzas, populismos y creciente sentimiento nacional entre las poblaciones y los líderes políticos que afecta a posiciones políticas y económicas nacionales e internacionales de los países.

En cuanto a los riesgos sociales. El informe es consciente de los riesgos globales relacionados con la crisis alimentaria; la migración involuntaria a gran escala inducida por conflictos, desastres, razones ambientales o económica; la profunda inestabilidad social con movimientos sociales o protestas; la propagación rápida y masiva de enfermedades infecciosas; la crisis de agua, con una disminución significativa en la calidad y cantidad disponible de agua dulce, con efectos nocivos para la salud humana y/o la actividad económica.

Todo ello, en un marco donde se señala como tendencia el aumento de la polarización de las sociedades, y el aumento de la disparidad de los ingresos y de la riqueza entre la población. Sí, un aumento de la brecha socioeconómica entre ricos y pobres en los principales países o regiones.

Se pueden añadir otras cuestiones de gran relevancia para la humanidad que aparecen en el informe. Pero tras el análisis de los riesgos, se llega a varias conclusiones:

  • El primera, ¿y ahora qué? ¿Por qué las élites económicas y políticas del mundo reunidas en Davos no ponen remedio a los mayores riesgos globales que existen para el mundo, y por tanto también para ellos? No sé la respuesta o quizás sí, pero tendrían que preocuparse, porque como esas propias elites definen, un riesgo global es “un suceso que, si ocurre, puede causar un impacto negativo significativo para varios países o industrias en los próximos 10 años”. Y una de las características determinantes de los riesgos globales es su potencial carácter sistémico. Tienen el potencial de afectar a todo un sistema.

Y una “tendencia» es definida como un patrón a largo plazo que está evolucionando actualmente y que podría contribuir a amplificar los riesgos globales y/o alterar la relación entre ellos.

  • La segunda, es que las políticas de acumulación de riqueza y de poder, que llevan a cabo estas elites económicas y políticas, es realizada con plena consciencia de las graves consecuencias económicas, sociales y políticas que tienen para la mayoría de la población. Entre ellas, alto desempleo estructural o subempleo, y profunda inestabilidad social.
  • La tercera, es otra pregunta ¿por qué las políticas que plantean van en sentido contrario a la resolución de los problemas? La respuesta es sencilla, son más ricos y poderosos que antes de la crisis. Viven en una contradicción que superan siempre en la misma dirección: acumular más poder y dinero aunque sepan, y lo saben, que eso aboca al desastre global y a la miseria de miles de millones de personas.

Los riesgos globales existen y los conocemos, ya no son elucubraciones de unos cuantos extremistas y radicales, o de unos ciudadanos fácilmente manipulables. Pero las soluciones solo pueden llegar desde la democracia. Las soluciones solo pueden llegar desde la movilización ciudadana y su voto a la hora de obligar a sus gobiernos a cambiar de políticas. Las soluciones solo pueden llegar desde la superación del capitalismo financiero globalizado y el avance democrático hacia mayores cotas de libertad, igualdad y justicia social en el planeta.