La utilización de las nuevas tecnologías está cambiando a una velocidad de vértigo los hábitos sociales, culturales, políticos y económicos. Uno de los espacios donde se está produciendo un impacto importante es en el mundo del trabajo, donde, además, se ha visto acelerado el proceso con la pandemia de COVID-19, al provocar un aumento del teletrabajo y de programas de modernización de las economías a través de un fuerte compromiso político y económico por la tecnología y la digitalización.

Un compromiso con la modernización que es percibido también por unos ciudadanos que cuando se les pregunta si creen que el número de robots y sistemas automáticos en las empresas aumentará mucho, bastante, algo, poco, nada o casi nada en los próximos diez años, un 78,1 por ciento responde que aumentarán mucho/bastante, según la Encuesta sobre Tendencias Sociales (II), estudio 3383, realizada en 2022 por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

Muchos e intensos son los debates sobre la situación del mercado laboral, la estructura del empleo, y el futuro del trabajo en los nuevos entornos tecnológicos, como consecuencia, fundamentalmente, de la capacidad de automatización de las actividades productivas. Pero entre tanta incógnita, algo es evidente: la naturaleza del trabajo está cambiando y cambiará más dependiendo de la actividad, y del grado y el tipo de automatización que se adopten.

Lo que significa, que la sociedad se encuentra en un momento de rápidos cambios de sus estructuras productivas, donde se modificarán la organización de las empresas, la competencia y sus reglas, y también muchos de los modelos de negocio que hasta estos momentos se conocían.

Esta velocidad está provocando, desde hace un tiempo, dificultades de adaptación y muchas inseguridades en amplias capas de la población, que no son capaces de entender la magnitud de lo que está sucediendo, pero se ven afectados por estos cambios. Surge así un gran contraste entre las posibilidades que se presentan y los miedos, los recelos y las desigualdades sociales que se producen.

De este modo, cuando se pregunta a los ciudadanos si les parece que la utilización de robots y sistemas automáticos de trabajo en general va a ser causa en los próximos diez años de un aumento del paro, o por el contrario cree que dará lugar a la creación de más puestos de trabajo, o cree que todo seguirá prácticamente igual, que no influirá en el desempleo, un 46,4 por ciento creen que dará lugar a un aumento del paro; un 31,5 por ciento que todo seguirá prácticamente igual, que no influirá en el desempleo; y un 16,6 por ciento que dará lugar a la creación de más puestos de trabajo.En este contexto global de incremento de las incertidumbres vitales no hay que olvidarse de los derechos, puesto que muchas de las viejas recetas de explotación laboral vienen ahora disfrazadas de la supuesta modernidad tecnológica. En este sentido, es que agradecer la lucha del gobierno de la España contra estas prácticas lesivas contra los trabajadores, y su decidida actuación por ampliar los derechos de los trabajadores en nuestro país.

Por último, es bueno recordar que, en la reunión del Foro Económico Mundial, más conocido como Foro de Davos, se presentó un libro blanco denominado Trabajos del mañana: Empleos sociales y verdes para la Construcción de Economías Inclusivas y Sostenibles, donde se sitúa a Sudáfrica, Brasil y España a la cabeza en demanda de empleo clave sin cubrir.

Este libro blanco busca cuantificar la necesidad de empleos sociales y verdes en diez países en el horizonte del año 2030 para satisfacer las ambiciones ambientales y de inclusión. Trabajos sociales, definidos como ocupaciones clave dentro de tres instituciones sociales fundacionales: educación, asistencia sanitaria y cuidados son cruciales para construir la inclusión y la mejora de la movilidad social. Empleos verdes, definidos como roles que requieren “habilidades verdes” específicas para realizarlos, y que son claves para permitir una transición a una economía más sostenible.

Como señala el informe, los empleos sociales representan el 11 por ciento de la plantilla total en los diez países. Para hacer frente a la inclusión y los objetivos de movilidad, estos países necesitarán 64 millones más de empleos sociales: un aumento del 37 por ciento. Con una necesidad insatisfecha mayor en el sector de la salud, que requiere 33 millones de puestos de trabajo adicionales; en la educación, que necesitará 21 millones; y en el cuidado, con 10 millones más.

En el caso de España, se detalla que se necesitan 2,5 millones más de empleos en 24 profesiones clave (tablas 1 y 2). Son los que en el informe prevén necesarios para lo que consideran un capitalismo moderno, inclusivo y en lucha contra el cambio climático.En el informe se denomina necesidad de empleo a la diferencia entre cada país y los países de referencia para ayudar a abordar las carencias en materia de movilidad social y medio ambiente.Si queremos contar con sociedades inclusivas y medioambientalmente sostenibles, los ciudadanos deben elegir gobiernos que favorezcan la creación de buenos puestos de trabajo, que potencien la prosperidad con derechos laborales, salarios dignos y una transición ecológica que sea buena para el planeta, buena para el empleo y justa.

Estamos en un año electoral y sería bueno preguntarse antes de votar que fuerzas políticas encarnan este ideario con los hechos y cuáles no.