“Tenemos un importante trabajo que hacer, oportunidades reales que aprovechar, problemas reales que resolver, cuestiones reales de seguridad a las que enfrentarnos”. Estas palabras pronunciadas por Bill Clinton, el 17 de agosto de 1998, en uno de los mayores momentos de tensión política y división en EEUU, son plenamente aplicables a esta España de 2016, donde dentro de poco habrá un Gobierno en minoría, después de más de 300 días de Gobierno en funciones, en un Parlamento muy fragmentado. Y son aplicables, para que nos ocupemos de lo importante para los ciudadanos y no de otras cuestiones que pueden llegar a paralizar un país. El ejemplo es que estas palabras están dentro de un discurso televisivo donde el Presidente Clinton se vio obligado a reconocer haber mantenido relaciones inadecuadas con Mónica Lewinsky.

Uno de los principales motivos de la crisis de representaciĂłn que vivimos en EspaĂąa, y en el resto de las democracias europeas, es que la agenda de los Gobiernos no ha coincidido con los anhelos mayoritarios de unos ciudadanos, que votaban a uno u otro partido polĂ­tico con la esperanza de que se encargara de sus necesidades y deseos, es decir, de procurarles como ciudadanos un mĂ­nimo de bienestar. Por tanto, ahora que comienza una nueva legislatura, es necesario resaltar que, tanto el Gobierno como los partidos de la oposiciĂłn, tienen la obligaciĂłn moral y democrĂĄtica de conectar la agenda de los ciudadanos con la del Gobierno y el Parlamento.

Esta sintonĂ­a, entre lo que demandan los ciudadanos y realizan los Gobiernos elegido democrĂĄticamente, tiene que tener en las prĂłximas semana su reflejo en uno de los grandes mandatos que han dado los ciudadanos a sus representantes polĂ­ticos. Me refiero a que la mayorĂ­a de los espaĂąoles no quieren mĂĄs recortes, y desean que se produzca un amplio acuerdo en el Parlamento que garantice unos mĂĄs y mejores servicios pĂşblicos y los recursos necesarios para sostener cada uno de ellos.

Y no hay excusas que valgan, porque no es que los ciudadanos estÊn preocupados por los recortes que se han producido en los servicios públicos  estos aùos, que lo estån, como demuestra que el 51,2 por ciento de los espaùoles habla mucho/bastante sobre el funcionamiento de los servicios públicos. Sino que estån a favor mayoritariamente de mejorarlos aunque haya que pagar mås impuestos.

Concretamente, cuando en el barómetro del CIS, del mes de julio de este año, se pide a los españoles que se ubiquen en una escala donde 0 es “mejorar servicios públicos aunque haya que pagar más impuesto” y 10 “pagar menos impuestos aunque haya que reducir servicios públicos”, un 74,9 por ciento se sitúa entre el ceroy el cinco, mientras un 15,8 se sitúa entre el seis y el diez. Este posicionamiento, reafirma que la población tiene claro el modelo de sociedad donde desea vivir, más allá de las derivas neoliberales de las últimas décadas, y especialmente de las políticas de austeridad que se han llevado a cabo durante la presente crisis y que ahora critican como ineficaces hasta los que las impusieron.

Y aquĂ­ entramos en otra de las grandes reformar que es urgente abordar: la fiscalidad. ÂżCon quĂŠ fin? Partiendo de que un 55,6 por ciento de los espaĂąoles opina que los impuestos son necesarios para que el Estado pueda prestar servicios pĂşblicos; un 29 por ciento cree que los impuestos son algo que el Estado nos obliga a pagar sin saber muy bien a cambio de quĂŠ; y un 12 por ciento opina que los impuestos son un medio para distribuir mejor la riqueza en la sociedad; el objetivo serĂĄ aumentar la prosperidad, la igualdad y el bienestar de la poblaciĂłn.

Todo ello haciendo cumplir el artículo 31.1 de la Constitución, que señala que “todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”. Porque actualmente un 86,6 por ciento de los españoles cree que los impuestos no se cobran con justicia y no pagan más quienes más tienen.

Simplificar la fiscalidad y hacerla mĂĄs justa harĂĄ posible contar con una recaudaciĂłn permanente y adecuada, que posibilite unos servicios pĂşblicos de calidad para toda la poblaciĂłn. En ese camino serĂ­a bueno desarrollar tambiĂŠn una cultura de protecciĂłn de lo pĂşblico, una mayor informaciĂłn sobre lo que suponen los impuestos y quien y cuĂĄnto paga, y una persecuciĂłn eficaz del fraude. De este modo se superarĂ­a una realidad donde continua existiendo la percepciĂłn de que: a) se pagan demasiados impuestos. Un, 61,2 por ciento de los espaĂąoles cree que los espaĂąoles pagamos muchos impuestos; b) se pagan mĂĄs impuestos que en otros paĂ­ses europeos. Un 35,5 por ciento cree que se pagan mĂĄs impuestos en EspaĂąa en comparaciĂłn con otros paĂ­ses mĂĄs avanzados de Europa; c) estamos en un paĂ­s con un gran fraude fiscal. Un 94,6 por ciento de la poblaciĂłn cree que existe mucho o bastante fraude fiscal.

Es tiempo de soĂąar. Es tiempo de acciĂłn. Es tiempo de aprovechar las oportunidades para mejorar EspaĂąa.