La colaboración entre Jeff Nichols, este joven cineasta estadounidense, y el actor Michael Shannon, protagonista de esta película, se remonta a la primera que realizó titulada “Shotgun Stories” (2007) que se movió en el terreno de los afectos y desafectos familiares. Ahora este relato discurre en el ámbito de la locura, eso sí, en el seno de una familia típica e idílica.

Es una obra sobre la incomunicación en una sociedad abocada irremediablemente al desastre. Juega a modo de ensayo intimista con la lógica del caos. Logrando escrutar en los rincones de la mente. Su resultado es brillante y exitoso, siempre que, el objetivo de su director sea perturbar al espectador.

“Take shelter” nos cuenta la historia de Curtis Laforche (Michael Shannon), un marido y padre de clase obrera que lucha por controlar su miedo, fruto de una serie de aterradoras pesadillas apocalípticas. Para Curtis, esos sueños sólo pueden ser dos cosas: el presagio de una tormenta sobrenatural o los primeros síntomas de algo que ha temido toda su vida. El momento crítico es en el que Curtis debe explicar a su esposa (Jessica Chastain) el porqué de su extraño comportamiento.

En tiempos como los que nos ha tocado vivir, el cine de catástrofes es aquel que a menudo mejor alumbra el derrumbamiento colectivo de una sociedad contra el que, habitualmente, un individuo se rebela y echa el resto por salir adelante en un mundo por el que nadie da ya un duro. Pero esto se agrava, aún más, cuando no se perciben con nitidez las fronteras entre lo real y lo ilusorio, produciéndose todavía más, un escenario más inquietante y desasosegante.

Este segundo largometraje de Nichols posee una asombrosa madurez, desde una fascinante mezcla de géneros entre el thriller, el drama doméstico y el terror sobrenatural. Logrando un cine con un poder de sugestión grandioso que nos desliza con sutileza y eficacia a lo largo de toda la historia.