Steve Butler (Matt Damon) y Sue Thomason (Frances McDormand) llegan al pueblo de McKinley (Estado de Minnesota) con una oferta que los granjeros de esta comunidad agrícola no pueden rechazar. Butler es ejecutivo de una multinacional del gas y junto con su ayudante, Thomason, llegan a McKinley con el encargo de convertir las tierras de esta pequeña localidad en un espacio propicio para la extracción de gas. Para ello, es necesario convencer a los granjeros propietarios de los terrenos que cedan a la compañía los derechos de extracción mediante la firma de un contrato que los vincule.

Los dos ejecutivos están convencidos de que su paseo por la comarca va a ser un éxito, porque es una más de las muchas zonas rurales de Estados Unidos castigadas por la crisis, sin industria y cuya fuente principal de ingresos es la agricultura. Para la compañía de gas es muy importante que los propietarios de las tierras (granjeros en su mayoría) firmen los contratos de cesión, porque desde este lugar pretenden abrir una brecha para conseguir penetrar en el resto del Estado. Para ello, la compañía pone toda la carne en el asador y a uno de sus mejores equipos sobre el terreno, ofreciendo a los granjeros lo que parecen fabulosas sumas de dinero a cambio de permitir que en sus tierras se instalen pozos de extracción de gas mediante la técnica del “Fracking” (fractura hidráulica), un procedimiento por el cual se inyecta agua a presión en la tierra mezclada con productos químicos altamente tóxicos para extraer el gas de una forma barata.

Pero los dos ejecutivos, que se han transmutado en agradables personajes cercanos a los granjeros para ganarse su confianza desplegando toda la empatía que han aprendido en los cursillos de venta y mucho más, subestiman a los integrantes de la comunidad agrícola y no cuentan con las peculiaridades del factor humano. No cuentan con la existencia de un anciano profesor de química, que es muy respetado en la comunidad, y que resulta ser todo un experto en esta técnica devastadora de extracción del gas (fracking), que resulta muy barata para las compañías pero muy cara para el medio ambiente y para las personas, que terminan habitando espacios contaminados que minan la salud de los que allí viven y termina por matar el ganado, los cultivos y a las personas.

La película es una denuncia fabulosa contra las artimañas de las compañías y corporaciones económicas que están dispuestas a todo para conseguir las ganancias, sin importarles nada más. Además, se trata de cine a lo grande, está muy bien realizada, con un excelente guión, magníficos actores que hacen una interpretación estupenda.

La película muestra una realidad cruda que se extiende como una plaga: ese capitalismo desregulado que se encuentra en el cénit del éxito pero en el límite de lo posible, que desprecia el medio ambiente y los daños que se pueda ocasionar a las personas, a los animales, a las plantas de la tierra, que únicamente busca el máximo beneficio sin importar nada más. Muestra también que los ciudadanos tienen todavía las armas de la democracia, de la resistencia y de la información para luchar y que bien organizados se puede parar el desastre, pero es muy necesario estar bien informados y actuar unidos.

“Tierra prometida” es una muy buena película que se ve sin que le sobre un solo minuto y que se disfruta en todos sus aspectos, imagen, ritmo, narración, interpretación… además, muestra algunos aspectos interesantes de la democracia desde abajo que se lleva a cabo en comarcas de Estados Unidos, donde los integrantes de los pueblos pequeños se reúnen en asambleas vinculantes para tomar decisiones que les afectan a todos.

Por otra parte, el asunto del “fracking” está de plena actualidad, también en España donde se quieren implantar pozos de extracción de gas mediante esta técnica, que están siendo muy denunciados por organizaciones prestigiosas de defensa del medio ambiente como Greenpeace y Ecologistas en Acción. Gracias al esfuerzo divulgador de estas organizaciones la Junta de Andalucía ha paralizado uno de los proyectos de prospecciones para la extracción de gas mediante esta técnica que se pretendía poner en marcha nada menos que en las inmediaciones del Parque Natural de Doñana.

Como ya he dicho, buen cine crítico para el fin de semana.