Cada vez que se acerca un proceso electoral, o se vive una situaciĂłn polĂtica delicada, suelen estallar tormentas de antipolĂtica, con el lanzamiento a la opiniĂłn pĂşblica de mĂşltiples informaciones sobre corruptelas y comportamientos polĂticos inapropiados, que proyectan una imagen desastrosa de la vida polĂtica.
En estos momentos, en EspaĂąa estamos viviendo una de esas tormentas que afectan a partidos y lĂderes prĂĄcticamente de todo el arco parlamentario. Tormenta que se encuentra alimentada tanto por informaciones y debates sobre asuntos que forman parte de la ĂŠtica personal de los lĂderes polĂticos, como por asuntos judiciales que llevan aĂąos larvados o en fase de desarrollo y ejecuciĂłn. Lo cual da lugar a que en los medios de comunicaciĂłn social los espacios que tendrĂan que ocupar los debates polĂticos sobre los asuntos importantes que preocupan a los ciudadanos, se vean desplazados por asuntos de la infrapolĂtica. El resultado es que se estĂĄ creando una impresiĂłn bastante negativa de la vida polĂtica entre los ciudadanos en general y, en particular, entre las nuevas generaciones que, desde muy temprana edad, se ven bombardeados por una serie de cotilleos, escĂĄndalos y comportamientos impropios de polĂticos, adobados por todo tipo de sospechas.
Tales situaciones estĂĄn fijando una imagen de la polĂtica como algo a lo que no deben dedicarse las personas decentes. Ni que decir tiene que dicha impresiĂłn no responde a la realidad verĂdica de la polĂtica como tal, ya que los escĂĄndalos reales posiblemente no llegan a concernir ni siquiera al 1% de las personas que se dedican a funciones de interĂŠs para la comunidad. Sin embargo, si nos atenemos a las imĂĄgenes parece que todo estĂĄ contaminado por comportamientos reprobables.
Una consecuencia de las tormentas antipolĂticas es que aquellos que se ven concernidos por situaciones discutibles o reprobables apliquen inmediatamente la âestrategia del ventiladorâ, intentando contaminar a todos los partidos y a todas las personas que tienen papeles destacados en la vida polĂtica. A veces de manera sumamente retorcida e impropia, buscando supuestas cadenas de responsabilidad, a travĂŠs de colaboradores de segundo o de tercer nivel, supuestamente implicados en presuntas actividades inmorales o dudosas. Con lo cual se extiende la mancha de la sospecha a personas decentes que han ocupado responsabilidades pĂşblicas, incluso en un pasado lejano. Es decir, con tales prĂĄcticas de informaciĂłn intoxicadora, al final todo el mundo aparece como sospechoso de algo. Incluso aquellos que no aparecen como sospechoso acaban pudiendo ser ellos mismos sospechosos de filtrar o difundir informaciones interesadas sobre terceras personas.
Especialmente delicada, en momentos como estos, es la situaciĂłn de aquellos y aquellas cuyos nombres pueden sonar como posibles candidatos a algo. Lo que inmediatamente suele provocar investigaciones y reacciones de bĂşsqueda de inculpaciones o responsabilidades. A veces, hay personas decentes que, siendo ajenas a toda tacha en su conducta ây que entienden la polĂtica como una forma de servicio al bien comĂşnâ, son presentadas como imputados o sospechosos de no se sabe muy bien quĂŠ. Y que ven cĂłmo sus familias, sus padres y sus hijos sufren el disgusto de unas acusaciones pĂşblicas por el simple hecho de que su nombre suene para alguna responsabilidad o candidatura.
Por todas esas razones, y algunas otras que aquĂ no es posible detallar, debemos ser conscientes de que la antipolĂtica es en estos momentos uno de los principales problemas a los que se enfrentan nuestras democracias, asĂ como uno de los factores mĂĄs peligrosos del cuestionamiento de la vida polĂtica como tal. Sobre todo, cuando las tormentas son generadas y alimentadas desde determinados medios de comunicaciĂłn social y desde determinados focos de poder intoxicador, con la finalidad de impedir discernir el humo de la paja. Es decir, cuando se pretende que no se distinga entre los verdaderos comportamientos reprobables que se producen en la vida polĂtica, y que pueden implicar responsabilidades penales, de lo que son simples imputaciones genĂŠricas propias de la âguerra suciaâ, orientadas a descalificar a todo el mundo. Descalificaciones que crean ruidos, maledicencias y comentarios âcada vez mĂĄs multiplicados a travĂŠs de las redesâ, cuyo propĂłsito es dar la impresiĂłn de que âtodos los polĂticos son igualesâ. Con lo que los corruptos pueden pasar mĂĄs desapercibidos y enmascararse mejor. Como se sostenĂa en el viejo refrĂĄn castellano âmal de muchosâŚâ.
La conclusiĂłn es bien sencilla: la estrategia del âventiladorâ y la polĂtica de las âtormentas de corrupciĂłnâ son la mejor manera de acabar justificando y tapando la verdadera corrupciĂłn. AdemĂĄs, por esta vĂa se hace mucho daĂąo a la credibilidad de la democracia y de la vida polĂtica. Y a muchas personas concretas, que estĂĄn en la polĂtica para luchar por ideales, para dar y no para coger o recibir.
