Cuando decimos que la crisis civilizatoria que padecemos es culpa de la política, no es malo darle vueltas a la cuestión por lo menos para ir aclarándonos.

Gramsci[1] distingue entre la Política y las políticas, la Gran Política y las pequeñas políticas. La diferenciación no es una cuestión de tamaño, es básicamente de envoltura y objetivos, simplificando. La suma de las pequeñas políticas tiene que buscar la coherencia con la Política, con mayúsculas, dando sentido a esta que conforma el gran objetivo a alcanzar. Las pequeñas pueden ser tanto coyunturales como estructurales, dando respuesta a las cuestiones que conforman la vida diaria de los ciudadanos en un momento dado, desde la educación al transporte pasando por la sanidad y la organización del Estado.

La Gran Política son los valores, lo ideológico, el gran compromiso con los ciudadanos (más allá de lo electoral) hacia dónde se quiere ir y qué modelo de sociedad construir. De ella parte importante es el capítulo de cómo se hace y prioriza la pequeña política y con quién. En todo caso las políticas no deben perder el referente de la Gran Política.

La teoría gramsciana sobre la cuestión es profusa y muy recurrente en estos momentos de crisis.  La teoría hay que ponerla en su contexto y no perderse en matices.

El liberalismo, el conservadurismo político, en sus diferentes acepciones, ha sido una Gran Política del último siglo y medio. No sólo ha preconizado un modelo de sociedad determinada sino que a través de las políticas que ha ido aplicando le ha ido dando forma hasta constituirlo en un modelo de sociedad dominante excluyendo a los demás.

Tras la II Guerra Mundial y el auge del Comunismo, esta Gran Política Liberal, sin perder sus referentes, se avino a consensuar determinadas políticas de “contenido socio-económico” dando cancha a los partidos socialdemócratas. Todo por hacer frente al “que vienen los rusos” que se extendió por Europa Occidental[2]. La Gran Política del Socialismo Democrático también encontró con ello su mejor posicionamiento consensuando políticas sociales y distributivas como vía para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y asalariados. Para ello contó con la legitimación y fortaleza que les aportaba el movimiento sindical (DGB, Trade Union, CFDT,…).[3]

El fin de la Guerra Fría con el hundimiento del bloque soviético tras el periodo de influencia ideológica y política de Reagan y Thatcher, arropados por los círculos de pensamiento neoconservador, significo el fin de la Alianza de las Grandes Políticas Democráticas. Ya no existía miedo a que “los tanques soviéticos cruzaran el Elba” y por tanto no era necesario pactar ninguna política y un buen momento para dar rienda suelta a la Gran Política Liberal e implantar un modelo de sociedad basado en el consumo masivo, la rentabilidad financiera, el enriquecimiento personal, etc., como objetivos, asumiendo los riesgos de aumento de la desigualdad, merma de la cohesión y propiciamente de la exclusión social como inevitables para favorecer el desarrollo colectivo y personal.

En este contexto los partidos socialdemócratas renunciaron a su GPSD aceptando, como paraguas ideológico, que la Democracia era un fin en sí mismo y centrando su actuación en “las políticas” como único hecho diferencial en el mercado de los votos. Esa renuncia es la que está pagando, al igual que haber pensado que “esto es América” e intentar trasladar la ideología y las prácticas políticas del partido demócrata[4] norteamericano, prescindido de la alianza con las fuerzas sindicales[5] pensando que así ensanchaban su electorado por el centro con una sociedad “aburguesada”, cegada por el mundo de lo privado y lo liberalizado.

La vuelta ahora a la Gran Política del Socialismo Democrático, adaptada al mundo globalizado y sus consecuencias, no se puede considerar torpemente un giro a la izquierda o una veleidad radical, es simplemente intentar aprobar una asignatura pendiente demostrando con claridad que no hay, como se había preconizado, un pensamiento único. Existe un pensamiento o cultura socialdemócrata que mediante la fuerza mayoritaria de los votos intenta construir un modelo de sociedad que confronta con el liberal conservador y sus políticas pueden ser consensuadas pero sin perder el horizonte de destino. No es izquierdismo es política socialdemócrata.

[1] Antonio Gramsci “Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno

[2] En Sudamérica y América Central se utilizó la doctrina de la Seguridad Nacional  y a través del  Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad (en inglés: Western Hemisphere Institute for Security Cooperation), conocido como, Escuela de las Américas

[3] Cuestión aparte las estrechísimas relaciones entre los partidos socialdemócratas nórdicos y sus relaciones con la LO que han permitido que la Gran Política Socialdemócrata fuera la dominante en la configuración del modelo de sociedad, sin perjuicio de que se pactaran políticas con los denominados partidos burgueses.

[4]  Este fenómeno se llamó “renovador”  o “tercera vía” según qué países https://fundacionsistema.com/respuestas-o-preguntas-programas-ideologicos/

[5] https://fundacionsistema.com/a-pesar-de-todo-siempre-nos-quedara-el-sindicato/