Los partidos y los medios de comunicación de la derecha están absolutamente escandalizados por la reunión del Gobierno de la Nación con una variopinta delegación de independentistas catalanes. Para la primera plana de ABC “Sánchez consolida el agravio: trato de Jefe de Estado y citas mensuales”. Es normal que muchos ciudadanos se extrañen de la presencia en la Moncloa de quienes empujaron la operación secesionista de septiembre-octubre de 2017 que obligó a aplicar lo previsto en el artículo 155 de la Constitución en aquella Comunidad Autónoma pero si nos fijamos un poco, hay elementos muy alentadores en esta reunión.

También es verdad que los independentistas no ponen fáciles las cosas. Por una parte, en contra de lo pactado entre el P.S.O.E. y Esquerra, no ha acudido la delegación del Gobierno catalán que se esperaba sino un grupo heteróclito de personas, unas eran miembros de ese Gobierno, otras personas iban en representación del ex – Presidente fugado de la Justicia española y hasta acudió algún otro imputado que sólo es un alto cargo de la Administración autonómica. La constante competición entre secesionistas de diverso pelaje dificulta todo porque ninguna de las fracciones independentistas es libre para negociar porque se sienten vigiladas por las otras fracciones. Por otra parte, la constante batalla independentista por los símbolos, en este caso, el lazo amarillo, da una impresión de poca seriedad política, de infantilismo o de apariencia sin sustancia, que agota a todo el mundo. También llama la atención que los ejes centrales de las peticiones del Gobierno catalán (y no de la mayoría de la sociedad catalana) y asimilados son inasumibles por el Gobierno de la Nación: independencia y amnistía.

No obstante, si vemos el acto inicial de la negociación desde otra perspectiva hemos de llegar a la conclusión de que se ha producido una inflexión muy importante que probablemente ayudará a serenar la situación en Cataluña.

En primer lugar, los ciudadanos catalanes, a los que se bombardea contándoles que en España hay una democracia débil, que se persigue a los independentistas y que el Gobierno y los partidos españoles no dialogan, han podido ver que todo eso es mentira. El Gobierno español, el de “Madrid” se sienta a dialogar, sin que los miembros del Gobierno catalán y satélites parezcan estar perseguidos.

En segundo lugar, los partidos (Esquerra y Junts-per-Cat) que en 2017 aprobaron dos Leyes de ruptura y enfrentamiento con el Estado democrático, incitaron a cercar una Consejería, convocaron un referéndum ilegal y acabaron proclamando por dos veces la independencia de Cataluña, han venido a reunirse con el Gobierno de Sánchez: la ruptura que anunciaron no se ha producido, la rebelión ha fracasado y vuelven a la vía del diálogo.

En tercer lugar, no estaba presente ningún mediador  como pedían con machaconería los secesionistas y Torra utilizó incluso para intentar hacer fracasar la reunión antes de que empezara: La Moncloa no es Evian ni tampoco Camp David. Esa petición era inasumible para un Gobierno democrático y han tenido que renunciar a ella.

En cuarto lugar, el diálogo gira sobre el eje de la Constitución. Es cierto que por ese continuo enfrentamiento interindependentista, hay que hacer un juego semántico que evite que unas fracciones utilicen el lenguaje contra otras fracciones. Pero ¿qué hay bajo el eufemismo “seguridad jurídica”? La Constitución pues la seguridad jurídica es un principio constitucional (artículo 9.3 de la Constitución).

En quinto lugar, conviene recordar que el Presidente Torra habló en un sala donde estaba colocada la senyera, no la bandera estrellada de los secesionistas.

No sabemos lo que dará de sí esta negociación pero en sus inicios encontramos más factores positivos que negativos para la imprescindible reducción de la crisis catalana.