El Comité Federal del PSOE por fin ha debatido sin subterfugios las únicas opciones que desde finales de agosto estaban encima de la mesa, que no eran ni el “Gobierno del cambio”, ni “pasar a la oposición” graciosa y elegantemente. Tan solo había una dolorosa elección entre dos opciones indeseables: o abstenerse ante Rajoy, o ir a terceras elecciones. Han optado por la primera por un 59% frente a un 41%, lo que evidencia que la elección ha sido ciertamente difícil.

Los socialistas nos podríamos haber ahorrado mucho sufrimiento y mucho desgarro, si esta discusión se hubiera tenido con valentía a su tiempo. Y si la decisión hubiera coincidido con la que se ha tomado ahora, seguramente se habrían podido exigir contrapartidas al PP y compromisos en beneficio de los ciudadanos. También hubiera habido tiempo para hacer pedagogía entre los militantes, que en muchos casos están viviendo la abstención como una claudicación de los principios socialistas. Tomada en el último minuto se hacen difíciles ambas posibilidades. El coste que ha tenido y va a tener la forma en que se han hecho las cosas debe apuntarse en el debe tanto de los dirigentes que escondieron su posición y callaron en su momento, como de los que no supieron gestionar la discrepancia y se encastillaron en una absurda falta de dialogo con la organización.

Yo defendí desde estas páginas (https://fundacionsistema.com/no-nos-enganemos-las-opciones-son-solo-dos/) la opción que ahora se ha tomado, y no voy a repetir aquí los argumentos, ni a congratularme de la decisión, que ciertamente no puede hacer feliz a ningún progresista. Voy a centrarme en cambio en dos aspectos que creo importantes para minimizar los costes para el PSOE: el relato con el que se va a presentar la decisión ante los militantes y ante la sociedad, y cómo se debería en mi opinión implementar la decisión de abstenerse.

En cuanto al primero, lo peor que se podría hacer ahora es presentarla de modo vergonzante y a la defensiva. En primer lugar, porque no se ha tomado para beneficiar al PP sino por respeto a los ciudadanos. Respeto para no hacerles votar por tercera vez, respeto porque estos se han manifestado por dos veces dándole una mayoría relativa al PP, y respeto para no retrasar más la solución de sus problemas. En segundo lugar, para no dar la razón a los que, como Podemos, esperan hacer leña del árbol caído. Cuanto más culpables se sientan los socialistas, más calará el mensaje de que se han “vendido” a la derecha. Y en tercer lugar, porque es también lo más beneficioso para el propio PSOE: desde un Parlamento con un PP en minoría, puede dirigir una oposición que ponga freno a los desmanes de Rajoy, le haga comparecer ante comisiones de investigación y liquide muchas de las leyes dañinas de estos cinco años. De esta forma, puede suturar mejor sus desgarros que yendo inmediatamente a nuevas elecciones. Los militantes que todavía hablan de traición y de golpe de mano contra el anterior Secretario General, están haciendo involuntariamente el juego a los que quieren ver al PSOE arrastrado por los suelos. Conviene repetir una y mil veces que si Rajoy va a seguir gobernando es en primerísimo lugar porque Podemos le negó el voto a Pedro Sánchez en marzo, y por sus vetos continuos a C’s tras el 26-J. No debería permitírseles ni un segundo que acusen al PSOE de beneficiar al PP. Un discurso del PSOE en el acto de investidura que incida en estos aspectos (respeto a los ciudadanos, rechazo a Rajoy, dejar en evidencia el cinismo de Podemos) podría contribuir a hacer entender mejor su posición.

En cuanto a cómo se implemente la decisión de abstenerse, se puede hacer muy mal, de forma que se ahonde en la división del PSOE y por tanto se debilite aún más su posición, o hacerlo un poco mejor y que contribuya a mejorar la mala imagen que ha dado en los últimos tiempos. Hacerlo muy mal, sería en mi opinión que cada diputado obrase “según su conciencia” y viéramos a los que ya han anunciado que se mantendrán en el no llevar cabo esa decisión. La imagen sería la de un partido, no solo dividido, sino que no se tiene respeto a sí mismo y en el que los debates y las votaciones no zanjan las discrepancias. ¿Para qué debatir y votar entonces, si los discrepantes van a hacer su voluntad salga lo que salga? Para eso sería quizás mejor constituir un grupo de Whats App y no un partido político.

Por otro lado, desconocer que la decisión ha sido muy controvertida y que ha dividido al mismísimo Comité Federal en una proporción 59/41, sería cerrar los ojos a la realidad. Mi interpretación de esa división es que al PSOE le chirría enormemente una abstención de 85 diputados, que verían como un regalo inmerecido a Rajoy. Efectivamente, Rajoy no merece tener solo en contra a Podemos y a los nacionalistas. Rajoy debería ser investido por la mínima, porque desde el “Luis, sé fuerte” está deslegitimado para presidir el Gobierno de España. Si se le inviste es por respeto a los españoles, no a su persona. Por eso, debería ser investido con 170 votos a favor y exactamente 169 en contra, es decir con 11 abstenciones por parte del PSOE y 74 no es. ¿Cómo hacer compatible entonces que 11 diputados se abstengan y 74 voten en contra y a la vez todos los diputados respeten la decisión del Comité Federal? Muy sencillo: se puede implementar esta decisión mediante un simple sorteo, que incluso podría hacerse ante notario para mayor garantía. Los diputados que resultasen designados por el sorteo se abstendrían independientemente de cuál hubiera sido su postura en el debate, e igual sucedería con los que el sorteo determinara su voto negativo. De esta forma la imagen sería a la vez de unidad como partido y de rechazo a la investidura de Rajoy.

Es necesario cerrar este lamentable capítulo de la historia del PSOE con una cierta dignidad y no manteniendo cada uno sus posiciones de partida a ultranza y la imagen de bronca hasta el final. Cuanto mejor se pase esta página, más temprano se podrán sentar las bases de una futura recuperación.