Las elecciones del 26 de mayo poseen más complejidad de lo que parece. Es evidente el triunfo socialista pero detrás del triunfo emergen cuestiones de más difícil tratamiento: el fracaso notable de Podemos, el fracaso significativo de Ciudadanos, la derrota atenuada del Partido Popular y, sobre todo esto, el fracaso de Vox que se difumina ante la posibilidad de influir en la elección de algún Alcalde o de algún Presidente de una Comunidad Autónoma. Este tema de Vox no es baladí porque si vemos las elecciones desde una perspectiva europea podremos ver cómo en los principales países de la Unión Europea se trata a la extrema derecha como lo que es, como una fuerza que quiere destruir el modelo democrático con la que nunca se pacta. ¿Será así también en España?

Lo primero que hay que decir es que, como se desprende del resultado de las elecciones europeas, el P.S.O.E. ha vencido rotundamente. Un 32’84 % es, en los tiempos que corren, un gran éxito sobre todo cuando la diferencia con el siguiente partido, el Partido Popular, es de más del 10 %. Pero ese gran éxito se modula cuando se atenúa la extrema proporcionalidad de las elecciones al Parlamento Europeo.

Lo segundo que debemos señalar es el fracaso (amplio para Podemos, más atenuado para Ciudadanos) de los nuevos partidos. En este foro nos hemos referido con frecuencia a la ruptura del bipartidismo imperfecto que reinaba desde 1977 pero hay que señalar también que hoy hay en España un multipartidismo… imperfecto. Veámoslo con detenimiento.

Los dos grandes y antiguos partidos aguantan bastante bien y es imposible que los nuevos partidos les alcancen y rebasen. El caso de Podemos es muy significativo: ascendió entre las elecciones europeas de 2015 (donde nació electoralmente) y diciembre de 2015. Fue su orto pero ya en las elecciones de junio de 2016 Podemos inició su ocaso. ¿El motivo? La negativa agresiva a apoyar al candidato Pedro Sánchez en marzo de 2016 más otras dos circunstancias como la agotadora sobreactuación de Iglesias Turrión y su alineación (como poco ambigua) con el independentismo catalán. Hoy Podemos es un partido en liquidación que no rebasa el modesto 10 % de los votos que obtuvo el Partido Comunista de España. Y Ciudadanos, que podía haber sido un partido bisagra, tuvo la tentación de rebasar al Partido Popular y entrar en el campo minado de la extrema derecha, vetando para ello cualquier acuerdo con el P.S.O.E. Con un líder como Rivera, que sobreactúa tanto como Iglesias Turrión, Ciudadanos sigue siendo un partido subalterno, que no tiene posibilidad de gobernar en ninguna Comunidad Autónoma y en ningún Ayuntamiento grande como primer partido.

Y aquí es cuando aparece Vox. En términos cuantitativos, Vox es un pequeño partido, con un 6’20 % de votos. Poca cosa, visto lo que son los partidos de extrema derecha de Europa. Pero existe el riesgo de que los otros partidos de la derecha, para acceder a Gobiernos autonómicos o municipales, den a Vox la posibilidad de ejercer influencia o, incluso, que puedan participar en el equipo de Gobierno. Por eso he titulado este texto UNAS ELECCIONES CON PERSPECTIVA EUROPEA porque en Europa occidental (otra cosa es la antigua Europa de control soviético) un partido democrático, de derecha o de izquierda, no se atrevería a pacrar con la extrema derecha. Vox es tan enemigo del Estado democrático como los independentistas catalanes y es incongruente que Casado o Rivera denuncien supuestos pactos del Presidente Sánchez con los secesionistas y luego ellos se presten a pactar con Vox.

La elección del Gobierno en algunas Comunidades Autónomas y en algunos Ayuntamientos está más abierta de lo que parece. No se puede pedir a Casado que renuncie a todas las posibilidades que, además, le ayudan a salvar los muebles. Pero sí se puede pedir a Ciudadanos que retorne al centro en donde nació, que es donde puede vencer al Partido Popular, y que se plantee dialogar con el P.S.O.E. sin exclusiones ni prejuicios.