No hay que perder la memoria. Deberíamos recordar ahora las declaraciones de aquel Francisco Camps, presidente de la Generalitat Valenciana, cuando, exultante, decía que “no hay nada de nada”, refiriéndose a la corrupción y a la financiación ilegal del PP valenciano.

Habría que recordar las veces que Camps entraba en el pleno de las Cortes Valencianas, a mitad de un debate, el cual era interrumpido porque los diputados del PP, en su totalidad, se ponían de pie y aplaudían, como si hubiera entrado un César, burlándose de cualquier procedimiento democrático.

Habría que recordar a los políticos de los partidos de la oposición (especialmente el PSOE, acusación popular en el caso Gürtel) y a los numerosos periodistas que denunciaron en artículos y libros la corrupción del PP.

Habría que recordar el suspiro de Francisco Camps cuando el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana archivó el famoso caso “de los trajes”.

Habría que recordar a Rajoy apoyando incondicionalmente a Camps, diciendo que estaba “detrás de él, delante y a su lado”, poniendo la mano en el fuego, mientras hoy sigue mirando hacia otro lado y guardando silencio.

Habría que recordar a Álvaro Pérez, “el bigotes”, hablando de “amiguito del alma” y “te quiero un huevo”, cuando hoy ya no ha tenido problemas en reconocer abiertamente, en su confesión ante el juez, que fue Camps, él directamente, quien daba las órdenes. Y, como dice Álvaro Pérez, lo sabe muy bien porque para eso era “su gran amiguito”.

Y, “para no haber nada de nada”, llevamos ya 10 años de juicio, intentando desenmascarar una trama de corrupción, cuentas B, financiación ilegal, sobres, sobornos y Dios sabrá cuántas cosas más (aunque personalmente espero que sea la justicia quien lo descubra y no Dios).

Porque “los trajes” eran una tontería al lado de todo lo que ha ido saliendo. Allí pensó Camps que todo había terminado y que podía pasearse tranquilamente por Valencia, exhibiendo con orgullo “sus trajes”, y reivindicando la época del despilfarro, los excesos, el nepotismo, y la corrupción del PP, que él había llevado a la cumbre.

Todo tenía un tinte de surrealismo, daba la impresión de que era una “pataleta” de la oposición, una persecución política como decía el propio Rajoy, quien compareció en una rueda de prensa, con toda su dirección nacional, a lloriquear denunciando la mala fe de políticos y jueces contra su partido.

Como bien ha señalado el periodista valenciano Sergi Castillo, uno de los periodistas más comprometidos y que ha denunciado toda la trama valenciana en diferentes libros, todo eran “insinuaciones o especulaciones de los enemigos del pueblo valenciano”, que era lo que siempre decían los miembros del PP valenciano, en una afirmación simplista y maniquea.

Pero, el 25 de septiembre de 2009, los periódicos El País y El Mundo revelaban parte de lo que hoy ya es una realidad: que “hombres de confianza de Camps dirigieron y apañaron la financiación ilegal del PP”, o que “Costa negociaba con El Bigotes los pagos en dinero negro por actos de partido”.

Aquel día temblaron las Cortes Valencianas. Parecía que “la fiesta había terminado” y que era el inicio del final. Las miradas estaban puestas en Camps y Costa, y este último no parecía dispuesto a “comerse el marrón” él solo.

Parecía que el PP valenciano iba a caerse en pedazos. Y, ¿por qué no fue así? Porque aquello tampoco era el final, sino el inicio, la punta del iceberg de lo que vendría después, y que parece haber anestesiado a los valencianos, porque resultaba inimaginable tanta corrupción en tan pocos metros cuadrados. Luego, vino Fabra, Brugal, Emarsa, el yonki del dinero, la alcaldesa de Alicante, el caso cooperación y Rafael Blasco, la fórmula 1, el “pitufeo”, el exteniente de alcalde del Ayuntamiento de Valencia, ….así hasta sumar más de 100 cargos públicos del PP valenciano imputados por delitos como prevaricación, cohecho, tráfico de influencias, malversación, falsedad documental, estafa, fraude fiscal, blanqueo de capitales, apropiación indebida, delito electoral e incluso abuso sexual.

¿Aún siguen manteniendo Rajoy y el PP que estamos ante casos aislados de corrupción?

No estaría de más revisar el libro El secuestro de la democracia: corrupción y dominación política en la España actual (2011), de J. Antonio Piqueras, Francesc. A. Martínez, Antonio Laguna y Antonio Alaminos. Los autores denunciaban que el PP valenciano había organizado un auténtico secuestro de la democracia al crear una “estructura corrupta-clientelar” que tendía a “constituirse en sistema”.

Aquí seguimos los valencianos esperando todavía que alguien del PP valenciano (y nacional) pida abiertamente perdón, y dejen ya la estrategia de esperar a que todo escampe a ver si nos olvidamos de lo ocurrido, robado y estafado.