La ministra de trabajo sale eufórica para decir que “¡ya se pueden subir los salarios! Y lo dice como si así se hiciera “borrón y cuenta nueva” con todo lo que ha ocurrido durante esta década pasada.

Desde que comenzó la crisis en 2008 y va ya para diez años, el empleo ha sido el principal perjudicado de este reajuste económico que ha tenido mucho de indecente e inmoral, tanto en el origen de la crisis como en las salidas impuestas.

Sobre las espaldas de l@s españoles ha recaído la culpa y la penitencia de esta crisis. Los años de crisis han servido para que la desigualdad económica crezca de forma desorbitada en España, convirtiéndose en uno de los países europeos con mayor índice de desigualdad. Pero no solamente hablamos de números, sino de personas, porque lo que se ha modificado también es el panorama familiar.

Durante esta década, l@s españoles han visto cómo decrecían sus salarios, cómo se despedía a mayores de 50/55 años sin encontrar una nueva oferta laboral, cómo se marchaba fuera la generación mejor preparada de la historia española (y no precisamente de vacaciones o a recorrer mundo, sino forzados a buscar un puesto de trabajo), mientras que los jóvenes que se quedaban seguían viviendo en casa de sus padres, muchos con la pensión de los abuelos, desahuciados, aumentando la pobreza infantil, y sin oportunidades de proyectar su futuro de vida.

¿Quién no conoce o tiene en su casa un hij@ que ha marchado al extranjero no se sabe hasta cuándo? ¿O quién no tiene a su cargo a otro hij@ que no llega a final de mes, pese a ir dando tumbos con contratos eventuales, precarios, mal pagados? ¿O quién no es un profesional de 50 años dando tumbos por menos de la mitad de lo que ganaba hace una década?

Hace una década, se hizo famosa la frase de “mileurista” para señalar un estado de miseria salarial. Y hoy, los jóvenes se sentirían afortunados de llegar a esa cantidad, porque lo normal es estar por debajo de esos sueldos. Sueldos de miseria, con contratos que rompen toda condición de derechos, con una situación de explotación que ha humillado a una generación de españoles.

Eso es lo más lamentable de esta crisis económica: la imposibilidad de hacer un proyecto de vida, ya no a largo plazo (comprar una vivienda, independizarse, aumentar sus expectativas de vida), sino a corto plazo (¿podré irme una semana de vacaciones? ¿Me renovarán el contrato dentro de seis meses?). Claramente lo indica José Félix Tezanos y Verónica Díaz en su estudio “La cuestión juvenil: ¿una generación sin futuro?”

El vuelco que se ha dado en el mercado laboral es impresionante: ya no se trabaja para vivir, sino que se vive para trabajar, en las condiciones que sea, cómo sea, con el salario que sea, con la humillación que eso suponga.

Se ha machacado a los españoles, se han modificado los derechos laborales, se ha precarizado el empleo, ha aumentado la pobreza, ha crecido la desigualdad, hemos pagado los platos rotos, los desmanes, las malas gestiones, la corrupción, y la poca vergüenza, sin que nadie haya devuelto el dinero malgastado o estafado, hemos pagado rescates millonarios a la banca. Y mientras, hemos visto que los ricos son más, mucho más, ricos. Y políticamente se sigue la misma senda, gota a gota, calvario a calvario, perdiendo empleos, precarizando vidas, asfixiando sueños.

Todo ello con la colaboración política del Gobierno de Mariano Rajoy, antes de la crisis cuando fue un elemento esencial de la corrupción de este país, y después, cuando ha sido el instructor de las políticas económicas y laborales.

Y ahora, con la misma voz y tono que se encomendó a la Virgen para que se crearan puestos de trabajo, la ministra dice que “ya pueden aumentar los salarios”, como un acto de gracia, de benevolencia, de misericordia, …

Como una buena novela de Dickens, se quieren repartir las migajas de las ganancias obtenidas estos años, no sea que se debilite tanto la mano de obra explotada que ni siquiera se pueda seguir explotando.